El primer ministro de Israel, Ariel Sharon, dijo que no cederá ante la presión de sus colegas en el gabinete que exigen un referendo sobre su plan de retirada de la Franja de Gaza.
El muy influyente Netanyahu amenaza con renunciar si Sharon no hace lo que él quiere.
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Cuatro ministros amenazaron con renunciar a sus cargos a menos de que el primer ministro apueste a la aprobación popular de su proyecto, que fue respaldado el martes por una mayoría de 67-45 en el parlamento.
Sharon ya despidió a dos ministros por oponerse a la propuesta, como había advertido antes de la votación.
El plan implica la retirada de todos los colonos de la Franja de Gaza y de algunos de Cisjordania, así como de las fuerzas de seguridad que les protegen.
Para conseguir la aprobación de la Knesset (parlamento), Sharon tuvo que depender del apoyo del principal partido de oposición, el Laborista, dirigido por Shimon Peres.
El martes fue la primera vez que el gobierno israelí votó sobre el principio de evacuar colonos de territorios palestinos ocupados.
Barbara Plett, corresponsal de la BBC en Jerusalén, advierte que el primer ministro tendrá que componer las fisuras en su partido Likud o cambiar su coalición gubernamental para poder implementar el plan.
Estados Unidos acogió el resultado de la votación como un paso hacia la paz con los palestinos.
"Este plan de retirada tiene el potencial de ser histórico y lo consideramos como un paso importante en la realización de la visión de Bush de dos estados viviendo uno al lado del otro en paz y seguridad", declaró el vocero de la Casa Blanca Trent Duffy.
Rechazo al referendo
La votación del martes se dio al final de un acalorado debate que duró dos días.
Sharon cumplió con su amenaza de despedir a los ministros que se opusieran al plan.
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Cuatro ministros del partido oficialista Likud, incluyendo al actual ministro de Finanzas, Benjamín Netanyahu -rival de Sharon en el liderazgo del partido-, votaron a favor del plan pero amenazaron con renunciar si Sharon no acepta que se realice una consulta popular y le dieron al primer ministro dos semanas de plazo para aceptar su exigencia.
Sharon respondió que no soportará amenazas: "las personas pueden cambiar de opinión de vez en cuando pero no ceder ante presiones y ultimátum", le dijo al diario Ha'aretz.
"Mi posición respecto al referendo no ha cambiado: me opongo a hacerlo porque causaría tensiones terribles y una ruptura en el público", añadió.
"Factor ausente"
Bajo la propuesta, Israel evacuará a todos los colonos de Gaza y a las tropas que los protegen pero mantendrá el control de las fronteras, la costa y el espacio aéreo.
Según algunos observadores, este no es el fin sino el principio de la tormenta.
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Cuatro asentamientos de Cisjordania serán también desmantelados.
Sharon cumplió con su amenaza de despedir a todos los ministros del Likud que votaran en contra del plan, retirando de su cargo al ministro de Gabinete, Uzi Landau, y al vice ministro de Seguridad Interna, Michael Ratzon.
Dijo además que los cuatro ministros que amenazan con renunciar "recibirán una respuesta".
Las evacuaciones propuestas se llevarían a cabo en fases y cada una de ellas requerirá de la aprobación del gabinete.
Para uno de los principales negociadores palestinos, lo que está ocurriendo no es más que los israelíes "negociando entre ellos".
"Los hemos estado observando mientras discuten nuestro futuro, el futuro de nuestros hijos, el futuro de los palestinos, con un factor -nosotros- ausente", le dijo Saeb Erekat a la agencia de noticias Reuters.
Según el más reciente sondeo de opinión, el 65% de los israelíes están a favor de la retirada, pero los colonos se oponen furiosamente a la medida.
Para muchos de ellos, todo Cisjordania y la Franja de Gaza es territorio otorgado por Dios a los judíos.
Israel ha ocupado esos territorios desde que los capturó en la guerra de 1967 y en ellos viven unos 400.000 colonos judíos entre 3,5 millones de palestinos.
Los asentamientos son considerados ilegales bajo la ley internacional, un veredicto que Israel no acepta.