Hace 15 años la plaza de Tiananmen en China fue el escenario de multitudinarias manifestaciones por el cambio que fueron brutalmente dispersadas con tanques de guerra.
Las protestas no tenían precedente y su desenlace consternó al mundo.
Una de las imágenes más emblemáticas del enfrentamientos de poderes de la historia.
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El 15 de abril de 1989 el líder reformista Hu Yaobang murió repentinamente de un ataque al corazón en Pekín.
Su muerte provocó una espontánea efusión de emoción que se tornó en seis semanas de manifestaciones a favor de la democracia, en contra de la corrupción y del Partido Comunista.
La respuesta inicial de las autoridades reflejó la lucha interna de poder entre los reformistas y los conservadores.
Pero las protestas se extendieron por todo el país y, ante la amenaza del caos social, quienes favorecían la línea dura en el liderazgo del Partido se impusieron y declararon la ley marcial en la capital.
El 4 de junio, bajo las órdenes de Deng Xiaoping y otros veteranos del Partido, tropas y tanques del Ejército Popular de Liberación y de la Policía despejaron la plaza de Tiananmen, foco de las manifestaciones en la capital.
A pesar de que el gobierno alegó que nadie murió en la plaza misma, cientos de personas perdieron la vida cuando agentes de la policía y el ejército perdieron el control en las calles adyacentes y dispararon contra manifestantes desarmados.
Para conmemorar el decimoquinto aniversario de los eventos, el Servicio Chino de la BBC entrevistó a cuatro testigos de las protestas y su desenlace.
Wuer Kaixi, uno de los más conocidos líderes estudiantiles, quien huyó de China después de las protestas y vive en el exilio en Taiwán.
Ese día (el 18 de mayo), debido a la huelga de hambre, tenía una inflamación en el músculo del corazón y me llevaron al hospital, pero me escapé y volví a la plaza de Tiananmen.
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Lo siento, primer ministro, puede que usted piense que llegó sólo cinco minutos tarde pero déjeme decirle que, de hecho, su atraso es de un mes
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Cuando llegué, Wang Chaohua me dijo: "¡te estaba buscando! Finalmente el gobierno hablará con nosotros".
Estábamos llenos de esperanza cuando ingresamos al Gran Salón del Pueblo.
Li Peng llegó y le dio la mano a todos los que estábamos ahí. Luego se sentó y empezó a regañarnos. La verdad es que inmediatamente sentimos que la reunión no iba a terminar bien: no se trataba realmente un dialogo o una negociación sino que ya se habían tomado ciertas decisiones políticas.
Se disculpó por haber llegado cinco minutos tarde pero dijo que era por el tráfico, implicando que era culpa de los estudiantes, por la manifestación.
Intercambié unas palabras con Wang Dan y decidí interrumpir al primer ministro.
La organización Madres de Tiananmen sigue exigiendo que se castigue a los responsables de la muerte de sus hijos.
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"Lo siento, primer ministro, puede que usted piense que llegó sólo cinco minutos tarde pero déjeme decirle que, de hecho, su atraso es de un mes. Nos queríamos reunir con los líderes desde el 17 de abril en Zhongnanhai".
"El 22, frente al Gran Salón del Pueblo le imploramos que saliera a hablarnos, así que hoy se cumple un mes de su retraso".
Li Peng intentó entonces a decirnos de qué quería hablar, pero le contesté: "hoy nosotros lo hemos invitado a usted a venir aquí así que somos nosotros los que decidimos de qué queremos hablar".
Pienso que esa actitud sirvió en ese momento para crear un equilibro entre el movimiento y el gobierno.
Nunca se había visto un comportamiento similar en China y creo que fue bueno que lo viera la comunidad internacional aunque, para ser honesto, en ese momento no pensé que era tan importante.
A pesar de que de la reunión no salió nada concreto, demostró que es posible que el pueblo y el gobierno se encuentren como iguales y eso tiene un significado amplio y trascendental para China.
Ma Shao-fang fue uno de los 21 estudiantes perseguidos por el gobierno chino. Pasó tres años en la cárcel y ahora vive en Shenzhen.
Para mí es muy difícil olvidar dos eventos. El primero sucedió luego de que apagaron las luces en la plaza en la noche del 3 de junio.
Estábamos sentados alrededor del obelisco del Monumento de los Héroes del Pueblo. Cuando volvieron a prender las luces, vimos que los tanques del ejército ya estaban dentro de la plaza y, a su alrededor, estaban las tiendas de campaña donde dormían los estudiantes aplastadas.
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Es difícil olvidar esos eventos. Pienso que, ante la fuerza bruta, uno debe demostrar valentía. Uno tiene que valerse de medios no violentos para enfrentar a la violencia y la fuerza bruta
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No podía estar seguro de si todavía había gente bajo las carpas. Es un interrogante que ha permanecido en mi mente hasta el día de hoy.
Más tarde, los soldados y los estudiantes se enfrentaron cara a cara. Los soldados estaban armados hasta los dientes y ponían sus bayonetas contra nuestro pecho para forzarnos a salir de la plaza.
Decidimos hacerlo pero poco después empezó el caos. La gente empezó a gritar "siéntese, siéntese". Yo quedé en la primera fila. La gente cantaba la Internacional y los soldados, yo creo que conmovidos con nuestra valentía, decidieron retirarse.
Es difícil olvidar esos eventos. Pienso que, ante la fuerza bruta, uno debe demostrar valentía. Uno tiene que valerse de medios no violentos para enfrentar a la violencia y la fuerza bruta.
El otro episodio que recuerdo fue que, cuando volvía a mi universidad en mi bicicleta por la tarde del 4 de junio vi a unas personas cargando a un niño de unos 10 años en una tabla rota.
El cuerpo del niño presentaba muchas heridas de bala.
No podía entender cómo pudo ser considerado un criminal. Nunca lo olvidaré. No soporto pensar que los eventos de 1989 tuvieron resultados como ese.
Gao Wenqian era un empleado del Centro de Investigación de Literatura del Partido Central en Pekín. Fue testigo de la demostración del 27 de abril contra el Diario del Pueblo cuya editorial aseguraba que los manifestantes querían causar disturbios.
Ya nos habíamos enterado a través de fuentes bien informadas de nuestra organización que las tropas del gobierno se preparaban para la acción.
Habían dicho que no iban a ser utilizadas necesariamente para reprimir la manifestación. Lo que querían era evitar que los estudiantes salieran de sus universidades. La orden era "deténganlos y bloquéenlos".
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Hemos estado arrodillados por demasiado tiempo y nos estamos levantando para estirar las piernas
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Cuando iba a la oficina, la gente me contaba qué estaba pasando y dónde estaban los estudiantes. Al mediodía decidí que tenía que verlo con mis propios ojos.
Cuando llegué a Li Jiao Qiao vi que a ambos lados de la calle estaban repletos de gente y los estudiantes marchaban en el medio.
Varios profesores ancianos de pelo blanco también tomaban parte y lo que más me llamó la atención fue uno que cargaba una pancarta en la que se leía: "Hemos estado arrodillados por demasiado tiempo y nos estamos levantando para estirar las piernas".
Como estudiante de historia china, entendí inmediatamente lo que significaba su eslogan.
Desde que se estableció la Nueva China (China comunista, en 1949) los intelectuales fueron siempre blanco de críticas en las campañas políticas y tuvieron que sufrir su desgracia y maltrato en silencio.
Mirándolos sentí, en ese momento, que los intelectuales finalmente se habían puesto de pie; sentí que el pueblo chino realmente se había levantado.