En comparación con otras calamidades en las que he trabajado antes, dos factores crueles diferenciaron el modo en que se respondió ante esta catástrofe.
Meulaboh, a pocos kilómetros del epicentro del terremoto, es uno de los lugares más devastados.
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En primer lugar, la escala de esta tragedia ha desafiado nuestra capacidad como nunca antes había ocurrido.
En segundo lugar, el impacto en nuestro propio equipo de la Cruz Roja en Indonesia es simple y llanamente descorazonador. Nuestras frustraciones se pueden palpar.
La generosidad de muchos ciudadanos de todo el mundo está haciendo posible que podamos movilizar una operación urgente de ayuda sin precedentes.
En la isla de Sumatra las barreras logísticas están haciendo nuestra tarea muy difícil.
Las vías que se utilizarían normalmente para distribuir miles de toneladas de comida, medicinas y refugios temporales están destruidas.
Donde había carreteras pavimentadas y puentes hay ahora escombros y barro.
La infraestructura de la isla de Sumatra fue devastada por las olas del Tsunami.
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Donde había puertos desde donde descargar barcos ahora sólo queda arena.
En los últimos días el apoyo militar de muchos países -sobre todo el despliegue de helicópteros desde barcos- nos está ayudando a colocar unidades de purificación de agua y de provisiones médicas.
También hemos decidido enviar convoys desde la ciudad de Medan, al este de la isla de Sumatra, hasta la localidad de Meulaboh, en la costa oeste, a través de la cordillera montañosa que divida a la isla en dos.
Se trata de un viaje lento y arduo, el camino es empinado. La carretera es estrecha y difícil, pero al menos es una ruta de distribución que podemos tomar.
Entrega total
Mientras, los voluntarios locales de la Cruz Roja, continúan encontrando y retirando cuerpos entre las ruinas de las casas destrozadas.
Muchos de los voluntarios locales que recogen cuerpos han perdido a sus propios seres queridos.
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Esa tarea se hace cada vez más dura, a medida que continúa el proceso de descomposición natural de los restos.
Lo que me rompe el corazón es ver que muchos de nuestros voluntarios han perdido a miembros de sus familias, y aún así continúan realizando las tareas para las que fueron entrenados: enterrando cuerpos y distribuyendo ayuda desde los centros locales de almacenamiento.
En los últimos años he trabajado codo con codo con voluntarios de la Cruz Roja y la Media Luna Roja en África, Asia y Medio Oriente, pero nunca antes había experimentado este nivel de compromiso.
Nos adentramos en un desafío impresionante, a medida que nuestra atención se va desviando del entierro de los muertos hacia el cuidado de los sobrevivientes.