Sharon ha defendido su inocencia frente a las investigaciones de corrupción que pesan sobre él.
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El primer ministro de Israel, Ariel Sharon, no será enjuiciado por el escándalo de corrupción que salpicaba su mandato, tras la decisión del fiscal general de cerrar el expediente en su contra.
Sharon había sido acusado de crear compañías ficticias para desviar las donaciones provenientes del exterior hacia los fondos de su campaña electoral en 1999 donde fue elegido como líder del partido Likud.
No obstante, su hijo Omri -quien es miembro del Parlamento- enfrentará cargos por una supuesta malversación de fondos en favor de su padre durante aquellas elecciones primerias.
El fiscal general, Menachem Mazuz, solicitará a los legisladores que levanten la inmunidad que goza Omri Sharon para poder procesarlo.
Mazuz tampoco implicó en el caso al consejero del primer ministro, Dov Weisglass, quien ha sido sometido a tres años de investigaciones en relación con el escándalo.
Dos de tres
Según el fiscal, no hubo suficientes pruebas que evidenciaran la participación de Sharon.
El primer ministro siempre negó los cargos, insistiendo que su hijo fue el responsable de organizar y administrar las finanzas de su candidatura.
Omri podría enfrentarse a siete años de prisión de ser hallado culpable de fraude, abuso de confianza y perjurio
El corresponsal de la BBC en Jerusalén, Matthew Price, comenta que la decisión muestra como el primer ministro ha sido capaz de transformar su posición política.
Hace un año, Sharon estaba envuelto en un escándalo de corrupción por tres casos diferentes que amenazaron su liderazgo político.
Por el momento ha sido absuelto en dos y, según los analistas, se espera que el tercero también sea archivado.