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Jueves, 22 de septiembre de 2005 - 15:43 GMT
Hablan las víctimas de la guerra
Hace 25 años estalló la guerra entre Irán e Irak, que duro ocho años, provocó la muerte de al menos medio millón de personas, devastó ambos países y desestabilizó la región.

Presentamos cuatro testimonios iraníes e iraquíes, que ilustran los horrores de esa confrontación.

HANAA HASSAN ALI, viuda iraquí

Me dijeron que mi esposo había tenido el honor de convertirse en mártir en la batalla de Sharq al-Dajeel
"Una triste mañana me despertó el sonido de golpes en nuestra puerta de metal. Eran unos golpes inusuales, todavía los conservo en la memoria. Me levanté con miedo de lo que podría ocurrir.

Cuando abrí me encontré con dos hombres en uniformes militares. Luego de saludarme me preguntaron si esa era la casa de Sami Mohammad Jassem. Dije que sí. Me preguntaron si era su esposa y de nuevo respondí afirmativamente.

Entonces me dijeron que mi esposo había tenido el honor de convertirse en mártir en la batalla de Sharq al-Dajeel. Luego me pidieron que fuera discretamente, acompañada de un familiar, para recoger el cuerpo, que estaba en una sede cercana del partido Baath.

Fue la mayor conmoción de mi vida. Perdí el control y me desmayé. Sólo había estado casada por dos años y tenía dos hijos.

La pena, el dolor y la furia que sentí fueron abrumadoras. ¿Por qué debía morir alguien como Sami? ¿Por qué mis hijos y yo debíamos quedarnos sin nadie que nos apoyara?

Nuestro gobierno compensaba a los huérfanos y viudas de los mártires de la guerra con un pedazo de tierra o dinero para construir una casa. Desafortunadamente, una casa no fue suficiente.

Fue la mayor conmoción de mi vida. Perdí el control y me desmayé. Sólo había estado casada por dos años y tenía dos hijos
Hanaa Hassan Ali
No pude encontrar trabajo, a pesar de que tenía un grado universitario de la facultad de agricultura. No quería estar separada de mis hijos ni un minuto, porque ellos lo significaban todo para mí después de haber perdido a su padre.

Empecé a buscar algo que pudiera hacer, dadas mis circunstancias, y recordé que sabía cómo manejar una máquina de coser. "¿Por qué no?", pensé. Podría trabajar haciendo vestidos desde mi casa hasta que encontrara un trabajo en el sector público, y así educar a mis hijos.

Han pasado 22 años y aquí sigo, batallando con mi terca máquina de coser. Encontré más apoyo en ella que en nuestro gobierno o en nuestra sociedad, por los cuales murió mi esposo.

Yo era una pequeña esposa universitaria llena de esperanzas y sueños. Me convertí en la viuda Um Mohammad, la modista, una persona llena de amargura y de temor por el futuro, con sólo una preocupación: hacer felices a mis hijos y ayudarles con su educación. Fui madre y padre a la vez, porque mis hijos necesitaban la ternura de la madre y la firmeza del padre.

Gracias a mi máquina de escribir logré abrir un taller de modistería. Finalmente, mi hijo mayor, Mohammad, contrajo matrimonio. Así me trata la vida. Sin embargo, tengo la esperanza de que el nuevo gobierno iraquí tendrá en cuenta a las familias de los mártires, de los prisioneros y los desaparecidos, y les ayudará".

SEPEHRI, viuda iraní

Mujeres iraníes en duelo por muerte de familiares en la guerra.
Mi esposo fue martirizado exactamente al principio de la guerra. Murió antes de que naciera nuestro segundo hijo
Speheri, viuda iraní
Tengo 42 años. Mi esposo fue martirizado exactamente al principio de la guerra. Murió antes de que naciera nuestro segundo hijo.

Tuve que criar a mis hijos sola y en esos momentos estaba en la universidad. Claro que mi padre me ayudó bastante.

Lo más doloroso es que en Irán las mujeres sin esposo no son bien vistas. A pesar de eso yo progresé y logré independizarme. Pero fue muy difícil. Me casé a los 17 años y cuando mi marido murió yo ganaba muy poco.

Por eso me ayudó mi padre. Yo podía ir a muy pocos lugares sin estar acompañada de mi papá o mi hermano. Tenía que ir a muchas oficinas distintas para conseguir los beneficios del estado, pero era muy difícil hacerlo sola, siendo una mujer joven y madre de dos hijos.

Por mucho tiempo mis hijos creyeron que mi padre, es decir su abuelo, era su progenitor. Y yo no quería decirles que su papá había muerto.

Ahora mi hija dice que desearía tener un padre para que asista a su boda. Y no se qué decirle.

OROOBA HAMZA, iraquí, perdió a su cuñado

Tarek Mazloum Othman.
No sabemos con exactitud la suerte de Tarek. Lo único que sabemos es que no regresó de esa batalla
"Quiero contar la historia del hermano de mi esposo, Tarek Mazloum Othman, un joven de 17 años que desapareció en una de las batallas de 1985.

Mi marido tenía una relación muy especial con su hermano menor. Su madre murió cuando Tarek era muy joven y mi esposo estuvo al cuidado de su crianza. Fue como un padre para él. Tarek era un joven con un gran corazón y no tenía inclinaciones políticas. Estaba más interesado en fútbol y música.

En 1985, luego de perder sus exámenes, Tarek fue reclutado. En aquella época, los estudiantes que perdían sus exámenes intermedios tenían que prestar servicio militar.

Después de menos de un mes de entrenamiento, Tarek fue enviado al frente de batalla en lo que luego demostró ser uno de los años más duros de la guerra. Ese fue el año en que la batalla de Taj al Maarek cobró la vida de miles de jóvenes de ambos lados.

No sabemos con exactitud la suerte de Tarek. Lo único que sabemos es que no regresó de esa batalla. Empezamos a preguntar por él en su unidad y nos dijeron que no tenían información sobre ese soldado.

Luego le preguntamos a sus amigos, quienes dijeron que probablemente había sido capturado durante la batalla.

El fantasma de Tarek agonizando nunca nos ha dejado. Ha ensombrecido nuestros días por los últimos 20 años.
Orooba Hamza
Queríamos creerlo, pese a la posibilidad tangible de que hubiera muerto. No recibimos un cuerpo, ni siquiera un documento que dijera que había sido martirizado o tomado prisionero.

Dos años después, la organización local del partido Baath nos escribió diciendo que Tarek pudo haber sido muerto o tomado prisionero en territorio enemigo, por lo que lo consideraban desaparecido en acción.

El fantasma de Tarek agonizando nunca nos ha dejado. Ha ensombrecido nuestros días por los últimos 20 años. Mi esposo pasó por todo el proceso de duelo, la ira, el rencor. Yo sufría al verlo en medio de su dolor, esperando, rompiendo en llanto cada vez que el nombre de Tarek era mencionado.

Nosotros todavía tenemos la esperanza de que vuelva algún día, por eso nos hemos negado a recibir condolencias. Al final de la guerra, cuando regresaron miles de prisioneros iraquíes, nosotros siempre íbamos a la frontera a recibirlos, pero cada vez regresábamos decepcionados.

Una vez le preguntamos a los prisioneros si sabían de Tarek o si habían oído de él y alguien nos dijo que creía haberlo visto y nos dio una descripción muy parecida a la de mi cuñado. Nos dijo que Tarek había sido capturado y que seguía e Irán. Nos aseguró que tarde o temprano regresaría.

Eso es lo que nos decimos siempre. Que tarde o temprano regresará".

ALI REZA BAYAT, iraní, víctima de un ataque con gases químicos

Víctimas de ataques con gas en la guerra entre Irak e Irán.
Lo primero que vi fue a un soldado retorciéndose en el suelo como si hubiera sido mordido por una serpiente, pero era por el gas
Ali Reza Bayat, víctima de gases químicos
Yo serví en el batallón Hamza y fue herido en dos ocasiones en ataques con armas químicas.

La primera vez fuimos atacados con gas mostaza. Fue cerca de Sardasht, un pueblo en Kurdistán, en la frontera. Empezó con el rugido de los aviones caza iraquíes y mis amigos gritando "¡ataque químico, ataque químico!".

Lo primero que vi fue a un soldado retorciéndose en el suelo como si hubiera sido mordido por una serpiente, pero era por el gas.

Corrí hacia un vehículo, pero antes de alcanzarlo noté que no podía respirar y que mi brazo estaba dormido, como si fuera un pedazo de madera. No pude usar la mano para abrir la puerta del vehículo. El conductor se acercó y me puso una máscara antigas para que pudiera respirar.

Nos alejamos hacia un área donde habían improvisado un hospital, pero yo me sentía muy mal por dentro. Mi estómago me dolía muchísimo.

Debo decir que hoy me describiría como una persona nerviosa, todo debido a lo que me pasó. Creo que los ataques con gas proyectaron una sombra pesada sobre el resto de mi vida. Me cambiaron.



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