Arafat está sitiado en su sede de gobierno desde 2001.
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Por décadas, Yasser Arafat ha personificado la lucha por un Estado palestino independiente con Jerusalén como su capital.
Sus problemas de salud comenzaron hace una semana, cuando comenzó a sufrir de agudos dolores de estómago y uno de sus ministros lo describió como "muy enfermo".
Arafat ha estado confinado en su sede de gobierno en la ciudad cisjordana de Ramala desde diciembre de 2001, cuando el ejército israelí sitió las instalaciones.
Los intentos del gobierno de Israel de hacerlo a un lado han aumentado su popularidad entre los palestinos, a pesar de que tras la firma de los acuerdos de Oslo muchos habían perdido la paciencia con su estilo dictatorial.
Sin sombra
Aunque Arafat dice que nació en Jerusalén, hay quienes le atribuyen nacionalidad egipcia.
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A pesar de haber sido uno de los hombres más públicos de los últimos decenios, los detalles de la vida privada de Yasser Arafat siempre han sido un misterio.
Ni siquiera se sabe a ciencia cierta dónde nació. A él le gusta decir que en Jerusalén, pero algunos de sus biógrafos aseguran que lo hace para fortalecer su leyenda y que su acta de nacimiento certifica que nació en la capital egipcia de El Cairo.
Arafat estudió ingeniería en la Universidad Rey Fuad de El Cairo y fue en sus días de estudiante cuando se entrenó como fedayín (comando militar) y se implicó en el incipiente nacionalismo árabe.
Se cree que adoptó el nombre de Yasser para hacerle honor a una víctima árabe del mandato británico en Palestina.
Eran los años 40 y no dudó en elegir la violencia como método de acción.
Participó en los cruentos combates que enfrentaron a árabes y británicos en Palestina y tras la creación del estado de Israel, se exilió en Kuwait, donde trabajó como empresario y siguió amasando su futuro como político y guerrillero.
Más tarde sería conocido en el mundo árabe como Abu Aminar, el "padre constructor".
Nobel polémico
Arafat nunca fue un líder de escritorio.
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La causa palestina convirtió a Arafat en un errante crónico. Pasó 27 años instalándose y huyendo por Jordania, Líbano, Túnez e Irak antes de regresar a Gaza en 1994 como presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).
Su historia está llena de hitos, entre ellos la fundación de Al Fatah en 1959, su posicionamiento en la Organización de Liberación Palestina (OLP) y la ANP o su aparición ante la Asamblea General de Naciones Unidas en 1972, llevando una rama de olivo y una pistola, como simbólica representación de la paz y la guerra en Medio Oriente.
Sin embargo, su logro más destacado se produjo en 1993 cuando firmó con el entonces primer ministro israelí Yitzhak Rabin los llamados acuerdos de Oslo, que establecieron el autogobierno palestino en la Franja de Gaza y Cisjordania y el reconocimiento mutuo entre Israel y la OLP.
Ese paso le valió al año siguiente la adjudicación junto al propio Rabin y el canciller israelí Shimon Peres del Premio Nobel de la Paz.
Sus detractores no pudieron reaccionar peor a este hecho y dijeron hasta el cansancio que era una agresión imperdonable para los israelíes.
"Después de los nazi, no conozco a nadie que tenga tanta sangre judía en sus manos como Arafat", insistió en esos días el actual premier de Israel, Ariel Sharon.
Arafat se dirigió a las Naciones Unidas en 1972.
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Con esta aseveración quería recordar la serie de secuestros aéreos, asaltos a embajadas y atentados atribuidos a Arafat durante los años 70, cuando esta clase de ataques era su principal vía de lucha.
Los acuerdos de Oslo no lograron, sin embargo, resolver temas significativos como los asentamientos judíos en territorios ocupados ni el futuro de los refugiados palestinos.
Rabin fue asesinado en 1995 y, como presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Arafat tuvo dificultades definiendo su papel.
En 2000, un nuevo levantamiento palestino o intifada se desató en la Franja de Gaza y Cisjordania.
Tras una ola de ataques suicidas, el ejército israelí sitió las oficinas de Arafat en Cisjordania acusándolo de no controlar a los grupos de militantes extremistas palestinos.
Liderazgo
Abu Mazen se enfrentó con Arafat por el tema de la seguridad.
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Tres años más tarde, muchos comenzaron a perder la paciencia con los intentos de Arafat de permanecer al mando del gobierno palestino.
En mayo de 2003, Abu Mazen fue nombrado primer ministro después de una creciente presión de Washington por una reforma de la Autoridad Nacional Palestina.
Abu Mazen era considerado como el sucesor natural de Arafat por ser una figura simbólica entre los palestinos que contaba con el apoyo del gobierno estadounidense.
Sin embargo, Arafat no apoyó el nombramiento de Abu Mazen y ambos chocaron sobre los temas de seguridad, y el primer ministro renunció cuatro meses más tarde.
Para muchos, la imposibilidad de delegar representa una de sus fortalezas, pero también una de sus debilidades.
En el aspecto positivo, Arafat ha sido capaz de ubicarse por encima de los debates y los conflictos internos, empujando a los distintos sectores a aceptar sus soluciones.
De esta forma ha logrado mantener unido al movimiento palestino y a sí mismo como el único interlocutor internacional sobre los intereses su pueblo.
En el otro aspecto, el negativo, su insistencia en tomar todas las decisiones en relación a las conversaciones de paz con Israel -o ser consultado sobre ellas- ha debilitado severamente a todos los negociadores a lo largo de los años, en detrimento de la causa palestina.
Además, con su estilo autocrático, ha quitado de las posiciones decisorias a cualquiera que pudiera convertirse en una amenaza contra su liderazgo, y nada ha hecho para el desarrollo de instituciones transparentes y democráticas.