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Viernes, 30 de septiembre de 2005 - 22:04 GMT
Judith Miller: las claves del caso
Los periodistas Judith Miller y Matthew Cooper.
Miller y Cooper fueron sentenciados a 18 meses de prisión por proteger sus fuentes.
La periodista del New York Times, Judith Miller, fue enviada a prisión por rehusarse a cooperar con una investigación que busca revelar quién dio a conocer el nombre de una agente encubierta de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Tras anunciar que su fuente le había dado permiso de dar a conocer su nombre, Miller fue liberada luego de tres meses, y ha aceptado colaborar con la investigación.

Otro periodista, Matthew Cooper de la revista Time, evitó la cárcel al aceptar testificar ante el fiscal especial que lleva el caso.

El caso es considerado uno de los choques legales más serios entre la prensa y el gobierno de Estados Unidos.

BBC Mundo le ofrece las claves del caso:


¿Cómo comenzó?

El caso contra los periodistas Judith Miller y Matthew Cooper nació de una investigación que se estableció para determinar quién había filtrado el nombre de la agente de la CIA, Valerie Plame, una acción considerada ilegal en EE.UU.

Plame es la esposa del ex embajador Joseph Wilson, quien en julio de 2003 contradijo las versiones del gobierno de George W. Bush, de que Irak había intentado comprar uranio de Níger.

Wilson, quien había investigado esas aseveraciones, acusó al gobierno de "torcer" la evidencia para exagerar la amenaza iraquí, y así justificar la invasión.

Se cree que altos funcionarios del gobierno habrían entonces filtrado detalles sobre la profesión secreta de Valerie Plame a seis periodistas de Washington, en un intento de socavar a Wilson.

El columnista y comentarista de la CNN Robert Novak fue el primero en sacar a la luz que Plame era una agente de la CIA.

Citando a dos funcionarios, Novak escribió que Plame había inspirado el viaje de su marido a Níger.


¿Qué ocurrió después?

La historia causó un revuelo político cuando surgió que la CIA le había pedido al Departamento de Justicia que investigara la filtración.

Ahí comenzaron las especulaciones sobre quién dio a conocer el nombre.

Mucha de la especulación apuntaba a Karl Rove, el consejero político más cercano a Bush, pero la Casa Blanca negó que estuviera involucrado.

El presidente declaró que despediría a cualquier persona hallada culpable de haber revelado el nombre.

Entretanto el Departamento de Justicia amplió su investigación preliminar y comenzó una pesquisa criminal, a cargo del consejero especial Patrick Fitzgerald.


¿Cómo se vieron involucrados Miller y Cooper en el caso?

Después de la columna de Novak en julio de 2003, Matthew Cooper escribió en el sitio online de Time que "algunos funcionarios del gobierno" le habían dado información similar a la revelada por Novak.

Por su parte Judith Miller habló con una o más fuentes sobre el caso, pero nunca publicó una nota al respecto.

Ambos periodistas fueron citados a declarar ante el fiscal, bajo amenaza de prisión si no revelaban sus fuentes.

Los reporteros se rehusaron a cooperar con la investigación, afirmando que el derecho a una prensa libre, garantizada en la Constitución, los protegía de tener que revelar sus fuentes.

Una corte en Washington rechazó esa defensa y los periodistas fueron sentenciados a 18 meses de prisión.

La Corte Suprema de Estados Unidos se negó a intervenir en el caso.

Entretanto la revista Time accedió a cumplir con una citación judicial y entregó las anotaciones de Cooper, y los archivos sobre el caso.

Poco después, Cooper anunció que testificaría ante el fiscal, luego de que su fuente le autorizara a hablar.

Cooper dijo que la primera persona en sugerirle la identidad de Valerie Plame había sido Karl Rove, aunque aclaró que Rove no le había dado el nombre de Plame.

Karl Rove ha negado ser la persona que filtró el nombre de la agente.

Cooper también escribió en la revista Time que había hablado sobre el embajador Wilson y su esposa con Lewis Libby, el principal asesor del vice-presidente Dick Cheney.

Tras la declaración de Cooper, el presidente Bush pidió a la prensa que esperara hasta la conclusión de la investigación antes de "sacar conclusiones".

El mandatario reiteró que despediría a cualquier culpable, pero agregó que la persona debía ser hallada culpable de un "crimen", cuando antes no había hecho esa aclaración. Sus palabras fueron interpretadas por muchos como un cambio de posición.

Por su parte Judith Miller se mantuvo firme en su rechazo a declarar y fue enviada a prisión.

El New York Times mantuvo su apoyo a la periodista a lo largo del caso.

Miller había cumplido tres meses de su sentencia cuando fue liberada esta semana, tras revelar que su fuente la había autorizado personalmente a dar a conocer su nombre.

El New York Times informó que la fuente de la periodista había sido Lewis Libby, el asesor de Cheney.


¿Qué implicancias tiene el caso?

Las sentencias contra Miller y Cooper volvieron a poner sobre el tapete el debate sobre el equilibrio entre libertad de prensa y la obligación de los periodistas de colaborar con investigaciones.

El fiscal Fitzgerald dejó en claro su posición: "los periodistas no tienen el derecho de prometer confidencialidad -nadie en Estados Unidos tiene ese derecho", escribió en documentos judiciales.

El uso de fuentes anónimas también venía provocando controversia en la prensa estadounidense, tras una serie de escándalos que involucraban declaraciones falsas.

Esta compleja historia concluirá a más tardar en octubre, cuando llega a su fin la investigación del fiscal.

Habrá que analizar entonces cuál ha sido el verdadero legado del caso.


¿Y qué pasó con Robert Novak?

El veterano de Washington, quien dio el puntapié inicial a este escándalo, se ha negado a confirmar si declaró ante el fiscal, o si fue citado.

Se especula que Novak habría revelado el nombre de los funcionarios citados en su columna, ya sea voluntariamente o bajo citación.

Pero el columnista ha dicho que "revelará todo" una vez que concluya la investigación, y ha opinado que está mal que el gobierno encarcele a periodistas.

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