La ONU calcula que una de cada 35 personas del mundo vive en un país que no es el propio.
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El secretario general de Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, urgió a los países de todo el mundo a dar pasos para aumentar la seguridad y los derechos de los emigrantes.
Annan hizo esta petición en un discurso que pronunció este sábado con motivo del Día Internacional del Emigrante.
La conmemoración fue creada por la ONU para pagar tributo a la contribución que durante siglos han hecho los emigrantes a las economías y la cultura de las naciones que los acogen.
Según el secretario general de la ONU, se estima que en la actualidad una de cada 35 personas del mundo es un emigrante que vive y trabaja en un país que no es el propio.
Si en 1960, el número de inmigrantes alcanzaba los 75 millones -equivalente al 2,5% de la población mundial- en 2000, fecha de la última encuesta oficial al respecto, la cifra había aumentado a 175 millones -un 2,9% de la población del mundo.
Remesas
Annan reiteró la urgencia de que los países hagan esfuerzos por prevenir la migración clandestina y el contrato ilegal de emigrantes, con la consecuente explotación de trabajadores que se encuentran en una posición vulnerable desde el punto de vista laboral.
La ONU ha insistido durante todo 2004 en que "la inmigración ilegal es un problema real y los Estados deben aunar sus fuerzas para ponerle coto, en particular adoptando medidas enérgicas contra los traficantes cuyas redes delictivas organizadas explotan a las personas más vulnerables y socavan las bases del Estado de derecho".
El propio Annan había dicho a comienzos de año que "la lucha contra la inmigración ilegal debería formar parte de una estrategia de mucho mayor alcance".
"Los países deberían aportar unos cauces efectivos para la inmigración legal procurando sacar provecho de sus beneficios y salvaguardando al mismo tiempo los derechos humanos básicos de los inmigrantes", afirmó en esa oportunidad.
El secretario general de la ONU también destacó que "los países pobres pueden beneficiarse de las migraciones".
"En 2002, los emigrantes enviaron a los países en desarrollo remesas por valor de 88.000 millones de dólares -un 54% más que los 57.000 millones de dólares que recibieron esos países en concepto de asistencia para el desarrollo", indicó.