La Unión Europea (UE) afronta una crisis política e institucional sin precedentes después de que José Manuel Durao Barroso, designado para presidir la próxima Comisión ejecutiva, retirara su equipo de colaboradores ante la falta de confianza del Parlamento Europeo.
Barroso pidió a los miembros del Parlamento europeo que confiaran en él.
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Barroso tomó esta decisión tras constatar que los grupos parlamentarios de izquierda y los liberales no votarían a su favor en la elección prevista para este miércoles, y que sólo le respaldaría el grupo conservador.
El rechazo de la mayoría del Parlamento fue provocado por unas polémicas declaraciones del futuro comisario de Libertades y Justicia, el italiano Rocco Buttiglione, sobre la homosexualidad y sobre el papel de la mujer respecto al hombre.
La decisión de Barroso, inédita en la historia de la federación, abre un gran periodo de incertidumbre porque es una posibilidad no prevista en sus normas.
Puesto que no será posible que la "Comisión Barroso" empiece a trabajar el 1 de noviembre, como estaba previsto, la institución será dirigida las próximas semanas por su actual presidente, el italiano Romano Prodi.
Fuentes de la actual Comisión admitieron que durante este periodo transitorio no se tomarán decisiones políticas importantes.
Apoyo condicional
Barroso trabajará mientras tanto para presentar en noviembre un nuevo equipo de comisarios.
Se espera que Buttiglione no esté en el próximo equipo que presente Barroso o que al menos no ocupe la cartera de Libertades sino que se le asigne otra.
Buttiglione escucha a Barroso en Estrasburgo, en medio de la mirada de varios eurodiputados.
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Barroso podría aprovechar además para cambiar otros futuros comisarios que han sido criticados por el Parlamento, como la holandesa Neelie Kroes o la danesa Mariann Fischer Boel.
Los principales grupos políticos del Parlamento Europeo ya han ofrecido su apoyo a Barroso si presenta en las próximas semanas suficientes cambios en su equipo.
Según las normas europeas, el Parlamento no puede rechazar a un comisario en particular, pero sí tiene poder para aprobar o vetar a toda la Comisión en su conjunto.
Mientras se resuelve la situación, la UE afronta esta nueva crisis con incertidumbre ante las consecuencias que puede tener para la ratificación de la primera Constitución europea.
Los líderes de los 25 países que forman la UE firmarán esa Constitución el viernes 29 de octubre en Roma antes de que cada país comience el proceso de ratificación.
Muchos países -como Francia, Reino Unido, España o Portugal- ratificarán la Constitución mediante un referéndum popular y existe el temor de que la nueva crisis aumente la desconfianza en la UE y por tanto en su Constitución.
Los ciudadanos europeos ya mostraron su indiferencia hacia la UE en junio de este año, cuando menos de la mitad de la población participó en las elecciones al Parlamento Europeo, y se cree que la crisis recién abierta puede empeorar la situación.