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Viernes, 12 de noviembre de 2004 - 23:48 GMT
Caótico adiós a Arafat
Jana Beris
Jana Beris
Ramala, enviada especial

Todo estaba organizado y bien planeado, con guardia de honor, una marcha fúnebre digna y respetuosa y el féretro con los restos de Yasser Arafat, expuesto en la sala central de la Mukata, su cuartel general en Ramala, para recibir el último adiós de las figuras oficiales que llegasen al entierro.

Llegada del cuerpo de Arafat a Ramala.
Decenas de miles de personas asistieron al entierro de Arafat en Ramala.

Pero de hecho, el programa quedó totalmente alterado por el verdadero caos que reinó en el lugar.

Bajamos del automóvil en el que llegamos a Ramala, por el sur, la aldea Bitunia, en la Plaza Manara, centro mismo de la ciudad.

Nos mezclamos en una multitud que iba creciendo metro a metro, en la que marchaban más que nada hombres de todas las edades, observados desde las veredas por familias enteras, con pequeños niños con afiches de Arafat y bebés a los que sus padres habían puesto una típica "kefía" como vincha en sus frentes.

Un joven subido en hombros por uno de sus compañeros, entonaba rítmicamente cantos de loas a Arafat y promesas de memoria eterna y "lucha por siempre", que todos repetían al unísono, sin ningún tono que se exceda desorganizadamente de la perfecta rima.

Homenaje al "rais"

Jana Beris, enviada especial de a BBC (centro) en Ramala.
Periodistas de todo el mundo llegaron a Ramala para asistir al entierro de Arafat.

Los controles de seguridad en las entradas de la Mukata se desploman totalmente. Los palestinos colman cada centímetro del lugar y cada uno busca su mejor ubicación.

Se suben a muros, edificios y todo tipo de estructura que crean pueda soportarlos. Se suben por todo aquello de lo que puedan aferrarse: restos de cables, hierros que sobresalen de los muros y hasta alambre de púa que no los amedrenta.

Todo, con tal de ver los restos del "rais". "Abu Amar es el pueblo todo" -gritan centenares al unísono- "y el pueblo sigue vivo", se responden a si mismos.

Y cuando a las 14.15 hora local comienzan a bajar los dos helicópteros egipcios, los presentes se salen de sí.

Estamos justo debajo de uno de ellos, cuando se acerca a la Mukata, levantando con la fuerza de las aspas polvo, viento y un torbellino de papeles de las calles.

Tememos que alguien caiga de algún techo. Un grupo de enmascarados, vestidos todos de negro, prepara sus rifles.

Disparos al aire

Cuando los helicópteros tocan tierra, la avalancha de gente ya es un hecho, así como también los disparos al aire, que luego, no cesan durante toda la tarde.

Una mujer palestina llora por la muerte de Arafat.
Miles lloraron la muerte del líder palestino.

Durante casi media hora, es imposible abrir siquiera el helicóptero.

Numerosos policías palestinos disparan al aire para amedrentar a la multitud que se aproxima, pero sus intentos de advertencia se mezclan con los disparos de centenares de enmascarados o simplemente de jóvenes armados, algunos de los cuales nos explican luego que "es por respeto al Presidente".

Finalmente, a duras penas, se lograr retirar el ataúd del helicóptero, ante la atónita mirada de figuras palestinas que aún permanecen dentro de la segunda nave, observando cómo resulta casi imposible abrirse paso entre la multitud para trasladar el cuerpo hacia el sitio destinado a su sepultura.

Allí, cuentan los palestinos en Ramala, se coloca tierra de Jerusalén. Y luego, bastante antes de lo planeado, el entierro, una ceremonia sencilla: una oración fúnebre , versículos del Corán y la sepultura.

Demasiado cerca

Los palestinos querían estar junto a la tumba. Quien logró llegar más cerca todavía, demasiado cerca, a su pesar, fue un fotógrafo del periódico "The Jerusalem Post", Ariel Jerozolimski, que en medio del intento por tener una buena toma, fue empujado de hecho por la gente hasta que cayó en la fosa que se había cavado para la colocación, más abajo, del féretro.

Palestinos vistos a través de la polvareda levantada por los helicópteros que transportaban a Arafat.
Durante el día se vieron escenas caóticas en Ramala.

"Ya creí que me sepultaban junto con Arafat"- dijo cuando logró tranquilizarse y hasta poder relatar todo con tono de anécdota.

"Me sacaron entre varios, haciendo fuerza, para que pueda subir".

Todo, como todo este día en Ramala, en medio de un apretujamiento generalizado, no en la forma planeada por quienes estuvieron pensando días en cómo debía ser el funeral.

Al menos, al finalizar la tensa jornada, en la Autoridad Palestina y en Israel, pudieron resumir con tranquilidad lo transcurrido: caos en la Mukata, pero ningún incidente violento de envergadura que haya desencadenado una nueva escalada.

Al menos por ahora, este viernes, no.



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Programa Especial de Enfoque
12.11.04



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