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Sábado, 15 de octubre de 2005 - 17:01 GMT
Gaza desconocida

Karim Hauser
Enviado especial de BBC Mundo a Gaza

Cuando uno piensa en Gaza, se le asocia inmediatamente con historias de violencia, radicalismo, ocupación e injusticia. Sin embargo, como he podido darme cuenta existe otra Gaza.

Jóvenes interpretando el baile tradicional de la dabke
Los muchachos interpretando el baile tradicional de la dabke.

Hay fútbol, música, videojuegos, baile y escuelas bilingües también.

"El mar es mi amigo", me había dicho Ola, la estudiante de ingeniería en comunicación.

"Sin mar nos hubiéramos matado mutuamente hace tiempo", confirma Ibrahim.

Me interesa ir a la playa para ver cómo los jóvenes de Gaza aprovechan las áreas que la retirada israelí ha dejado libres. Sin embargo, el mes de ayuno de Ramadán no es popular para las actividades de playa.

Partido vespertino

El Shegaeya juega contra el Hilal y son las 3.15 de las tarde. El primero juega con uniforme verde, tiene una afición apasionada y va ganando 2-1 cuando llego al estadio.

Los partidos se juegan de día ya que el único estadio que tiene la ciudad de Gaza no tiene el suficiente abastecimiento eléctrico para estar iluminado en las noches.

Los jugadores corren de un lado a otro tras el balón mientras se escuchan los coros de la afición.

Nadie puede beber hasta que no se ponga el sol. "Yo le voy al Shegaeya", me dice un jovencillo entusiasta.

Decenas de hombres musulmanes rezan en el descanso de medio tiempo de un partido de fútbol.
Decenas de hombres musulmanes rezan en el descanso de medio tiempo de un partido de fútbol.

"Me gusta que ahora vamos a poder tener una copa porque van a venir otros equipos de otras partes".

Se refiere al efecto de no tener retenes israelíes impidiendo el movimiento de los residentes, en particular los jóvenes.

La pausa del medio tiempo es aprovechada por espectadores y jugadores para hacer las plegarias de la tarde.

Mientras dos hileras de hombres posan sus cabezas sobre el césped de la cancha, algunos siguen calentando antes del segundo tiempo.

Espero un rato para ver si se produce un gol. "A veces es mejor que no haya goles", me dice Tamer el Mishal, que trabaja como productor para la BBC en Gaza.

"Con los goles vienen los disparos y problemas", dice.

Al salir del estadio escucho una enorme ovación. Es el gol del empate.

Mesa completa

Uno de mis colegas en Londres se sorprendería en saber que también hay más de un semáforo en las calles.

Lo que no está tan sorprendente es que, al igual que en El Cairo, pocos los respetan. Sobretodo cuando, cerca del crepúsculo, es decir la hora de romper el ayuno, los pocos autos que quedan en el camino se transforman en bólidos.

Cuatro jóvenes fumando "shisha" o pipa de agua con tabaco perfumado.
La música y el entretenimiento es más visible en Gaza luego de la retirada israelí.

Como en muchas partes del mundo árabe musulmán, este mes es el más propicio para ver a la familia e invitar a amigos a desayunar, es decir a ingerir como Dios manda tras la puesta del sol.

Y no me han faltado invitaciones.

Comenzamos con los tres dátiles recomendados por el profeta. Después viene la sopa de habas.

La mesa está dispuesta: el hummus hecho a base de garbanzo, o el baba ghanoush que viene de la berenjena, el tabule con trigo tomate y menta. Esto sin contar los platos fuertes: pollo con arroz almendrado y piñones, carne a la parrilla, habichuelas en salsa roja y la famosa molokheya, una sopa viscosa hecha a base de la hierba que lleva el mismo nombre.

Claro que esto es acompañado de agua de tamarindo o cualquier refresco, y para finalizar, un café con unas empanadas rellenas de nuez o dátil, que chorrean miel y son llamadas katayef.

Como verán, una dieta baja en calorías para complementar el ayuno del día.

Actividades de digestión

Un grupo de personas aplauden a una banda de músicos
Otra Gaza donde la música y el folclor deja de lado la violencia y los enfrentamientos.

"El Ramadán pasado fue muy diferente", me dice Suzanne, tras el animado concierto de Yusef y sus músicos en el centro cultural Canáan.

"El cantante es de Rafah, o sea que antes tenía que salir muy temprano en la mañana para estar aquí en la noche". Hoy en día el viaje se hace en media hora.

Me acerco a Mohammed el Haj, un joven de 25 años que suda después de su desempeño improvisado bailando la tradicional "dabke".

Mohammed trabaja en el centro cultural como instructor de arte para niños.

"Estamos felices de poder reunirnos y cantar las canciones nacionalistas y bailar la dabke, que es parte de nuestra identidad y que heredamos de nuestros abuelos", dice Mohammed.

"Normalmente hacemos conferencias los miércoles, sobre salud, la mujer, el niño, la educación. Los niños palestinos han sido privados de su niñez y quisiéramos ver más centros a su servicio", añade.

"Pero en Ramadán, sólo venimos a entretenernos. Claro, antes de la retirada israelí no podíamos quedarnos hasta tarde. Pero este sólo es el principio del festejo, porque la ocupación no ha terminado en Cisjordania y en Jerusalén", concluye Mohammed.

Broche de oro

Para finalizar, me he dado cita con Ibrahim, Hani y Khalil en el restaurante del hotel al Deira. Todos en sus veintitantos y trabajan para medios de comunicación internacionales.

Cada uno pide su shisha, también conocida localmente como arguile, la pipa de agua con tabaco perfumado.

Al fondo, Wessam el cantante y su banda amenizan la noche con clásicos de Om Kalthoum, Sabah y Michel Khalife. Este lugar es de los pocos donde vemos a mujeres jóvenes sin la pañoleta que les cubre el cabello.

"Nos encantaría tener otras cosas, como cines y teatros", responde Ibrahim a mi pregunta sobre el entretenimiento en Gaza.

Una banda de músicos tocando y cantando en Gaza
La banda de Yusef ameniza una noche de música y tradición en Gaza.

¿Y discotecas? "Bueno, ¿por qué no? En lugar de tener que ir al extranjero a verlas. Pero hay que tomar en cuenta que somos una sociedad islámica", responde Hani, "y tenemos que respetar nuestras costumbres".

En el horizonte nocturno, las luces de una patrulla israelí intercepta un barco de pescadores.

Mientras tanto aquí en tierra firme el humo con olor a manzana distrae a los jóvenes, que se unen alegremente al coro de "¿A dónde? A Ramala."



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