"Moralismo inaplicable en la vida real o sabio cambio de doctrina exterior". Esas son algunas de las calificaciones posteriores a las palabras del presidente George W. Bush en su segunda toma de posesión.
George W. Bush danza con su esposa Laura.
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Los 21 minutos que habló el presidente después de prestar juramento en el Capitolio fueron dedicados casi exclusivamente a delinear -ratificar según algunos- una política exterior basada en los principios de libertad y democracia.
Los detractores del presidente temen que al vincular la seguridad interna a lo que Bush llamó la "libertad en otras tierras", se establezca una doctrina exterior que justifique intervenciones como la de Irak.
"¿Cómo se aplicará? ¿Cuáles serán las excepciones? Aquellos gobiernos que sean útiles para Estados Unidos", se preguntaba en la televisión pública estadounidense (PBS) el analista político, Mark Shields.
Shields aseguró que las palabras del presidente eran "moralistas" y no se compadecían con la "política real". "El hecho es que hay gobiernos no muy democráticos con los que debemos tratar".
Puso como a China o Pakistán. El primero pieza crucial en el futuro del comercio mundial y el segundo importante aliado en la llamada "guerra contra el terrorismo" desde los tiempos de la invasión de Afganistán.
Esa misma línea siguió Thomas Carother, director del Proyecto Democracia del Instituto Carnegie para la Paz Internacional.
En declaraciones que publica The Washington Post, Carothers observa "un desnivel entre la retórica y la realidad en la política exterior estadounidense".
"La verdad es que la guerra contra el terrorismo ha acercado a EE.UU. a muchos regímenes no democráticos"
Firme pero respetuoso
En el lado contrario, el representante republicano por Maryland, Roscoe Barlett, alabó la "honestidad y franqueza" del presidente Bush al defender "firmemente la causa de la libertad frente a la opresión".
"Y lo hizo con gran respeto por los diferentes tradiciones y culturas de otras naciones. Va a motivar a los pueblos del mundo para buscar gobiernos democráticos".
No todos los opositores rechazaron el discurso presidencial. El líder de los demócratas en el Senado, Darry Reid, aseguró que "ha sido el mejor discurso que haya dado Bush alguna vez".
Mientras que un representante demócrata, Steney Hoyer, envió una nota de prensa destacando de las palabras del presidente la "reafirmación de nuestro compromiso con la libertad y la democracia".
"La historia y nuestro carácter nos exigen que ayudemos en la causa de la dignidad humana en todos los rincones del planeta"
Otro demócrata, el representante Joe Biden, miembro del Comité de Relaciones Exteriores, considera que Bush "rechazó las visiones más conservadores de su gabinete y está dispuesto a trabajar con Naciones Unidas para solucionar el problema iraquí".
Sin embargo el ex aspirante a la candidatura presidencial demócrata, Howard Dean, quien ahora aspira a dirigir el partido, calificó el discurso de "sencillamente sorprendente".
"En 15 minutos el presidente intentó ocultar 15 meses de fracaso en Irak".
¿Y en la calle?
Según encuestas que publican los medios de comunicación la mañana del viernes en Estados Unidos, más de la mitad de la población no cree que el gobierno pueda erradicar las tiranías del mundo, aunque la misma proporción cree justo promover la democracia.
No todos festejaron el segundo mandato del presidente Bush.
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La mayoría coinciden en que el discurso, si bien un corto ejercicio retórico, deja establecido un cambio de 180 grados en la visión del mundo del presidente.
En sus palabras inaugurales en enero de 2001, Bush aseguró que Estados Unidos no podía jugar el papel de "constructor de naciones", refiriéndose a las aspiraciones aquellos que esperan de Washington apoyo y hasta intervenciones para solucionar crisis políticas o humanitarias en el mundo entero.
Pero eso fue en enero. En septiembre de 2001 se produjeron los atentados en Nueva York y Washington. Vino el lanzamiento de la "guerra contra el terrorismo", las invasiones de Afganistán e Irak y la guerra todavía sigue.