Hace casi diez años, nadie creía que fuera posible. El asesinato de un Primer Ministro israelí a manos de uno de sus compatriotas parecía un tabú que nadie atrevería a romper, ni siquiera sus más férreos opositores.
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No me preocupa el tema de mi seguridad personal, jamás me he rendido a amenazas y no pienso empezar ahora
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Pero el 4 de noviembre de 1995 quedó demostrado que no era cierto, que alguien sí había osado empuñar un arma para matar al jefe de gobierno a fin de frenar su acción política en el proceso de paz con los palestinos.
Un extremista de ultraderecha, antes desconocido, Ygal Amir, asesinó a balazos al primer ministro laborista Itzjak Rabin. Lo antes inconcebible, había pasado.
Hoy, nadie se atreve a decir que la historia no se puede repetir. No sólo porque ya hubo un magnicidio, sino porque las señales de que el terreno "está que arde", son numerosas.
El telón de fondo es el plan de retirada de la Franja de Gaza que impulsa Ariel Sharon y que hoy, con una nueva votación en el Parlamento (Kneset), deja de ser un programa de acción general, una expresión de intenciones, y se convierte en algo muy concreto para cuya implementación ya empieza claramente la cuenta regresiva.
Hitler y Stalin
Los colonos de Gaza a ser evacuados y sus colegas en Cisjordania toman la calle, llevan a cabo manifestaciones multitudinarias y advierten que no permitirán poner en práctica el plan de retirada.
Sus líderes aclaran que la resistencia debe ser llevada a cabo en el marco de la ley y sin violencia, pero en la práctica, van perdiendo el control de la situación.
La oposición al plan ya viste un cariz especial: amenazas de muerte a Sharon y varios de sus ministros, que se multiplican diariamente y constituyen la gran pesadilla de las fuerzas de seguridad.
Este colono judío sostiene un cartel que dice en hebreo "Dictadura".
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Y el propio Sharon -al que sus adversarios, o enemigos, presentan en afiches colgados por las calles como "el dictador" con aspecto de Stalin, o al que comparan con Hitler por "expulsar" a los judíos de Gaza, es el primer blanco.
Sharon declaró que "no me preocupa el tema de mi seguridad personal, jamás me he rendido a amenazas y no pienso empezar ahora".
Pero se vio obligado a contratar guardias particulares que cuiden la tumba de su fallecida esposa Lily, al recibir amenazas en las que se daba a entender que sacarían su cuerpo de la tumba. Y en lo que a él mismo se refiere, le advirtieron: "Lily te espera".
Más amenzas
El ministro laborista Biniamin Ben Eliezer -que hace una década estaba en el gabinete de Rabin y fue atacado dentro de su auto por una multitud que manifestaba contra la entrega de territorios a los palestinos- advirtió en aquel entonces al primer ministro, quien no lo escuchó alegando que estaba "seguro en el seno del pueblo de Israel".
Hoy, casi diez años después, recibió una amenaza escrita. "Van a tratar de matar al primer ministro Sharon. Se los advierto.Van a tratar de matarlo" advirtió preocupado.
Uno de sus colegas, el ministro Meir Shitrit, considerado la voz más liberal dentro del partido Likud, recibió varias amenazas a él a y su familia.
"Verás morir a tu esposa y a tus hijos, desgraciado", decía una.
También el ministro de Defensa, Shaul Mofaz, fue amenazado varias veces y se sumó a la lista un alto oficial del ejército, por primera vez.
En un rincón de Hertzlia
La gran pregunta que enfrentan los servicios de seguridad israelíes es cómo se frena a los potenciales extremistas para que no utilicen la resistencia de los colonos como justificación de la violencia.
Quien planea un nuevo asesinato no necesariamente es quien sale a las calles a escribir en la pared cerca de la residencia de Sharon "Hitler estaría orgulloso de ti".
Quien esté preparando el arma, si realmente existe, puede hacerlo en silencio. Como Ygal Amir, hace casi diez años, que planeó el magnicidio no en un asentamiento, ni al frente de un grupo organizado radical, sino en su casa particular en la ciudad de Hertzlia, aledaña a Tel Aviv.
Un crimen que hoy, nadie garantizar que no vuelva a ocurrir.