El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y el vicepresidente, Dick Cheney, respondieron este jueves a las preguntas de la Comisión bipartidista que investiga lo que pasó antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
La Casa Blanca no permitió que Bush y Cheney declararan por separado.
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"Fue una buena conversación y estoy contento por haberme tomado el tiempo... la disfruté", señaló el mandatario tras el encuentro.
Bush, sin embargo, no dio detalles sobre las preguntas que le hicieron, aunque
insistió que tanto él como Cheney respondieron todas las inquietudes de los
legisladores.
"Contesté todas las preguntas que me hicieron, pero prefiero que ellos incorporen mis declaraciones en sus conclusiones", señaló.
Ese informe final se dará a conocer en julio.
Testimonio conjunto
A diferencia de otros funcionarios y ex funcionarios que comparecieron en
las últimas semanas frente a esta comisión, Bush y Cheney no testificaron bajo juramento y la sesión fue a puertas cerradas.
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Si tuviéramos algo que esconder no nos hubiéramos reunido con ellos
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En un principio, la Casa Blanca se había negado a permitir dicho interrogatorio y sólo después, debido a la presión pública, dio su brazo a torcer.
Eso sí, lo hizo bajo sus condiciones: a puertas cerradas, sin grabación, sin transcripción de los testimonios y una aparición conjunta de Bush y Cheney, contrariando el deseo de algunos familiares de las víctimas del 11 de septiembre, que pidieron que ambos funcionarios declarasen por separado.
"¿Cómo pueden explicar que comparecerán juntos? Si no quieren que la gente se pregunte si tienen algo que esconder, entonces, ¿por qué actúan como si lo tuvieran?", señaló Andrew Rice, presidente de "Peaceful Tomorrows" y hermano de una de las víctimas que murieron en las Torres Gemelas.
Pese a las críticas, la Casa Blanca señaló que un testimonio conjunto era
mejor para que los miembros de la comisión pudieran preguntar todo lo que quisieran y aseguró, además, que habían suministrado todos los documentos solicitados por los legisladores.
"Si tuviéramos algo que esconder no nos hubiéramos reunido. Yo también
estaba interesado en este encuentro porque es importante que la comisión
entienda cómo trabajamos y cómo enfrentamos las amenazas", dijo el
mandatario cuando un periodista le preguntó sobre la condición de aparecer
junto a Cheney para hablar con los legisladores.
Condiciones polémicas
Sin embargo, el mandatario se negó a responder la razón de que no haya una
transcripción de sus conversaciones y, a pesar de sus declaraciones, lo cierto del caso es que
la polémica sobre las
condiciones impuestas por la Casa Blanca marcó esta comparecencia.
Las conclusiones de la Comisión del 11-S se darán a conocer en julio.
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Como explicó el profesor de la
Universidad de Winsconsin, Stanley Kutler, "si bien la Casa Blanca señala que es muy generosa al permitir que el presidente se preste a un interrogatorio, también es cierto que no se permitió que se hiciera una
transcripción de esas conversaciones".
"No hay transcripción, así es que ni siquiera sabremos qué dijo; esto es un
reflejo de que no quiere realmente exponerse al escrutinio público", señaló este académico autor de "Las guerras de Watergate".
Es difícil saber qué
puntos específicos tocaron los 10 miembros de la comisión, aunque la misión
principal era obtener detalles y contrastar las declaraciones de otros testigos.
Por ejemplo, una de las preguntas sería sobre la actitud de la
Administración Bush al asumir el poder, después de que el ex asesor en antiterrorismo de la Casa Blanca, Richard Clarke, acusara al mandatario de no prestar suficiente atención a las amenazas de Al Qaeda por estar
obsesionado con Irak.
También se preguntaría sobre otros testimonios y un memorando que el
presidente recibió el 6 de agosto, donde se hablaba de "células durmientes" de la red Al Qaeda dentro de los EE.UU.
Y es que, precisamente, esta comisión intenta descubrir si se hizo realmente
todo lo que se pudo para evitar la tragedia.