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Miércoles, 13 de octubre de 2004 - 21:03 GMT
Darfur: "Vamos a ganar esta guerra"
David Beriain y Bostjan Videmsek
BBC Mundo, Darfur

Cuando el todoterreno cruza el último puesto de control del ejército, delante de nosotros se extienden 40 kilómetros de tierra de nadie. Pura sabana africana salpicada de chozas de caña y barro. El frente de guerra.

Campamento del SLA (Foto: David Beriain)
Los yanayawid no atacan nuestras posiciones. Nos tienen miedo. Sólo atacan las aldeas indefensas.
Mahadi Abdullah Mahadi, comandante del SLA

Jalil, nuestro conductor, recorre esa distancia a toda velocidad. La carretera no es más que una senda de tierra, casi oculta entre el pastizal.

Por ella llegamos a Eshme, la primera población controlada por los rebeldes del Ejército de Liberación de Sudán (SLA, por sus siglas en inglés). Cinco guerrilleros, Kalashnikov en mano, nos dan el alto.

Pronto llegan más. Todos están armados. Cada uno lleva un uniforme distinto. Algunos ni eso, sólo jerseys gastados, pantalones de ejercicio con agujeros, y como calzado, unas chanclas.

Todos llevan al cuello amuletos contra las balas.

El que parece el jefe, nos ordena que pasemos a una choza que tiene encima una bandera amarrilla, azul y verde, los colores rebeldes.

Adentro hay un montón de fusiles Kalashnikov, un lanzagranadas y una mesa desvencijada. El guerrillero se sienta ahí y abre un cuaderno en cuya tapa se puede leer "SLA".

El SLA empezó su lucha hace un año y medio. El presidente sudanés, Omar El Bashir, que hasta entonces había despreciado al grupo, calificándolo de "bandidos armados", decidió pasar al ataque.

Como había hecho en la guerra contra los rebeldes cristianos del sur, se vio forzado a armar a las milicias árabes, los yanyawid, para usarlas como infantería de choque.

Sólo que en este caso mucho más, porque en la guerra contra el sur, la mayoría de los soldados que empleó Jartum provenían del propio Darfur.

Yanyawid y ejército juntos

Refugiada sudanesa
Unas 4.000 personas han huído de sus aldeas hacia los campamentos de refugiados.

"Me llamo Mahadi Abdullah Mahadi y soy el comandante de esta zona. Sean bienvenidos al territorio del SLA", dice.

Mahadi nos explica que esta es la última aldea que han tomado para proteger a los africanos negros de los ataques de los yanyawid y del Ejército.

"Atacaron ayer y mataron a uno de los nuestros. Su cuerpo está aquí, tenemos que llevarlo a su aldea. Hay que enterrarlo en 24 horas. Normalmente los yanayawid no atacan nuestras posiciones. Nos tienen miedo. Sólo atacan las aldeas indefensas", dice.

Las últimas incursiones de las que habla Mahadi son las que han provocado el éxodo de refugiados más reciente.

En total unas 4.000 personas que han escapado de sus aldeas para engrosar la lista de los que se hacinan en los campamentos.

De repente suena un zumbido en el aire y los guerrilleros se inquietan. Es la aviación del Gobierno.

"Un helicóptero y dos bombarderos Antonov llevan sobrevolando la zona todo el día, pero no creo que hoy nos ataquen", cuenta Ahmed Mohamed, otro de los guerrilleros.

"Conocemos sus tácticas"

Guerrilleros del SLA (Foto: David Beriain)
Muchos de los guerrilleros parecen tener menos de 18 años.

Mahadi es, a sus 27 años, un soldado de carrera. Luchó como oficial con el Ejército sudanés contra los rebeldes del sur, el SPLA. Decidió unirse al SLA después de que atacaran su aldea. "Ahora el SLA y el SPLA somos hermanos", dice.

El hecho de haber luchado antes del lado del Ejército le da ahora una ventaja táctica sobre el terreno.

"Lo malo es que no tenemos armas suficientes para luchar. Las que tenemos se las hemos quitado a los soldados", cuenta. También les roban la comida.

Una vida austera, aunque estando como está Eshme en medio de la carretera que une Jartum con la Nyala, no es inusual que le cobren peaje a los camiones de suministros que llegan desde la capital.

Salimos de la choza con Mahadi al tiempo que llega un viejo todoterreno en el que han escrito SLA por todas partes. Está repleto de guerrilleros. La mayoría parecen jóvenes.

Le preguntamos al comandante por la edad de los recién llegados y dice que no reclutan a nadie de menos de 18, pero al menos un tercio de los que vemos parecen ser menores.

"Estamos reclutando a mucha gente, incluso en los campamentos de refugiados. Somos unos 200.000. Vamos a ganar esta guerra. Insh Allah (Dios mediante)", dice Mahadi.

Golo, la fortaleza

Campamento del SLA (Foto: David Beriain)
El SLA ha negado en varias ocasiones que reciban ayuda del extranjero.

Golo es la última localidad que controla el Gobierno. A partir de aquí empieza el bastión de los rebeldes, las montañas del Jabal Marra.

Las calles de Golo están surcadas de trincheras donde se apostan algunos nidos de ametralladoras. Los soldados del Ejército sudanés fuman marihuana al atardecer.

Las montañas del Jabal Marra son para los rebeldes de Darfur lo que fue Sierra Maestra para Fidel Castro.

Aquí los hombres del SLA se entrenan, combaten a los yanyawid y hostigan al Ejército. Un bastión donde los soldados sudaneses apenas entran.

Shisram es la primera aldea que nos encontramos y aquí sólo hay mujeres y niños. "Los hombres están en el campamento", nos dice una de las mujeres.

En el Jabal Marra, los hombres luchan y las mujeres trabajan y cuidan de los niños.

Al rato llegamos a una de las bases del SLA. El lugar es poco más que un poblado, con casas de caña y adobe por el que pululan varias decenas de guerrilleros.

Ninguno usa uniforme. Sus armas van desde el sempiterno Kalashnikov a un fusil Mauser de la Segunda Guerra Mundial.

Aquí los guerrilleros no son tan jóvenes como en las líneas del frente más al sur, donde los yanyawid han matado a más de 50.000 personas, la mayoría hombres y jóvenes en edad de luchar.

Veterano de guerra

Guerrillero del SLA (Foto: David Beriain)
Las armas del SLA van desde el sempiterno Kalashnikov a los Mauser de la Segunda Guerra Mundial.

"Darfur ha sido olvidado durante décadas. El Gobierno de Jartum no construye escuelas, ni carreteras, ni hospitales", dice Asadik Abdala Kora, que a sus 28 años es ya un veterano de guerra.

"Además los yanyawid atacan a nuestra gente indefensa. Siempre ha habido luchas entre árabes y africanos. Pero nunca fue peor que ahora", agrega.

Asadik, como los otros comandantes operativos del Jabal Marra, está a cargo de unidades de unos 200 guerrilleros. Esta estructura le permite a cada uno de los grupos operar de forma autónoma.

"Los yanyawid no tienen ninguna oportunidad a la hora de luchar contra los nuestros. Hace 14 días, perdimos seis soldados en una batalla cerca de Golo. Pero ellos perdieron muchos más", relata el guerrillero.

"Es lo habitual. Por eso estoy seguro de que Alá está de nuestra parte. Todos, nosotros y ellos, somos musulmanes, pero los árabes sudaneses no respetan ni a Alá ni a la gente".

Extranjeros en el frente

Guerrillero del SLA (Foto: David Beriain)
El SLA aspira a tener el apoyo de EE. UU. y Gran Bretaña.

Asadik nos cuenta que sus soldados han encontrado pasaportes sirios y libios en los bolsillos de los yanyawid que han matado.

Asegura que se trata de integristas que han acudido a la llamada de los defensores de la supremacía árabe.

"El objetivo de los yanyawid y del gobierno de Sudán es la arabización de Darfur. Quieren expulsarnos a los africanos lo más al sur que puedan", dice.

Salimos de la tienda para ver cómo se entrenan los hombres del SLA. Caminamos junto al comandante, que mira con disgusto los errores de algunos de los reclutas al marchar. "Están aprendiendo, pero cada día somos más".

Desde hace tiempo circulan informaciones que afirman que el SLA recibe ayuda de Estados Unidos a través del SPLA, los rebeldes del sur del país.

Le preguntamos al comandante por los apoyos en el extranjero. Asadik lo niega.

Por lo que se ve sobre el terreno, mucha ayuda no tienen. No hay armas pesadas a la vista y se alimentan sobre el terreno. "Nadie nos ayuda, no como a los yanyawids".

Asadik sabe, sin embargo, que para acabar con las matanzas en Darfur va a hacer falta más que un grupo de campesinos armados.

"La mejor solución sería una intervención militar extranjera, liderada por EE.UU. o por Gran Bretaña. No veo otra salida. Los soldados de la Unión Africana que van a desplegar no son una solución".



ESCUCHE/VEA
Darfur y las enseñanzas de Ruanda
Enfoque - 24.08.2004



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