La organización de defensa de los DD.HH. Amnistía Internacional (AI), reconoce que a pesar de la resolución unánime del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Irak, "no podemos ser optimistas", como dijo en Madrid Irene Kahn, la secretaria general de AI.
Según esta organización, los derechos humanos se enfrentan a problemas que no se pueden resolver en el corto plazo al que se limita el horizonte político.
Muchos califican la resolución como un éxito diplomático de la administración Bush.
Amnistía Internacional también destaca que la resolución se haya aprobado por unanimidad y que mencione el respeto de la legalidad internacional.
Irene Kahn conversó con BBC Mundo en el marco de la visita oficial que realizó esta semana a España.
Según AI, la resolución de la ONU es una oportunidad perdida.
Perdimos la oportunidad de concentrarnos en uno de los argumentos que impulsaron la guerra, que fueron los derechos humanos de los iraquíes. La resolución es muy limitada en este punto y en las responsabilidades de las entidades en Irak, desde el nuevo gobierno hasta las fuerzas internacionales. Una carta del Secretario de Estado de EE.UU. que se adjuntó a la resolución se refiere a las competencias de las fuerzas internacionales en cuanto a detenciones y otras actividades. No queda claro qué documento tendrá prioridad en determinar las responsabilidades si se cometen abusos de los DD.HH en ese contexto.
AI cree que la resolución de la ONU sobre Irak deja dudas.
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Entonces, según AI, ¿la resolución no hace ningún aporte para aclarar la situación de los DD.HH.en Irak?
La resolución es muy poco clara y las situaciones confusas son muy peligrosas cuando hablamos de los DD.HH. porque no podemos atribuir la responsabilidad a ningún bando. La consecuencia la sufrirá la población iraquí. La pregunta sobre los DD.HH. queda sin responder en la resolución y no sabemos si contribuirá a mejorar la situación en Irak.
¿Quién falló a la hora de formular una resolución más clara en cuanto a los DD.HH.?
En el Consejo de Seguridad hubo países como España, Chile y Brasil, que intentaron reforzar el aspecto del derecho internacional humanitario en la resolución, aunque sin el apoyo de los EE.UU. y del Reino Unido. Es decir, que hubo un fallo colectivo, aunque hay que destacar los esfuerzos de países como España.
Precisamente España retiró su contingente militar de Irak. Ante la falta de claridad denunciada por AI, quienes permanezcan en Irak, ¿serán corresponsbales de eventuales abusos?
Quienes permanecen en Irak tienen una responsabilidad particular, porque sus tropas pueden estar cometiendo u omitiendo actos que puedan afectar a los DD.HH. de los iraquíes.
Asimismo, la responsabilidad reside en toda la comunidad internacional, pero especialmente en los miembros del Consejo de Seguridad. Lo positivo de la resolución es que el Consejo retoma su compromiso con Irak. Pero esto también implica observar de cerca los acontecimientos en el país y garantizar que los DD.HH. no desaparezcan de la agenda.
¿Qué lección podemos aprender de Irak para otras regiones en crisis?
La principal lección es mantener la atención en el impacto en los DD.HH.. Hasta ahora, el debate político se concentró en las armas de destrucción masiva, en el papel de las fuerzas de ocupación y en la soberanía de Irak. Es decir, se ha hablado sobre todo de aspectos formales. No se discutió sobre el impacto en la población iraquí, en las acusaciones de torturas y los abusos que están a la orden del día, tanto a manos de las fuerzas de ocupación como de los grupos armados que operan en Irak. Esta es la lección para otras situaciones de crisis. Hay que dedicarle más atención a lo que le pasa a la gente, ya sea en Sudán o en los territorios ocupados de Palestina.
Pero esto es casi hablar de sentido común. Todos están de acuerdo en respetar a los DD.HH. aunque cumplir este compromiso puede resultar problemático.
Creo que se debe a que los intereses de los gobiernos se limitan al corto plazo. En el contexto de Irak, los gobiernos tienen sus propias agendas domésticas y la opinión pública, como ocurre en el Reino Unido y en los EE.UU., se está volcando en contra de una participación continuada en Irak. Los gobiernos quieren una salida rápida, mientras que los DD.HH. necesitan un compromiso a largo plazo, algo muy difícil de obtener de la mayoría de los gobiernos.