El secretario de Estado del Vaticano, Angelo Sodano, preside una reunión de cardenales.
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Mientras se esperan noticias de la evolución de la salud de Juan Pablo II -que, si nada extraordinario sucede, no llegarán hasta el lunes- dentro y fuera del Vaticano sigue la especulación de cómo terminará el pontificado de Karol Wojtyla.
La dimisión parece estar descartada, por lo que los colaboradores más cercanos al Papa, juristas canónicos y cardenales, debaten para intentar encontar una fórmula de gobierno en la que Juan Pablo II siga siendo el jefe del catolicismo.
De hecho desde antes de su afección laríngea, a causa de su edad (84 años) y del mal de Parkinson, el pontífice estaba trabajando únicamente tres horas al día.
Este ritmo de trabajo ha hecho que el ex arzobispo de Cracovia se apoye principalmente en sus colaboradores más cercanos para manejar los asuntos más importantes de la Iglesia Católica.
Incomodidad
Pero ese sistema de trabajo, genera incomodidad dentro de la propia sede del catolicismo. "En algunos casos, no sabemos cuál es la verdadera fuente de algunas decisiones", se queja un obispo citado por el diario La Repubblica.
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Desde antes de su afección laríngea, a causa de su edad (84 años) y del mal de Parkinson, el pontífice estaba trabajando únicamente tres horas al día.
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Expertos en derecho canónico y funcionarios de alto nivel del Vaticano trabajan desde hace tiempo en la posibilidad de crear una especie de "consejo de ministros" que comparta con el Papa la responsabilidad del gobierno.
La fórmula también impondría límites a los mandatos de los futuros papas, una medida que muchos consideran necesaria dado el aumento de la expectativa de vida.
Los que saben de estas consultas han propuesto que el nuevo mecanismo se ponga en práctica de inmediato cuando Juan Pablo II regrese al Vaticano.
Otras opciones
Expertos en derecho canónico citados por el diario La Stampa sostienen que "siendo el jefe de la iglesia, el Papa podría formular una norma ad hoc que prevea su reemplazo, pero ése es un caso que no se ha visto nunca".
Otros, como el Cardenal Mario Francesco Pompedda, de la Consultoría Apostólica, sugiere que se le puede dar más poder a los órganos colegiados de la Iglesia, como los consistorios (reuniones de cardenales) y la curia romana.
El Vaticano discute cómo un papa enfermo puede seguir gobernando a la Iglesia.
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"No vendría mal que algunos de los organismos que ya existen fueran utilizados con más frecuencia para aliviarle al pontífice la carga del gobierno de la Iglesia", le dijo Pompedda a los medios de comunicación italianos.
En cualquier caso, las dificultades de comunicación del pontífice no son interpretadas como un problema dentro del Vaticano.
Según Pompedda "la palabra es necesaria para la celebración de la eucaristía y los otros sacramentos, pero no es indispensable para el ejercicio del gobierno, que constituye otro de los elementos del ministerio del Santo Padre."
¿Quién maneja el Vaticano?
Mientras el Papa se recupera o durante las horas del día en las que no trabaja -incluso cuando no está enfermo-, el gobierno de la Iglesia Católica queda en manos de sus colaboradores más cercanos.
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Expertos en derecho canónico y funcionarios de alto nivel del Vaticano trabajan desde hace tiempo en la posibilidad de crear una especie de "consejo de ministros" que comparta con el Papa la responsabilidad del gobierno.
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Quizá el más cercano de todos es monseñor Stanislao Dziwisz, polaco, que ha estado al lado de Wojtyla durante más de 40 años y que se desempeña como su secretario privado.
Después está Angelo Sodano, Secretario de Estado del Vaticano, y su mano derecha, el cardenal Giovanni Battista Re.
El otro integrante de este "pentaunvirato" es el cardenal Joseph Ratzinger, quien al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe es el responsable de la ortodoxia católica.
Finalmente, el cardenal Camillo Ruini, vicario del Papa en la diócesis de Roma y, además, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana.
El Papa enfermo
Ésta, por supuesto, no es la primera vez que los problemas de salud de un Papa afectan su trabajo como guía espiritual de los católicos y como jefe de Estado.
León XIII (1878-1903) cumplió 92 años sentado en el trono de San Pedro y tenía que ser transportado en brazos de una habitación a otra.
Existe incertidumbre en torno al futuro del gobierno de Juan Pablo II.
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Eso le limitaba su capacidad de desplazamiento y de impartir algunos sacramentos, pero estuvo lúcido hasta el último día de su vida.
Sin embargo, Pío XII (1939-1958) hacia el final de su pontificado sufría constantes ataques de amnesia, lo cual no sólo era un problema real para el gobierno de la Iglesia, sino que también era una constante frustración para sus colaboradores.
Los últimos años de Pablo VI (1863-1978) tampoco fueron fáciles para la administración de los asuntos de la Iglesia Católica.
Su salud se deterioró tanto durante ese período que no se reunía personalmente con los cardenales. Y hasta el momento de su muerte, las órdenes eran impartidas por medio de su secretario personal, monseñor Tardini.
Este invierno romano enfrenta a los colaboradores del Papa, una vez más, con lo que parece ser un viejo desafío: cómo hacer que un pontífice anciano y enfermo pueda seguir haciendo su trabajo.