Jake Weber, de 24 años de edad, se mudó a Nueva Orleans en junio de 2004 para aprender a ser chef. Su madre, Barb Schroeder, de 57 años, vive a más de 1.500 kilómetros de distancia, en Grinnell, Iowa, y contó la siguiente historia a Richard Allen Greene, de BBC News.
"Manejaba un camión con medio tanque lleno de gasolina. Él sabía que (incluso) con un buen camión probablemente no podría escapar, y tenía uno que dejaba bastante que desear.
Barb creía que el brazo tatuado de su hijo Jake la ayudaría a identificarlo.
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Me dijo: 'mamá, sé que si me quedo en la carretera no tendré suerte cuando pase el huracán así que esperaré que todo acabe'.
El domingo a la noche me llamó y me dijo: 'mamá, no hay gasolina y (la evacuación) es obligatoria. No sé cómo haremos para salir'.
(Después del huracán) encontré en un sitio de internet una foto de su perro sentado solo, en el techo de una casa.
No sabía si mi hijo se había ahogado y el perro estaba ahí sentado porque los perros esperan a sus amos, o si lo habían rescatado y había tenido que dejar al perro.
Esa foto la habían sacado el martes. No escuché nada de él, nada, nada.
Tengo una foto en la que el perro está sentado rodeado de agua y no sé dónde está mi hijo.
Jake tiene tatuajes y pienso que veré los brazos de mi hijo en una morgue. Que sólo podré identificarlo por esos tatuajes en sus brazos.
Mis amigos me cuentan que se ven forzados a no mirar la televisión.
Yo no puedo darme ese lujo. Estoy buscando un rostro. Sólo quiero ver la cara de mi hijo.
No necesitaba hablarle. No necesitaba abrazarlo. Sólo quería ver su rostro para saber que estaba vivo.
Pero eso nunca sucedió.
Llamada inesperada
Me quedé en el norte. Sabía que sería horrible venir al sur. No quería interponerme en el camino de nadie. Varios amigos me decían: 've hacia allá, conduce hacia el lugar', pero no pude.
Finalmente me llamó y me dijo: 'mamá'. Al principio no pudo hablar. Yo sabía que era él porque usó su celular y vi que decía 'Jake'.
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No había sentido tanto temor por mi vida en mucho tiempo
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Cuando me llamó y vi su número yo ya me había dado por vencida, de verdad.
Me dijo: 'mamá, estamos bien. Hemos tenido agua y comida, estamos en el Barrio Francés. El perro y los gatos están con nosotros. Estamos bien. Estamos tratando de salir'.
'Pero nos estamos quedando sin comida y sin agua'.
Le respondí: 'Jake, voy en camino'.
Él me dijo: '¿harías eso por mí?'.
Y le dije: 'he estado esperando esta llamada'.
Me llamó el sábado a las 14:30 horas y salimos de Grinell, Iowa, a las 17:30.
Llegué hasta unos 30 kilómetros de donde estaba él pero nadie me dejaba acercarme más.
Nos dijeron que diéramos media vuelta y nos marcháramos.
Un policía me dijo: 'está bloqueando mi camino. Váyase'.
Había un cartel que decía 'vehículos de emergencia'. Y yo pensé, si esto no es un vehículo de emergencia, no sé qué es.
Me quedé en Iowa para no interponerme en el camino de nadie pero ahora estoy aquí porque mi hijo me llamó y no me dejan llegar hacia él.
Rodeados
No conocemos el camino. Tratamos de descubrir cómo entrar.
A las 16:00 horas (del domingo) nos dijeron que volviéramos. Estábamos exhaustos.
Estacionamos nuestro coche en un estacionamiento y nos comienzan a rodear. Nos rodean como aves de rapiña y nos miran.
No había sentido tanto temor por mi vida en mucho tiempo.
Entonces decidimos movernos.
La policía no nos hablaba -esto no es una crítica- estaban cansados y sobrepasados. Una mujer vino hacia nosotros y nos dijo: 'no podemos ayudarlos. Lo siento, pero no podemos'.
Tras un largo camino Barb logró encontrar a su hijo Jake sano y salvo.
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Salimos a buscar dónde dormir pero no pudimos encontrar nada. Entonces regresamos al mismo lugar y los autos nos vuelven a rodear. O encontrábamos un lugar para dormir o nos teníamos que ir de la ciudad.
Fuimos a buscar gasolina mientras caía la noche.
Para ese entonces hacía 24 horas que habíamos salido, manejando sin parar y luchando para entrar a la ciudad.
Escuchamos que a algunas personas les robaban el auto para escaparse de la ciudad.
Ya eran las 20:00 horas y estábamos muertos, sin dormir.
Lo único que queríamos era rescatar a un familiar. Teníamos todo lo que necesitábamos. Sólo había que llegar hacia él".
Barb, su hijo Andy y su hija Laura pasaron la noche del domingo con un conocido de Jake en Baton Rouge, a unos 110 kilómetros de Nueva Orleans. A la mañana siguiente volvieron a la ciudad. Poco después de que hablaran con la BBC se encontraron con Jake, que había hecho dedo para llegar hacia ellos. Él, su novia y sus mascotas estaban bien.