Las protestas quieren el fin de la presencia militar siria en el Líbano.
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Vecinos en el extremo norte del llamado Mundo Árabe, Siria y Líbano tienen una larga tradición cultural y étnica común.
Unidos bajo el imperio otomano, hasta 1920 fueron un sólo país, y a las autoridades coloniales francesas correspondió la decisión de dividirlo.
La presencia militar de Siria en su vecino de mucha más pequeña extensión territorial se inició hace tres décadas, durante los años de la guerra civil libanesa.
Los quince años que duró el conflicto, a partir de 1975, destruyeron la capital, Beirut, al igual que la antes floreciente economía de un país cuya cultura política tolerante e incluyente atrajo intelectuales y escritores de todo Medio Oriente.
El editor de temas árabes de la BBC, Magdi Abdelhadi, dijo que a pesar de esta cultura, la complejidad del componente religioso libanés significó un elemento decisivo en la agudización de las tensiones que llevaron a la guerra.
Campo de batalla
"El poder político y financiero estaba en manos de la comunidad cristiana libanesa, y la mayoría de la población musulmana era marginada", explicó.
Los quince años que duró el conflicto, a partir de 1975, destruyeron la capital, Beirut.
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Abdelhadi añadió: "Además, estaba la variable del conflicto árabe-israelí, con cientos de miles de palestinos refugiados. Esto llevó al enfrentamiento entre milicias cristianas y palestinas".
Así, Líbano se convirtió en el campo de batalla de varias confrontaciones: el conflicto árabe-israelí, el diferendo entre cristianos y musulmanes y la divergencia entre ricos y pobres.
El país se tornó en foco de atención de varios poderes que trataban de influenciar el curso de los acontecimientos. Los ojos estaban puestos en el Líbano, desde Irak hasta Libia, desde Israel hasta Egipto. Y sobre todo desde Siria.
Contrapeso
Siria inicialmente intervino en el Líbano en 1976 con el argumento de que quería proteger la minoría cristiana ante lo que parecía la "inminente victoria de los radicales palestinos y los pan arabistas".
Siria inicialmente intervino en Líbano en 1976.
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Siria veía este triunfo como una "amenaza a su estabilidad" y decidió quedarse para en un largo plazo "ejercer presión en el conflicto con Israel", según algunos analistas.
En opinión de observadores, se trataba de que la presencia militar siria en el Líbano constituyera un "contrapeso" a la presencia militar israelí en el sur libanés.
Con la retirada de las tropas israelíes en 2000, la presión se incrementó para lograr también la retirada de Siria siguiendo los términos del acuerdo de Taif.
Presión
Este acuerdo, alcanzado en 1989, comprometió a Siria a llevar sus tropas en el Líbano al valle de la Bekaa, al este del país.
Las relaciones bilaterales parecen estar al borde de otro cambio.
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Estipulaba igualmente acordar un calendario para la total retirada de los 14.000 efectivos sirios en el país vecino, algo que todavía no se ha implementado.
La presión internacional y libanesa sobre Siria se ha incrementado notablemente desde el asesinato del ex primer ministro libanés, Rafik al Hariri, el pasado 14 de febrero en Beirut, del que la oposición libanesa a culpado a Damasco.
Pero los aliados de Siria alegan que las divisiones pueden debilitar a los dos países frente a su enemigo común: Israel. Muchos nacionalistas árabes incluso piensan que Siria y Líbano debían volver a ser un solo país.
A pesar de las presiones actuales y de los desacuerdos del pasado, tanto la historia como la geografía y los fuertes lazos económicos garantizan la continuación de relaciones cercanas entre Líbano y Siria.
No obstante, si los analistas no se equivocan, éstas parecen estar al borde de un cambio significativo, independientemente de quién sea hallado culpable por el asesinato de Rafik al Hariri.