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Martes, 29 de junio de 2004 - 11:22 GMT
El día después de mañana

Dalia Ventura
BBC Mundo

Lo que iba a suceder el miércoles sucedió el lunes y dejó a varios periodistas pensando qué hacer con el martes.

Amanecer en Bagdad.
Irak amaneció el martes con un gobierno interino.

Todo estaba planeado para el 30 de junio, incluso -probablemente- alguna explosiva expresión de desacuerdo con el camino que hace 14 meses Irak fue obligado a tomar.

La posibilidad, de por sí, justifica el adelanto de la fecha del traspaso de poder que empuñaba la coalición liderada por Estados Unidos y que, en forma de un documento, está ahora en las manos del gobierno interino iraquí.

Dos días, en este caso, no hacen mucha diferencia y el cambio tuvo el valor agregado de proporcionar un momento de comedia, cuando el canciller iraquí dejó al premier británico pasmado al empezar una frase que ya no podía dejar de terminar ante los medios de comunicación.

Con ella había arruinado el plan que, al parecer, era aparentar que la idea del anticipo no estaba acordada sino que Bagdad era el promotor y los líderes de la coalición los que aceptarían sus deseos.

En el reino de lo simbólico, estos gestos son de gran valor.

Soberanía suspendida

A pesar de que la palabra fue usada sin cesar a lo largo del día, lo que se le devolvió el lunes al pueblo iraquí no fue la soberanía.

Bandera iraquí que ondea sobre uno de los edificios gubernamentales en Bagdad.
La administración de Bremer diseñó una nueva bandera pero los iraquíes prefieren la que tenían.

No se puede entregar lo que nunca se ha tenido y el hecho de quitarla no implica poseerla.

Pero, como a las cosas hay que darles un nombre para poder hablar de ellas, los más prudentes optaron por llamar a lo que ocurrió "transferencia de poder".

No obstante, el cambio de palabras amplía aún más el debate.

¿Tiene desde este momento Irak el poder de cancelar contratos suscritos por una fuerza de ocupación para dárselos a compañías que económica y políticamente resulten más beneficiosas para el futuro del país?

¿Puede elegir democráticamente a un gobierno que no comulgue con la democracia?

¿Tendrá el poder de decidir -si así lo quiere- que Saddam Hussein no es un criminal en su tierra, como no lo son en La Tierra algunos gobernantes a los que se les acusa de actos similares?

(El ex mandatario está acusado de crímenes contra la humanidad pero Irak, al igual que Estados Unidos, no firmó el tratado por el que se creó la Corte Penal Internacional).

Aunque es improbable que lo anterior llegue siquiera a plantearse, esos son sólo tres de otros muchos y más plausibles interrogantes que casi inevitablemente invalidan la idea de que hoy el futuro está totalmente en manos de los iraquíes.

Relevo de responsabilidad

Esto no quiere decir, sin embargo, que nada cambió.

El ex administrador civil de EE.UU. en Irak, Paul Bremer, lléndose de Irak.
Los eventos se sucedieron con rapidez: Bremer entregó el documento a un juez y se fue.

Las fuerzas de coalición, y eventualmente algunas de la ONU, permanecerán en Irak por un tiempo aún indefinido -lo cual no es inusual cuando un país ha pasado por cambios tan profundos.

Pero las operaciones de las tropas estadounidenses se tornarán más parecidas a las recientes en el experimento de laboratorio que ha sido Faluya.

EE.UU. podrá, por fin, luchar desde el aire su "guerra contra el terrorismo" cada vez que lo considere necesario.

La responsabilidad por la seguridad del país en general es ahora, y lo será cada vez más, de las autoridades iraquíes -sin importar las circunstancias.

Si la insurgencia continúa y sigue creciendo el saldo de muertos locales, el dedo acusador cada vez apuntará más en la dirección del gobierno iraquí -interino o permanente.

Lo mismo ocurrirá en otros campos; serán ellos los que no han logrado establecer una sociedad civil viable, reconstruir los servicios públicos, proveer empleo o manejar apropiadamente la economía.

Pero hoy todavía no.

Este día que iba a ser pasado mañana todavía es posible ser "cautelosamente optimista" y anhelar que la insurgencia, poco a poco, encontrará medios menos violentos de hacerse oír; que las tres comunidades -chiitas, sunitas y kurdos- encontrarán la forma de convivir positivamente con sus diferencias; que la economía florecerá y la cuna de la civilización volverá a serlo...

...y que, aunque sea sólo esta vez, los analistas, críticos y observadores estén equivocados.


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