Nuevamente los diarios británicos, así como la radio y la televisión, dedican espacios al espinoso tema de la tortura.
En esta ocasión, la discusión fue disparada por dos eventos separados. Por un lado, quien hasta hace poco fue embajador del Reino Unido en Uzbekistán se declaró "víctima de conciencia" pues alega que fue despedido luego de haber criticado el uso de información obtenida por los uzbecos utilizando la tortura.
Aunque la cancillería británica negó esa versión de los hechos y aseguró que el diplomático fue reemplazado por razones operacionales, el impasse reflotó un asunto que está ligado al otro evento que precipitó el renovado interés en el tema.
A finales de la semana, un equipo de doctores comisionados por los defensores de 11 detenidos bajo las "leyes contra el terror" alertaron sobre el deterioro del estado mental de ocho de ellos.
Manos limpias
Las medidas introducidas después de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos le permiten al titular del Interior británico, David Blunkett, detener sin procesar a extranjeros que considere puedan representar un peligro para el país. Los detenidos pueden optar por abandonar el Reino Unido y quedar en libertad.
 |
TORTURA, SEGÚN LA CONVENCIÓN DE LA ONU
La tortura es todo acto, cometido por un funcionario público o con su consentimiento o aquiescencia, por el cual se inflige intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación
Definición según la Convención de la ONU contra la Tortura de 1984
|
Los 11 sospechosos han estado en una cárcel inglesa desde hace tres años, sin saber de qué se les acusa ni cuándo podrán defenderse.
Ante la Corte de Apelaciones, los hombres señalaron que -aunque no se les ha presentado cargos- sospechan que el caso en su contra se basara en información extraída por militares estadounidenses en sesiones de tortura a sospechosos de la red al-Qaida en Guantánamo.
La ley británica prohíbe la tortura, y el Reino Unido es uno de los 127 signatarios de la Convención de la ONU contra esa práctica. No obstante, el juicio de la Corte de Apelaciones fue que los ministros debían de ser "sensatos" en vista de la situación actual.
"No veo cómo ese principio le impide al (ministro del Interior) depender de información que fue obtenida a través de la tortura administrada por agencias de otros estados", señaló uno de los lords de la justicia británica.
Situaciones límite
He ahí uno de los más complicados dilemas morales que la sociedad debe enfrentar una vez más.
Aún se utilizan métodos perfeccionados durante la Inquisición.
|
Para el encargado de resolver estos asuntos en el gobierno de Tony Blair, Blunkett, la posición es clara: "Condenamos sin reservas el uso de la tortura. Sin embargo, sería irresponsable no tener en cuenta cualquier información que pueda ayudar a proteger la seguridad nacional y la del público".
Y la tentación de muchos es estar de acuerdo. Al fin y al cabo, ¿deben los gobierno dejar a un lado información sobre una conspiración para volar el centro de una ciudad porque fue revelada cuando alguien era torturado por miedo a alentar a los torturadores o actuar para salvar vidas?.
La pregunta es similar a aquella con la que quienes, aunque no condonan, justifican la tortura en casos extremos conjuran cuando deben defender su posición: frente a la situación hipotética de qué hacer si se sabe que hay una bomba en un colegio lleno de niños y uno está en poder de la persona que sabe dónde está... ¿es un crimen contra la humanidad torturarlo para que revele lo necesario para evitar que el dispositivo explote o lo no hacerlo?.
Claroscuro
Uno de los problemas es que estas situaciones de emergencia, en las que todo parece ser más gris oscuro y gris claro, son raras. La gran mayoría de quienes son torturados para conseguir información no son más que sospechosos de quizás tener alguna lejana pista que tal vez eventualmente llegue a algo. O de pronto no.
 |
La evidencia proveniente de la tortura es poco fiable intrínsecamente
|
Además, según señalan algunos especialistas como Ellie Smith, abogada de la Fundación médica para el cuidado de víctimas de la tortura, la experiencia demuestra que la tortura casi nunca produce información útil. "La evidencia proveniente de la tortura es intrínsecamente poco fiable".
Ante el dolor, muchos dicen lo que piensan que sus torturadores quieren escuchar, otros se afianzan más en sus convicciones y no hablan o aprovechan la oportunidad para despistar ofreciendo información falsa, e incluso quienes quieren cooperar se encuentran en tal estado mental y físico que les queda difícil recordar.
Por otro lado, expertos como el profesor Paul Wilkinison de la Universidad de St Andrews advierten sobre el costo moral: "la tortura es el microcosmo del terrorismo; es un individuo aterrorizando a otro individuo".
El silencio
Pero la situación plantea un dilema aún más grave. Este artículo podría alargarse hasta convertirse en varios libros que intentaran presentar cada ángulo y concepción de la realidad para contribuir a un debate informado.
 |
Es absolutamente crucial que no convirtamos esta opción desesperada en principio universal
|
Sin embargo, es eso precisamente lo que preocupa a personas como el filosofo y psicoanalista esloveno Slavoj Zizej, quien señala que quienes "no abogan abiertamente por la tortura sino que simplemente la introducen como tema susceptible de ser discutido legítimamente, son aún más peligrosos que quienes la apoyan explícitamente. Al menos, en estos momentos, el apoyo explícito a la tortura se rechazaría como algo demasiado espantoso, pero el mero hecho de presentar la tortura como legítimo objeto de discusión nos permite jugar con la idea mientras mantenemos la conciencia limpia".
Probablemente, frente a situaciones extremas como las mencionadas anteriormente -el prisionero que sabe dónde está la bomba, la información de dudosa proveniencia que descubre un complot- muchos de nosotros optaríamos por violar los derechos que defendemos cuando podemos.
Pero bajo esta visión es "absolutamente crucial que no convirtamos esta opción desesperada en principio universal: dada la inevitable y brutal urgencia del momento, uno debería simplemente hacerlo. Solamente de este modo (prohibiendo la conversión de nuestra acción en principio universal) retendríamos un sentimiento de culpa, la conciencia de la inadmisibilidad de lo que acabamos de hacer".