Las elecciones libanesas que dieron una estrecha mayoría en el nuevo parlamento del país a una alianza anti-siria encabezada por Saad Hariri, hijo del asesinado primer ministro Rafik Hariri, han hecho que el foco de la atención se centre en la naturaleza fuertemente sectaria de su sistema político.
La elección en Líbano estuvo marcada por el recuerdo de Rafik Hariri.
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Las elecciones fueron los primeros comicios que se realizaban sin la presencia de tropas sirias en 30 años.
A pesar de este extraordinario hecho, los pilares fundamentales de un sistema político impuesto por Siria podrían sobrevivir en el "nuevo" Líbano.
A juzgar por las facciones y bloques que han surgido de estas elecciones, poco parece haber cambiado.
Líbano es un rompecabezas compuesto por 18 comunidades religiosas diferentes, lo que se refleja en una estructura política en la cual el sectarismo es una de sus características principales.
Durante los comicios, era común ver que en las listas electorales colocadas en las paredes de los centros de votación, al lado de los nombres de cada votante, su grupo de pertenencia. Lo mismo era para los candidatos.
A pesar de que generalmente se reconoce que la población musulmana es mayor que la cristiana (de esto no hay plena certeza porque no ha habido un censo desde la década de 1930), el Parlamento está dividido exactamente por la mitad entre cristianos y musulmanes.
El asunto se complica porque dentro de estas dos grandes categorías, hay subdivisiones. Por ejemplo, del lado musulmán hay sunitas, chiitas y drusos. Cada uno tiene un cierto número de escaños asignados previamente.
Los altos cargos en el gobierno también son asignados por grupos.
El presidente siempre es un cristiano maronita, el primer ministro es sunita, y el vocero del parlamento es un chiita.
Ardua tarea
Candidatos y partidos representaron las diferentes afiliaciones religiosas.
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Una de las primeras tareas de la nueva asamblea será enmendar la ley electoral, que fue duramente criticada durante los recientes comicios. Críticas que por cierto tenían más que ver con los cambios que fueron hechos bajo presión siria en 2000, que con el sistema en sí mismo.
Estos cambios provocaron la modificación de las fronteras de cada distrito electoral de manera tal que en zonas mayoritariamente musulmanas, resultaban electos diputados cristianos.
La ausencia del control sirio fue uno de los aspectos más novedosos en estas elecciones. Falta ver si su influencia en el país ha quedado eliminada por el resultado comicial.
La alianza anti-siria ha prometido que desmantelará lo que ha descrito como el "estado de seguridad" que dejaron los sirios, mediante el cual controlaban el país.
Pero la tarea no será fácil. Personajes claves considerados símbolos de la era siria, como el vocero chiita del parlamento, Nabih Berri y el presidente cristiano maronita Emile Lahoud, podrían sobrevivir a los cambios.
A ambos se les percibe como importantes representantes de comunidades enteras. Cualquier acción contra ellos, podría ser vista como un golpe bajo al prestigio de estos grupos, y esto podría ser contraproducente para la paz y la estabilidad política del país.