La cómoda victoria de Mahmoud Abbas en las elecciones presidenciales de la Autoridad Nacional Palestina es considerada como una importante oportunidad de reiniciar el proceso de paz en el Medio Oriente.
El triunfo de Abbas trajo esperanzas de cambio.
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Sin embargo, sean cual fueren las posibilidades que se han presentado, Israel y los palestinos aún tienen diferencias fundamentales en cuanto al ritmo y el foco de cualquier plan de pacificación, y tanto el apoyo como la presión externa serán factores esenciales para que no se escape este momento propicio.
Por ahora todo se ve de maravillas. La elección de Abbas significa que Israel ya no puede argumentar la falta de un líder palestino creíble con el cual negociar.
¿Pero negociar qué?
¿El objetivo debe ser avanzar rápidamente hacia un acuerdo de paz definitivo, como prefieren los palestinos? ¿O debe haber un lento proceso que incluya algunos convenios interinos de larga duración, como desea el primer ministro israelí, Ariel Sharon?
En el corto plazo ambas partes pueden llegar a un entendimiento en cuanto a la necesidad de un progreso rápido y visible en el tema de la seguridad.
Para los israelíes, esto significa el fin de los ataques con bomba y con misiles contra el sur del país desde la Franja de Gaza.
Mientras que para los palestinos implica aliviar permanentemente las restricciones militares de Israel para que la población pueda vivir cotidianamente con tranquilidad.
Ardua tarea
No será fácil llegar a un acuerdo de seguridad. Se necesitará bastante trabajo de Abbas para que los elementos radicales palestinos acepten un cese el fuego y, al mismo tiempo, una moderación poco característica del lado de los militares israelíes.
Israel planea retirarse de Gaza.
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Pero además se requerirá un fuerte apoyo -presión, en realidad- desde el exterior.
La renovada iniciativa de la administración de George W. Bush de invertir en el proceso de paz en el Medio Oriente sin duda será puesta a prueba.
Está previsto que dentro de algunas semanas se realice en Londres una conferencia internacional de alto nivel para coordinar la ayuda económica y de otra naturaleza para el nuevo liderazgo palestino.
Pero las mejoras de corto plazo en materia de seguridad difícilmente dejen satisfechos a los palestinos.
El plan de Israel de retirarse de Gaza se realizará de una forma más coordinada, sí. ¿Pero después qué?
Los palestinos quieren certezas en cuanto a los problemas que los afectan directamente: un Estado, el destino de los refugiados...
Al menos estos temas serán abordados de una vez y no relegados a un futuro indeterminado.