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Sábado, 17 de julio de 2004 - 13:51 GMT
La ambición de Arafat en el timón
Gerald Butt
Especialista en Medio Oriente

A no equivocarse. Yasser Arafat es un hombre con una obsesión de toda la vida: convertirse en el primer presidente de una Palestina independiente.

Yasser Arafat
Arafat toma su fortaleza del hecho de ser el único líder que los palestinos tienen.

En la medida en que de él dependa, no permitirá que algo se interponga en su camino.

Y a pesar de la cadena de aparentes contratiempos a lo largo de los años y del actual aislamiento del veterano líder palestino en Ramala, la obsesión está tan fuerte como siempre.

Una de las principales estrategias de la conducción de Arafat ha sido mantener un control personal sobre todos los aspectos de la estructura de gobierno de los palestinos.

Esto fue así en los largos años de exilio en Líbano y Túnez, y continúa igual desde su regreso a los territorios palestinos.

Delegar no es una palabra que Arafat comprenda.

Ahí yace buena parte de su fortaleza y una de sus debilidades clave.

En el aspecto positivo, Arafat ha sido capaz de ubicarse por encima de los debates y los conflictos internos, empujando a los distintos sectores a aceptar sus soluciones.

De esta forma ha logrado mantener unido al movimiento palestino y a sí mismo como el único interlocutor internacional sobre los intereses su pueblo.

En el otro aspecto, el negativo, su insistencia en tomar todas las decisiones en relación a las conversaciones de paz con Israel -o ser consultado sobre ellas- ha debilitado severamente a todos los negociadores a lo largo de los años, en detrimento de la causa palestina.

Además, con su estilo autocrático, ha quitado de las posiciones decisorias a cualquiera que pudiera convertirse en una amenaza contra su liderazgo, y nada ha hecho para el desarrollo de instituciones transparentes y democráticas.

Amenaza a la Hoja de Ruta

Considerando todo lo anterior, la creación del cargo de primer ministro palestino, con todos los poderes inherentes al puesto, estaba destinada a convertirse en ocasión de diferencias con Arafat.

Allí, por primera vez, hubo una figura con autoridad y autonomía al mismo tiempo, lo que representaba un serio desafío al presidente palestino.

Si la Hoja de Ruta para la paz hubiera prosperado sin complicaciones, entonces Arafat se habría encontrado a sí mismo cada vez más desplazado, no sólo por Israel, sino por el movimiento palestino.

Las amenazas, primero, de expulsarlo de los territorios palestinos, y luego, de asesinarlo, han forzado a la comunidad internacional -incluyendo a la administración Bush- a salir en su defensa

El primer ministro Mahmoud Abbas hubiera emergido como quien lideró a los palestinos hacia la creación de su Estado, reconocido y aceptado por todo el mundo, incluido Israel, como el "hombre del momento".

Tal vez la apuesta de Arafat era que la Hoja de Ruta sería saboteada por la vuelta al ciclo de violencia.

Tal vez, como señala Israel, Arafat tenga un interés personal en que el proceso de paz colapse.

Como sea, el resultado es que lejos de haber desaparecido de la escena mundial, Arafat recibe hoy más atención internacional de la que ha tenido en años.

En este aspecto, Israel es responsable de prolongar la vida política del hombre que desearían ver fuera del escenario.

Las amenazas, primero, de expulsarlo de los territorios palestinos, y, luego, de asesinarlo, han forzado a la comunidad internacional -incluyendo a la administración Bush- a salir en su defensa.

Desafío imposible

Por eso Arafat ha sobrevivido para luchar por otra oportunidad.

En los ojos palestinos, él es algo así como una bendición a medias.

Simpatizantes del grupo radical Jihad Islámica en Gaza
La retirada unilateral de Gaza anunciada por Israel podría dejar el terreno a merced de los grupos radicales.

Muchos desearían ver que él y la vieja guardia que lo rodea sean reemplazados por líderes jóvenes, que no estén manchados por las sospechas de corrupción y clientelismo.

Pero también reconocen que cualquiera que asuma la responsabilidad de ser presidente o primer ministro enfrenta un desafío que parece imposible de superar: negociar un acuerdo de paz con Israel que sea aceptable para toda la comunidad palestina, o arriesgarse a una guerra civil en el intento por desarmar a los grupos radicales.

Arafat, recluido en Ramala, parece tan desconcertado como cualquier otro acerca de cómo los palestinos deben seguir de ahora en adelante.

Su objetivo parece ser aferrarse tan fuerte como pueda a su posición, de manera que si un día se halla una solución, él inevitablemente sea parte de ella, cumpliendo así la ambición de su vida.

Esto podría parecer una desesperada estrategia de pasividad.

Sin embargo, a pesar de hallarse en una posición aparentemente imposible de sostener, Arafat tomará su fortaleza del hecho de ser aún el único líder que los palestinos tienen.



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