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Viernes, 23 de septiembre de 2005 - 17:24 GMT
Mitos y realidades del "poder del pueblo"
Berlineses celebran en lo alto del Muro en 1989.
El llamado "Poder del Pueblo" pareció tomar vuelo en 1989, con la caída del Muro de Berlín
Mark Almond, profesor de Historia Moderna de Oxford analiza mitos y realidades del "poder del pueblo.

Vivimos en una era de revoluciones. Parafraseando a Karl Marx, un fantasma recorre el mundo: el poder del pueblo.

La imagen de vastas muchedumbres protestando de manera pacífica contra regímenes corruptos y antidemocráticos se ha convertido en un icono de la era moderna.

Empezando en Filipinas donde el término "Poder del Pueblo" (People Power) fue acuñado para la lengua inglesa en 1986, siguiendo con el año de 1989, donde mares de personas avasallaron a los comunistas de la vieja guardia en Berlín y Praga, el mito de la revolución popular no armada tomó vuelo.

Una década después de la caída del comunismo estilo soviético, otra oleada de revoluciones pacíficas barrió muchos de los regímenes post-comunistas.

Desde Serbia en el 2000, hasta Ucrania en las navidades pasadas, el mismo escenario se repitió: elecciones cuestionadas que eran seguidas por multitudes en las calles y la caída del "chico malo".

El "poder de la gente" parece estarse convirtiendo en un hábito, pero ¿es así de simple?

Momento simbólico

Los expertos en psicología de masas conocen lo embriagador que puede ser formar parte de una muchedumbre. Tanto observadores como participantes son atrapados por el ánimo festivo. Sin embargo, dejarse embriagar no es la mejor manera de entender.

La atmósfera carnavalesca de los revoluciones pacíficas de los últimos años -como los continuos conciertos de rock en Kiev en el invierno pasado- oscurecen las intrigas políticas que se desarrollan lejos de la fiesta.

La atmósfera carnavalesca de los revoluciones pacíficas oscurecen las intrigas políticas que se desarrollan lejos de la fiesta
Ya fuera en Praga en 1989 o en Serbia en el 2000, los acuerdos logrados en cuartos llenos de humo de cigarrillo tuvieron tanto que ver con el éxito pacífico de las revoluciones como las multitudes en las calles.

En casi todas las épocas y en la mayoría de las sociedades, la gente ha tenido buenos motivos para estar descontenta. Las revoluciones de masas han sido algo corriente desde que los parisinos asaltaron La Bastilla en 1789.

En realidad, cuando la multitud irrumpió en la prisión, linchó al alcaide y a sus guardias, sólo encontró a siete prisioneros para liberar, ninguno de ellos político.

Aunque la liberación de La Bastilla fue anti climática para sus protagonistas, se convirtió en un momento simbólico de la historia. Por 200 años, la imagen de las masas asaltando edificios gubernamentales y derrocando al viejo régimen ha obsesionado la mente del público.

En cinta

Grupos de la oposición en Serbia
El puño cerrado y en alto se convirtió en un símbolo de la lucha contra Milosevic.
Películas como Octubre, de Sergei Eisenstein, fueron consideradas documentales dramatizados, aunque la verdad es que más extras murieron en la frenética reconstrucción de la toma al Palacio de Invierno que en los hechos reales.

Sin embargo, las imágenes de las oleadas revolucionaras creadas por el director son las que han quedado impresas en la imaginación de la gente.

Ahora, las imágenes de las revoluciones pacíficas realizadas desde 1989 han usurpado el lugar de las muchedumbres de Francia o Rusia. Pero, ¿acaso los levantamientos creados por el llamado "poder del pueblo" cumplen con su promesa de acabar con los políticos corruptos?

El problema es que el pueblo no puede gobernar. Sólo algunas personas pueden hacerlo. Las revoluciones pacíficas pueden expulsar a algunas personas del poder y elevar a otras. Sin embargo no pueden garantizar un gobierno constitucional u honesto.

Basta con mirar el número de protestas y de acusaciones de corrupción que se han realizado en Filipinas en 1986. O pensar en cómo el primer ministro serbio Zoran Djindjic fue asesinado a tiros por la policía paramilitar que, tres años antes, había ayudado a derrocar a Slobodan Milosevic al unirse a los manifestantes.

O vean cómo están enfrentándose ahora en Ucrania los héroes de la Revolución Naranja de noviembre y diciembre pasados.

Resaca

El problema es que un régimen corrupto también dice algo acerca de la sociedad en la que surge.

Ferdinand e Isabella Marcos pueden haber saqueado a Filipinas, pero su gobierno también reflejó problemas sociales con raíces profundas. Como lo dijo alguna vez Mobutu Sese Seko -mandatario de Zaire-: "se necesitan dos para ser corrupto".

La indignación popular se concentra en las cabezas de estado corruptas, pero la verdad es que los sobornos a gran escala no pueden ocurrir sin la participación, por ejemplo, de hombres de negocios corruptos, tanto nacionales como extranjeros.

En la base de la pirámide social, la gente común y corriente se enfurece con los policías corruptos, pero, ¿cuántos no sobornarían a un guardia de tráfico para no pagar una multa mayor?

Un régimen corrupto también dice algo acerca de la sociedad en la que surge
Los filipinos lograron expulsar al matrimonio Marcos de su país sin derramamiento de sangre. Pero no pudieron expulsar de igual manera el Marcos que llevaban por dentro.

Los ucranianos también han encontrado que los nuevos gobernantes no son más honestos que los anteriores.

Una vez que el hombre corrupto que estaba a la cabeza del poder cae, es ingenuo pensar que el resto de la pirámide burocrática va a enmendarse de un día para otro.

La gente se da cuenta de que es difícil escapar de los sucios y grises hábitos que prosperaron durante el régimen que fue derrocado.

El carnaval de las revoluciones pacíficas, como cualquier gran fiesta, dejo a los participantes con resaca.

Ahora parece existir la idea de que las revoluciones pacíficas, el Poder del Pueblo, es la solución para acabar con gobierno incompetentes. Sin embargo, así se corre el riesgo de de promover un ciclo sin fin de levantamientos.

Para solucionar los males sociales se predica una especie de parodia de la teoría de la "revolución permanente" de Trotsky.

Impredecibles

Revolución Naranja en Ucrania.
El gabinete de Ucrania fue disuelto menos de un año después de la revolución.
Sin embargo, las sociedades realmente exitosas son las aburridas, en las que nada sucede, donde el gris trabajo del gobierno constitucional -con sus controles y balance del poder- hace más por la gente que un breve momento de gloria en las calles.

A veces las revoluciones son necesarias, pero sus resultados son impredecibles y desordenados. El peligro hoy en día es que, cuando la gente ordinaria se da cuenta de las intrigas y acuerdos tras bambalinas que acompañan a las revoluciones pacíficas, pasan de la esperanza al desespero.

Cuando la gente que participó en las marchas protestas se entera de que, detrás de las revueltas pacíficas también estuvo el viejo cinismo político, generalmente cae en la apatía.

El llamado poder del pueblo se convierte muchas veces en un cuento de hadas al revés. El triunfo de la inocencia está al principio y las feas hermanas de la intriga y la ambición llegan triunfantes al escenario poco antes de que el telón caiga.




 

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