Juan Pablo II ha hecho de la reconciliación con las Iglesias Cristianas uno de los objetivos centrales de su papado.
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El Papa Juan Pablo II ofreció a los cristianos ortodoxos un gesto de amistad sin precedentes durante una ceremonia este sábado en la Basílica de San Pedro en el Vaticano.
El Sumo Pontífice devolvió los restos de dos santos del siglo IV al Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I.
San Juan Crisóstomo y San Gregorio, dos de los primeros doctores de la Iglesia, han sido venerados en Constantinopla -ahora Estambul- por cientos de años.
Sus restos habían sido saqueados por mercenarios cristianos en la época de las Cruzadas y yacían desde entonces en poder de la Iglesia Católica.
Ambos fueron arzobispos de Constantinopla mucho antes de la separación del cristianismo en las Iglesias de Oriente y Occidente, hace unos mil años.
Bartolomé I, líder espiritual de alrededor de 300 millones de cristianos ortodoxos en todo el mundo, dijo a los periodistas que estaba muy feliz y agradecía al Papa la devolución de estas reliquias.
Relación empantanada
Juan Pablo II ha hecho de la reconciliación con las Iglesias Cristianas -separadas por siglos de disputas teológicas- uno de los principales objetivos de su largo pontificado, pero hasta ahora ha tenido sólo un éxito limitado.
San Juan Crisóstomo y San Gregorio han sido venerados por los cristianos ortodoxos durante siglos.
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Las relaciones entre católicos y ortodoxos aún están lejos de ser cordiales.
Un alto cardenal del Vaticano admitió recientemente en una conferencia de obispos en Roma que el entusiasmo entre los católicos sobre una completa y visible reconciliación entre las separadas iglesias del cristianismo está menguando.
El diálogo entre católicos y anglicanos está empantanado por el tema de la ordenación de mujeres dentro de la Iglesia Anglicana.
Mientras que las relaciones con los ortodoxos rusos aún son tensas, más allá del reciente regalo de un antiguo ícono sagrado por parte del Santo Padre al líder de la Iglesia Rusa en Moscú.
Los rusos acusan al Papa de intentar forzar la conversión de los creyentes ortodoxos, un cargo que el Vaticano niega enfáticamente.
A pesar de ello, el debilitado Sumo Pontífice insistió en hacer este notable gesto de restaurar a su ciudad de origen los restos de los dos santos, pero es poco probable que rompa demasiado el hielo entre los cristianos ortodoxos.