El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, solicitó al Congreso una partida de emergencia de US$51.800 millones adicionales para las labores de recuperación de la zona del Golfo de México, devastada por el huracán Katrina.
La mayor parte de la ayuda será para la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA).
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Los fondos se sumarán a US$10.500 millones que le fueron aprobados a Bush la semana pasada.
El portavoz de la Casa Blanca, Scott Mclellan, dijo que el dinero será utilizado para los esfuerzos de rescate de sobrevivientes, y ofrecer agua potable y servicios de salud a las víctimas del desastre.
Mclellan agregó que posiblemente habrá necesidad de más fondos, y algunos cálculos indican que el costo total de las operaciones de rescate ascenderá a US$150.000 millones.
"No estamos escatimando esfuerzos para ayudar a aquellos que han sido afectados por Katrina y que necesitan socorro. Aún se necesitará más", expresó.
La mayor parte del nuevo paquete de ayuda será entregado a la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA), con US$1.400 millones para las fuerzas militares y US$400 millones para ingenieros del ejército que reparan los diques de Nueva Orleans.
Funcionarios estadounidenses advirtieron el miércoles que más de 400.000 personas podrían perder sus empleos debido al huracán.
Sin embargo, aseguraron que la pérdida de puestos de trabajo sería temporaria, y que podrían ser compensada con los esfuerzos de reconstrucción.
Las inquisiciones
Mientras, los líderes del Senado y de la Cámara de Representantes estadounidenses anunciaron que se realizará una investigación bipartidista sobre la respuesta del gobierno federal a la catástrofe.
Los legisladores consideraron que la ayuda federal inicial fue inaceptable.
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Indicaron que la ayuda inicial ofrecida fue inaceptable y que el público de EE.UU. necesita recibir una explicación.
El Presidente Bush anunció este martes que él mismo adelantará una investigación sobre la ayuda de emergencia que brindó el gobierno en los días próximos al paso de Katrina.
Pero los principales dirigentes del Partido Demócrata intensificaron sus ataques por la forma en que Bush manejó la crisis.
El líder demócrata en el Senado, Harry Reid, preguntó cuánto tiempo pasó el mandatario lidiando con el huracán mientras estaba de vacaciones.
La líder demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dijo que el presidente es "inconsciente, en negación y peligroso".
Por su parte la senadora Hillary Clinton pidió al presidente Bush una investigación independiente.
"Yo no creo que el gobierno se pueda investigar a sí mismo, y tampoco creo que deba distraerse de su principal tarea que es la emergencia. Una comisión independiente, conformada por expertos en atención de desastres, puede comenzar a investigar ahora que los recuerdos están frescos, qué hizo quién, o qué dejó de hacer", señaló Clinton.