Este viernes 11 de marzo, trenes entraron y salieron, gente subió y bajó escaleras a paso apresurado, alguna máquina de boletos se atascó, como a veces ocurre. Y sin embargo, no fue un día como cualquier otro.
...Y dieron las 7:37 de la mañana, hora en que ocurrió la primera explosión del atentado que azotó la capital española.
|
Los empleados de la estación habían solicitado que la jornada, en la que se cumple un año de los atentados que dejaron 192 personas muertas y cerca de 1.500 heridas, se desarrollara en la forma más normal posible.
Sin embargo, era difícil ignorar lo que allí había sucedido. Los tributos espontáneos, en forma de velas y flores, aparecieron de todas maneras, y algunos encontraron imposible contener las lágrimas.
Pero también fueron inevitables las cámaras de televisión y el homenaje oficial.
Celebridad no deseada
La estación de Atocha, ubicada en el sur de Madrid, fue la primera estación de ferrocarril de la capital española. La inauguró la reina Isabel II en 1851.
Marzo de 2004 le abrió otra página en la historia. Pero una de dolor y luto.
Allí, tres mochilas cargadas con explosivo Goma 2 estallaron en un tren que entraba a la estación, a las 7:37 de la mañana. Otras cuatro siguieron, en otro tren que iba de salida.
En el mostrador de información no saben decirme a dónde ni a qué hora llegará el alcalde, quien tiene previsto ofrecer un homenaje en silencio a la hora en que estallaron las bombas.
Una de las empleadas le pide a la otra que me despache rápido. Esta me explica en voz baja que su compañera estuvo ese día en el área de salidas y llegadas, cuando se produjeron los atentados.
"No es día para hablar, sabes", dice.
Mensajes solidarios
La memoria de los atentados del 11-M permanece en todos los rincones de Atocha.
|
Mientras, en la planta intermedia, personas que van de paso se detienen frente a un sector de la estación donde están insaladas dos pantallas gigantes que muestran imágenes de lo ocurrido hace un año, junto con mensajes por la paz.
Rafa, un joven de Madrid y usuario frecuente de Atocha, es una de las casi 60.000 personas que hasta este momento han dejado uno de esos mensajes.
"Me he tenido que levantar hoy a las 6 de la mañana a poner una vela y a escribir un mensaje solidario, para las familias y para todo el pueblo que se siente afectado", me explica.
"He entrado a la estación y me ha dado un vuelco el corazón. He sentido un malestar, como tener un agobio. Muy mal. No se escucha una voz en la estación", dice.
Marcó el reloj
Minutos antes de las 7.37 de la mañana, una oleada de cámaras se trasladó a los andenes, de por sí copados por los usuarios habituales y por quienes, como Isabel, solo se acercaron para conmemorar lo sucedido.
"Tanta gente que se va a trabajar, y de repente, como estamos aquí ahora, algo hace plas y se acaba todo", dice.
"No se puede olvidar", agrega Jorge, quien dice no sentir temor a que una situación como la de marzo de 2004 se repita: "miedo no, porque no hay que tener nunca, pero tristeza sí", señala.
 |
Tanta gente que se va a trabajar, y de repente, como estamos aquí ahora, algo hace plas y se acaba todo
|
"Yo le debo mucho a la suerte, porque yo en el tren anterior pasé, y cuando subía las escaleras se sucedieron las explosiones de Atocha", es el testimonio de José, que llega todos los días a Madrid por Atocha.
"Me siento con la carne de un gallino. Me dan escalofríos el pensarlo", dice, mientras María Eugenia, unos pasos más allá, no alcanza a articular palabra. "Siento...", lo intenta, pero se le quiebra la voz.
Políticos y víctimas
Es allí donde recala el alcalde de la ciudad, Alberto Ruiz Gallardón. Se presenta con una pequeña comitiva y, como había anunciado, se limita a guardar silencio por cinco minutos y después se retira.
Aquí en Madrid unos dicen que este aniversario ha unido al "pueblo y los políticos". Otros, que estos le han quitado protagonismo a aquellos, en busca de una "oportunidad de foto".
Algunos agradecen que los representantes políticos hayan pasado por debajo de la mesa.
El reloj marca las 8.00. La prensa comienza a irse. En un Atocha apesadumbrado y silencioso, el tren llega, gente embarca y desembarca, y la vida sigue.