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Nick Ravenscroft
BBC, Sri Lanka
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Los artefactos pueden matar.
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Tanto el ejército de Sri Lanka como los rebeldes "Tigres" tamiles han utilizado minas anti personales durante los 20 años que ha durado su conflicto armado.
Las consecuencias sobre los civiles siempre fueron importantes pero ahora esos peligros han crecido ya que el maremoto arrastró los artefactos, arrojándolos en zonas pobladas.
Kalladi se ve como cualquier localidad del este de la isla en esta época, rodeada de columnas de humo, fruto de la quema de lo que dejó el tsunami por parte de sus pobladores.
Pero entre los que limpian el destrozo hay quienes, vestidos en forma diferente, buscan minas.
Artefactos letales
"Básicamente una mina P-4 tiene unos 190 gramos de peso", explicó Dan Rawlins, gerente regional de Grupo de Acción contra las Minas. "Es redonda, verde y de plástico. Puede sostenerse en la palma de una mano, tiene unos 70 milímetros de diámetro".
Pero si se las pisa pueden matar o al menos arrancar una de las piernas.
La demanda por miembros artificiales creció después del maremoto.
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En Kalladi fueron "plantadas" por el ejército, para resguardar una base de los ataques de los Tigres tamiles.
Los Tigres promueven la independencia del sector oriental y nororiental de la isla, y para ello han combatido al gobierno en los últimos 20 años, con resultado general de 65.000 muertes.
Pese a que se mantiene un cese el fuego desde hace tres años, todavía hay mucho equipamiento militar esparcido por la zona de guerra.
Niños en todas partes
Los depósitos del ejército en Kalladi fueron arrasados por el agua, todavía se pueden encontrar cajas de munición esparcidas por el pueblo.
Los letreros de advertencia cumplen su función en Sri Lanka.
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Pero lo que más preocupa son las minas armadas y prontas a explotar ante cualquier presión sobre ellas. Incluso un niño pequeño tiene el peso suficiente para detonarlas y en Kalladi hay niños por todas partes.
En el pueblo uno puede apreciar diversos letreros que advierten sobre el peligro y explican los diferentes tipos de artefactos que existen.
Tipan, un niño pequeño, es testigo de que estos carteles y otras medidas salvan vidas.
Vio una protuberancia en el suelo y al acercarse se dio cuenta de inmediato de que se trataba de un explosivo.
Pero las minas pueden estar en cualquier parte tras el maremoto, los militares revisan casa por casa, y los pobladores no están tranquilos.
Escuadrón de desarme
"Normalmente hago la limpieza todos los días, pero ahora no me animo a barrer en el patio o en otras partes, y no dejo que mis hijos jueguen allí", relató Selvam.
Pese a todo algunas noticias son buenas.
El cese al fuego no ha aliviado el problema.
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Las bases de los Tigres tamiles se encuentran tierra adentro, para evitar el bombardeo naval por parte del gobierno.
El maremoto tampoco las alcanzó y al menos se evitó el esparcimiento de explosivos en vastas zonas rurales.
El ejército por su parte montó un escuadrón de desminado con el objetivo de ubicar las minas perdidas.
"Hasta el momento no podemos saber cuántas minas faltan, pero casi el 75% del poblado ha sido limpiado", dijo el capitán Sileh Jayasinghe, a cargo de la operación en Kalladi.
Seguridad comprometida
Muchos de los que trabajan en el desarme arriesgan demasiado, ya que su equipo de seguridad fue perdido en el torrente marino.
Las minas son un problema social.
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Seray, por ejemplo, trabaja con unas sandalias como única protección. Sin preocuparse demasiado dijo que es más peligroso dejar las minas que arriesgar la vida al sacarlas:
"Sabemos que es un riesgo pero hay que pensar en el bienestar de la gente".
El grupo de Acción contra las Minas dijo que unas 1.200 personas murieron debido a ellas durante la guerra.
Se puede afirmar que esa cifra es apenas una fracción del total de muertos del tsunami, pero ahora puede crecer a pasos agigantados.