Es su primera visita a un país fuera de Italia.
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Benedicto XVI se reunirá este sábado con representantes de la comunidad islámica en el tercer día de su visita a Alemania para participar en la Vigésima Jornada Mundial de la Juventud.
En el país natal de Joseph Ratzinger viven aproximadamente tres millones de musulmanes, en su mayoría inmigrantes turcos o sus descendientes.
El Papa continúa así el camino de Juan Pablo II, quien hizo historia en las relaciones de la Iglesia Católica con otras religiones, al ser el primer pontífice en entrar en una mezquita y el primero de los tiempos modernos en ir a una sinagoga.
Siguiendo el camino de su antecesor, Benedicto XVI visitó este viernes la sinagoga de Colonia donde recibió una calurosa bienvenida con solemnes cantos hebreos, el toque del shofar, el cuerno que se usa en las celebraciones religiosas judías y el tradicional saludo de "baruch haba".
El encuentro con los líderes de la comunidad hebrea en Alemania tiene un enorme simbolismo por tener lugar a sesenta años del fin del Holocausto, precisamente en el país desde donde se organizó y dirigió el exterminio de los judíos en gran parte de Europa, y por ser el mismo Papa alemán.
Uno de los líderes judíos que dieron la bienvenida al pontífice, Abraham Lehrer, hizo alusión al papel de Ratzinger en la declaración Nostra Aetate, (Nuestro Tiempo, en latín) del Concilio Vaticano II, que fijo la posición de la Iglesia Católica en el diálogo con otras religiones.
El documento, publicado en octubre de 1965, señala que el pueblo judío no es culpable de la muerte de Jesús, una acusación que en ocasiones fue motivo o excusa para matanzas en Europa.
Condena a antisemitismo
El Papa continúa estrechando los lazos con el judaísmo.
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No todo fueron elogios durante el encuentro con el Papa.
Lehrer señaló que la Iglesia Católica debe esclarecer el papel que jugaron sus máximos representantes durante la Segunda Guerra Mundial, en evidente referencia al papa Pío XII.
El dirigente hebreo afirmó que es necesario que la jerarquía de la Iglesia reconozca la contribución de los judíos al cristianismo y a la civilización. El pontífice escuchó atentamente.
En su discurso, Benedicto XVI hizo un recuento de la historia de los judíos en su país natal, recordando que la comunidad hebrea en Colonia data de los tiempos en que la ciudad era parte del Imperio Romano.
Ante un auditorio en el que se encontraban algunos sobrevivientes del régimen nazi, Ratzinger condenó de forma inequívoca las nuevas manifestaciones de antisemitismo.
El Papa dijo que la Iglesia Católica no acepta ataques a las personas por motivos de raza o religión.
Con el encuentro Benedicto XVI da una clara señal de que su intención es continuar las buenas relaciones que Juan Pablo II estableció con los representantes del judaísmo.
La histórica visita del Papa se realiza después de que en julio pasado el gobierno israelí expresara su desagrado porque, al condenar los ataques contra civiles en diferentes partes del mundo, el pontífice no mencionó a Israel.
Algunos líderes judíos restaron importancia a las críticas.
¿Unidad cristiana?
Benedicto XVI condenó los ataques por raza o religión.
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El Papa se reunió también con líderes de las iglesias protestantes alemanas. Algunos observadores ponen en duda que el encuentro tenga mayor trascendencia.
La unidad de los cristianos por la que abogaba Juan Pablo II sigue siendo un objetivo casi digno de un milagro. Las diferencias de doctrina son demasiado profundas.
Unos días antes de su visita a Alemania, algunos medios de prensa señalaban lo irónico de que la Iglesia Católica ofreciera indulgencias (es decir la anulación del sufrimiento temporal por los pecados cometidos) a quienes participen con fervor en la Jornada Mundial de la Juventud.
La concesión de indulgencias, dicen, ocurre en la tierra de Martín Lutero, el iniciador de la Reforma en el siglo XVI.
Uno de los motivos de su desacuerdo con la Iglesia era la venta de este tipo de remisión de penas.
Revitalización en Europa
Miles de jóvenes lo esperan en la Jornada Mundial de la Juventud.
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El primer viaje apostólico de Benedicto XVI parece estar cumpliendo algunos de sus objetivos más inmediatos.
A juzgar por el entusiasmo de los cientos de miles de jóvenes que le dan vivas con su nombre en italiano de Benedetto, se afianza la imagen de un pontífice respetado por una gran parte de los fieles, quizás más por lo que representa como jefe de la Iglesia, que por su propio carisma personal.
A las muestras de aprecio de las multitudes, el Papa responde con una sonrisa o con un tímido gesto de reconocimiento.
Se le nota más a gusto en los discursos en los que pasa con facilidad de un idioma a otro. Benedicto XVI habla alemán, inglés, francés, italiano, español, portugués, latín y lee griego antiguo y hebreo clásico.
El tercer día de su visita terminará con una vigilia con los jóvenes en Marienfeld, cerca de Colonia, el lugar en que presidirá una misa a la que se espera asistan más de 800.000 personas.
Su mensaje, en el que se prevé hará énfasis en la revitalización de la Iglesia en Europa, es considerado como uno de los más importantes de su pontificado hasta el momento.