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Jueves, 11 de noviembre de 2004 - 14:54 GMT
Triste y solitario final

Thomas Lyford-Pike
BBC Mundo

Simpatizantes del líder palestino sostienen un poster con la imagen de Arafat.
"Arafat se fue solo, en París, con un legado confuso".

La primera vez que supe algo de Yasser Arafat fue en casa de mis abuelos, en un libro de Oriana Fallaci, poco entendí de la cuestión palestina, poco me enteré en esa hora de la siesta en la que escapaba de mi cama.

A medida que iba creciendo, preocupado en mil cuestiones antes que la realidad noticiosa, igual me las ingeniaba para estar medianamente enterado de los acontecimientos mundiales.

Así tenía algo de conciencia sobre los sucesos del Líbano y la posterior guerra civil, compleja, intrincada, hasta infantes de marina hubo allí.

Fast forward una década y estamos en los '90 y como periodista en ciernes, quizá lo sea todavía, seguía sus pasos al igual que el de otras figuras.

Desde el accidente aéreo en el norte de África hasta su regreso a los territorios ocupados, bajo el ala del sorprendente acuerdo de Oslo de 1993.

Rabin, Clinton y Arafat en Washington, el 13 de septiembre de 1993
Ver a Rabin, Clinton y Arafat dándose la mano fue para mí la confirmación de que otro mundo es posible

Ver a Rabin, Clinton y Arafat dándose la mano fue para mí la confirmación de que otro mundo es posible, y de que la añeja fotografía de Sadat, Carter y Beguin no era un accidente histórico. Pero a Yitzhak Rabin, el gran factor del cambio, lo mataron, Netanyahu ensució la cancha, Barak fue la esperanza y Sharon la decepción.

Ante ellos siempre estuvo negociando Arafat, a quien critiqué ampliamente tras el fracaso de Camp David II.

En ese tiempo coincidía con Shimon Peres, quien afirmó que "los palestinos nunca pierden la oportunidad de perder una oportunidad".

Años después me enteré de que la oferta de Barak no era lo buena que se dijo en su momento, y las palabras de Arafat, aquellas de "no querer morir a manos de otro árabe" cobraron más valor.

Los palestinos nunca pierden la oportunidad de perder una oportunidad
Shimon Peres

Pero ahora Arafat murió aislado, incapaz de transmitir una visión, con sus segundos mirándose de soslayo y su viuda enojada.

Y yo me pregunto si no debió aceptar el papel que le confirió la historia y ser un Michael Collins, quien negoció la partición de Irlanda ante el fin superior de la independencia.

Sería una figura polémica sin duda, y probablemente hubiera muerto a manos de un compatriota -como Collins-; pero los palestinos estarían mejor posicionados para continuar las negociaciones.

Ahora Arafat se fue solo, en París, con un legado confuso, y a los palestinos les queda muy poco, además de ir por la vida al ritmo de Sharon.



ESCUCHE/VEA
Ent. con portavoz de la Autoridad Palestina
BBC Internacional 8.11.04



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