Mbeki anunció su decisión en el Parlamento de Sudáfrica.
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Al presidente sudafricano, Thabo Mbeki, no le quedó otro remedio. Su vicepresidente, Jacob Zuma, tuvo que marcharse.
El anuncio lo hizo en una sesión conjunta del Parlamento sudafricano en su sede de Ciudad del Cabo.
La semana pasada, uno de los asesores de Zuma y su amigo íntimo, el financista Schabir Shaik, fue condenado a 15 años de prisión por corrupción.
Durante el juicio, se acusó a Shaik de recibir en 1999 dinero de una empresa francesa, la antigua Thomson CSF, a cambio de influencia para la venta de armamento al gobierno sudafricano.
Gestiones dudosas
Allí salió a relucir que Zuma recibió de Shaik más de US$170.000, en clara violación de las leyes contra la corrupción que entraron en vigencia luego de las primeras elecciones democráticas en abril de 1994.
Durante la lectura del veredicto sobre Schabir Shaik, la jueza Hilary Squires, a quien los simpatizantes de Zuma acusaron de ser miembro de la élite blanca sudafricana, explicó que Zuma sabía de las dudosas gestiones de su amigo con la empresa francesa.
Zuma insiste en que su conciencia está tranquila.
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También quedó claro que el dinero que Shaik entregó al político no sólo le ayudó a pagar deudas, sino también sirvió para financiar su lujoso estilo de vida.
Después del juicio, Zuma insistió en que tenía la conciencia tranquila, a pesar del devastador veredicto de la jueza Squires.
Las expresiones de apoyo hacia un político -que no tiene la sofisticación intelectual de Thabo Mbeki pero que es visto como "hombre del pueblo" y delfín del actual presidente- no se hicieron esperar.
Desde la juventud del gobernante Congreso Nacional Africano, el ANC, hasta el propio Nelson Mandela, Zuma parecía haber capeado el temporal.
Pero una insistente campaña por parte de la prensa y la necesidad de aparecer como un gobierno que no acepta la corrupción, pesaron demasiado en Thabo Mbeki a la hora de tomar una decisión.
¿Quién es Zuma?
Zuma fue incluido en la plataforma presidencial de Mbeki en 1999 como un político de compromiso.
La prensa sudafricana ha seguido de cerca el caso.
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De origen zulú, el ahora ex vicepresidente se convirtió en una rama de olivo tendida por el ANC hacia la provincia de KwaZulu Natal, en la que los seguidores del partido de gobierno y el Partido por la Libertad Inkatha se enfrentaron de forma sangrienta por muchos años.
Pero hay ciertos lujos que el gobierno actual no se pude dar, y mantener a un ministro (Zuma era miembro del gabinete) al que se ha vinculado de forma oscura con un financista corrupto es uno de esos.
De nada le sirvió a Zuma el haber pasado 10 años presos en Robin Island, donde conoció a Schabir Shaik, o de haber establecido una relación pacífica con sus oponentes en KwaZulu Natal.
El problema que tiene Thabo Mbeki ahora es buscar un sucesor de la misma popularidad que Jacob Zuma.
Por ahora el presidente sudafricano no tiene por donde escoger.