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Nació en el Bronx, en una humilde familia de inmigrantes jamaiquinos
Fue enviado como soldado a Vietnam
Fue asesor de seguridad de Ronald Reagan
En 2001, entró a la política como secretario de Estado. Fue el primer hombre de color en ejercer el cago
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Collin Powell, el hombre que estuvo al frente de la Secretaría de Estado estadounidense durante el primer gobierno de George W. Bush, es para muchos la personificación del sueño americano.
Hace 67 años nació en el seno de una familia humilde de inmigrantes jamaiquinos y hoy es uno de los políticos más reconocidos dentro y fuera de Estados Unidos.
Después de criarse en el Bronx inició una carrera militar que arrancó en las jerarquías más bajas, pasó por el puesto de asesor en Seguridad durante la presidencia de Ronald Reagan y culminó, en 1989, con la máxima posición: jefe del Estado Mayor Conjunto.
Powell fue, además, el primer hombre de color en ejercer ese cargo.
Fue desde ese puesto, bajo la presidencia de George Bush -padre del actual mandatario- que planificó la estrategia en la guerra del Golfo, que llevó a la victoria estadounidense en 1991.
Así logró notoriedad pública y se convirtió en un héroe nacional.
La lección de Vietnam
Powell polemizó muchas veces con otros funcionarios a raíz de la estrategia militar en Irak.
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Pero antes de desempeñar esa función, Powell se había desempeñado durante 35 años como soldado profesional.
Uno de sus destinos fue la guerra de Vietnam, donde aprendió a ser cauteloso con el uso del poder militar si no se tiene la seguridad de una superioridad de recursos y una clara estrategia de retirada.
Después de dejar el ejército, en 1993, pensó en buscar una candidatura presidencial, pero su entrada el mundo de la política fue como secretario de Estado de George W. Bush.
Así se convirtió en uno de los moderados del equipo de seguridad del gabinete de Bush, a quien advirtió varias veces sobre los riesgos de tomar decisiones radicales en la estrategia militar en el país árabe.
Se dice que en una oportunidad le advirtió al presidente estadounidense que si invadía Irak, iba a romperlo en pedazos.
Un hombre de confianza
Antes de servir a George W. Bush, Powell fue jefe del Estado Mayor Conjunto.
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Pero, más allá de las disputas en la intimidad de la Casa Blanca, en público, Powell siempre fue un hombre leal de los tres presidentes con quienes trabajó.
Sus seguidores siempre destacan el ímpetu de su presencia y el encanto que desprende su seguridad personal y su sentido del humor.
A pesar de que nunca intentó presentarse como un líder de la comunidad de color estadounidense, no dudó en aconsejar a los jóvenes afroamericanos que usar como excusa al racismo para responder con actitudes agresivas significaría actuar en base a defectos propios.
Powell se retira del gobierno estadounidense, cuando es considerado por analistas como una de las figuras más populares de la gestión de Bush tanto en el ámbito nacional como internacional.