Un hombre entierra a su hermano muerto en los bombardeos.
|
Combates encarnizados se reanudaron en Faluya el miércoles, en el segundo día completo de la ofensiva lanzada por fuerzas de Estados Unidos y de la Guardia Nacional Iraquí.
Este es el testimonio del periodista Fadhil Badrani, que informa desde Faluya para el Servicio Mundial de la BBC.
Estoy rodeado por espeso humo negro y el olor de aceite quemado.
Hubo una gran explosión hace unos minutos y ahora escucho tiroteos.
 |
No puedo decir cuántas personas han muerto, pero luego de dos días de bombardeos, la ciudad parece Kabul
|
Un vehículo blindado de Estados Unidos ha estado estacionado frente a mi casa en el centro de la ciudad.
Desde mi ventana, puedo ver infantes de marina a pie. Trataron de hacer registros casa por casa, pero no pudieron avanzar porque les disparaban.
Respondieron abriendo fuego contra las casas, disparando contra todo lo que se movía.
 |
Ingerí los últimos alimentos que me quedaban: dos papas y dos tomates. Los tomates estaban podridos, porque no hay electricidad y el refrigerador no funciona
|
La guerra se apoderó de las calles.
Parece que los soldados estadounidenses han descartado por ahora entrar a cada edificio y se concentran en intentar controlar las principales calles.
Estoy sentado aquí, sólo, mientras mi ciudad se sume en la tragedia.
Como Kabul
 |
Una clínica fue bombardeada hace poco y no sé que sucedió con los doctores y las enfermeras que se encontraban allí. Era el único lugar donde todavía podía ir la gente a recibir atención médica
|
Estuve con algunos de los combatientes rebeldes hace poco. Se veían cansados, pero estaban cantando y con la moral alta.
Muchos iraquíes de otras partes del país han llegado a Faluya para unirse a los combatientes locales.
 |
Muchas mezquitas también han sido bombardeadas. Por primera vez no se escuhó ni un llamado a oraciones desde los minaretes de Faluya, una ciudad con 150 mezquitas
|
Nadie ha podido dormir mucho en los dos últimos días de intensos enfrentamientos, y además, aún estamos en el mes sagrado del ayuno, Ramadán, de modo que nadie come durante el día.
No puedo decir cuántas personas han muerto, pero luego de dos días de bombardeos, la ciudad parece Kabul.
Grandes sectores de Faluya han sido destruidos, pero es tan peligroso salir de la casa, que no he podido averiguar más sobre las víctimas.
Dos papas y tomates podridos
Una clínica fue bombardeada hace poco y no sé que sucedió con los doctores y las enfermeras que se encontraban allí.
 |
Miro a la devastación que me rodea y me pregunto, ¿por qué?
|
Era el único lugar donde todavía podía ir la gente a recibir atención médica, porque el hospital principal en las afueras de Faluya fue capturado por los estadounidenses el lunes.
Muchas mezquitas también han sido bombardeadas. Por primera vez no se escuchó ni un llamado a oraciones desde los minaretes de Faluya, una ciudad con 150 mezquitas.
Al caer la luz del día y acabar el ayuno, ingerí los últimos alimentos que me quedaban: dos papas y dos tomates. Los tomates estaban podridos, porque no hay electricidad y el refrigerador no funciona.
Mis vecinos, una mujer y sus hijos, vinieron a verme ayer. Me pidieron que alertara al mundo sobre lo que está sucediendo aquí.
Miro a la devastación que me rodea y me pregunto, ¿por qué?

Lea los anteriores relatos de Fadhil Badrani