El Senado de Estados Unidos entra en la polémica sobre la conveniencia de mantener la base naval de Guantánamo, en Cuba, como centro de detención de sospechosos de terrorismo.
Soldados controlan a un detenido a su llegada a Guantánamo en 2002.
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Mandos militares y expertos legales comparecen este miércoles ante el comité de Asuntos Judiciales del senado, que quiere determinar la veracidad de las recientes denuncias sobre abusos contra los 540 detenidos en Guantánamo.
Las acusaciones han reavivado los llamados para que el gobierno estadounidense clausure el centro de detención, que empezó a operar tras la invasión de Afganistán en 2001, en la primera fase de la llamada "guerra contra el terror".
No se espera que el comité se pronuncie sobre la conveniencia o no de cerrar Guantánamo, sin embargo en los últimos días varios senadores se han involucrados en el debate.
El senador Mel Martínez, republicano por el estado de Florida, pidió evaluar el beneficio que reporta la prisión, a la que calificó como "icono de malas historias".
Martínez rompió así el consenso entre los republicanos, quienes apoyan a la Casa Blanca, niegan que se cometan excesos contra los detenidos y se preguntan dónde se pondrían a los "enemigos combatientes" si se cierra esa instalación.
"No funciona"
Negando cualquier posibilidad de terminar las operaciones en Guantánamo, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, aseguró el martes que ésa es la instalación militar "más transparente y más vigilada" de la historia de la guerra.
"El gobierno de EE.UU no quiere mantener sospechosos de terrorismo más tiempo del necesario. Pero mientras tengamos que evitar que los terroristas ataquen de nuevo, necesitamos un centro para detenerlos", dijo.
Aunque el Pentágono asegura que ha obtenido de algunos detenidos información valiosa sobre el funcionamiento de la organización extremista Al Qaeda, algunos creen que Guantánamo simplemente "no funciona como se esperaba".
Daniel Erikson, analista de Diálogo Interamericano, un centro de estudios hemisféricos basado en Washington, le dijo a BBC Mundo que la clase de los detenidos no puede proporcionar "buena inteligencia".
"No es que tengamos a Osama Bin Laden y a todos sus compañeros en Guantánamo. Esas son personas -algunas quizás culpables de algún crimen, otras quizás no- de un nivel muy bajo dentro de la red de terrorismo que existía en Afganistán y en el Medio Oriente".
Según Erikson, eso, más que la presión política que se ejerce dentro o fuera de EE.UU., podría ser lo que forzaría al eventual cierre de Guantánamo.
Extraterritorial
El problema para la Casa Blanca en caso de ese eventual cierre es qué hacer con los detenidos.
Guantánamo fue la solución que encontró el gobierno de George Bush para evitar que los sospechosos de actividades terroristas capturados a raíz de la guerra en Afganistán y en Irak pudieran beneficiarse de las leyes estadounidenses.
"Es una base ubicada en Cuba, es una tierra rentada. Las leyes que se usan allá son leyes militares de EE.UU. No son parte de nuestro sistema de justicia (civil)", dijo Erikson.
Además, Washington ha negado reconocerlos como prisioneros de guerra, lo que les permitiría el amparo de las convenciones internacionales que rigen el tratamiento de enemigos capturados en conflictos armados.
Algunos prisioneros podrían ser repatriados para ser juzgados en sus países de origen, si estos países "quieren o pueden", según dijo Rumsfeld.
Muchos quedarían bajo custodia estadounidense y tendrían que ser llevados a territorio de EE.UU.
Sin embargo, parece difícil que alguna comunidad esté dispuesta a que, justo a su lado, sean ubicadas personas que el gobierno asegura que son de "altísima peligrosidad".
Esto, con seguridad, lo tienen presente los congresistas, incluso a los que les gustaría ver cerrado a Guantánamo.