A un año del arresto de Saddam Hussein, la seguridad en todo el país sigue siendo precaria.
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Al cumplirse un año de la captura del ex presidente Saddam Hussein, la insurgencia llevó a cabo una serie de ataques en el propio centro de poder de la nueva administración en Bagdad.
Un atentado suicida con un coche-bomba mató a al menos siete iraquíes en el ingreso de la llamada "Zona Verde", que alberga a la mayoría de los edificios gubernamentales y las embajadas británica y estadounidense.
La potencia de la explosión también hirió a otras quince personas que esperaban autorización para entrar a este complejo especialmente fortificado, en el horario de máxima actividad.
Poco después también se registraron un ataque con morteros sobre el área y varios enfrentamientos entre insurgentes y efectivos militares de las fuerzas de ocupación en el centro de la capital iraquí.
Según Peter Greste, corresponsal de la BBC en Bagdad, la densa columna de humo que emergía del complejo gubernamental parecía un recordatorio de la situación del país un año después del arresto del otrora todopoderoso Hussein.
Lecciones dolorosas
El ataque llega en una jornada en la que Estados Unidos perdió más hombres en un sólo día que en cualquier otro de este último mes.
La Zona Verde ha sido objeto de varios ataques en los últimos meses.
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Ocho soldados murieron en tres incidentes separados en la provincia de al-Anbar, una amarga lección para aquellos que predecían la inminente extinción de la insurgencia tras la captura del ex hombre fuerte del país.
El actual presidente interino de Irak, Ghazi al-Yawar, afirmó que Estados Unidos y Gran Bretaña cometieron un gran error al desmantelar las viejas estructuras de seguridad tras el derrocamiento del antiguo régimen.
En una entrevista concedida a la BBC, al-Yawar aseguró que muchos hombres con un legajo impecable fueron entonces forzados a salir del Ejército.