Es la segunda visita de Bush a la región en cuatro días.
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El presidente de EE.UU., George W. Bush, arribó a la ciudad de Baton Rouge para observar cómo se están realizando las labores de rescate y ayuda luego del devastador paso del huracán Katrina.
Poco después de su llegada fue declarado el estado de emergencia en los diez estados más afectados.
Hablando en un centro para personas desplazadas, Bush dijo que la reacción de los estadounidenses frente a la tragedia de los más afectados por el huracán había sido asombrosa.
Hasta el momento, los estadounidenses han realizado donaciones por más de US$400 millones, en especial a través de la Cruz Roja.
El mandatario le agradeció a las familias que habían acogido a quienes se quedaron sin casa y alabó la labor de las iglesias, sinagogas y mezquitas.
En Nueva Orleans, un alto oficial de la policía, el superintendente Eddi Compass, informó que aún había gente que rescatar y que tampoco se había reestablecido completamente la ley y el orden.
Los residentes -insistió- no tienen ninguna razón para quedarse: la ciudad está completamente destruida, sin casas, hoteles ni empleos.
Los niveles del agua han empezado a bajar, pero grandes áreas permanecen sumergidas y los cálculos sobre el tiempo que tomará drenar todo oscilan desde algunas semanas hasta varios meses.
En algunas partes de la ciudad ya hay servicio eléctrico pero las comunicaciones siguen siendo difíciles.
Polémica
La de este lunes es la segunda visita del presidente Bush a los estados de Louisiana y Mississippi -los más afectados por el desastre- en cuatro días.
También se encuentran en la región los ex presidentes Bill Clinton y George Bush padre, para anunciar la creación de un fondo de ayuda para los damnificados, el "Fondo Bush-Clinton para el Katrina".
En Houston, Texas, donde se hizo presente en compañía de Bush padre, Bill Clinton llamó a que el Congreso a examinar la manera en la que el gobierno federal se comportó ante la emergencia generada por el huracán.
Bush padre y Clinton empezaron a trabajar juntos luego del tsunami en Asia.
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El pedido de Clinton de una investigación parlamentaria refleja el cada vez más acalorado debate que existe en ese país por lo que se considera una respuesta inicial demasiado lenta por parte del gobierno central.
Justin Webb, uno de los corresponsales de la BBC en Washington, indicó que la Casa Blanca está tratando de persuadir a los estadounidenses de que el presidente no puede ser culpado por lo que falló.
No obstante, una senadora de Louisiana, Mari Landrieu, amenazó con darle un puñetazo al presidente Bush si vuelve a sugerir -como lo hizo el fin de semana- que los funcionarios locales habían cometido errores.