Varias tomas de rehenes terminaron con víctimas civiles.
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El secuestro de unos 200 estudiantes en un colegio ubicado en el sur de Rusia no tiene por el momento responsables claros, aunque el gobierno señala a los rebeldes chechenos y son pocos los analistas que elaboran otras hipótesis.
Es que el pasado del movimiento insurgente checheno está plagado de acciones similares a la actual.
Ello sumado a que se han registrado señales en los últimos meses de un renovado ímpetu en la campaña rebelde. Un portavoz prometió incluso nuevas "operaciones de ataque".
La toma de rehenes fue utilizada para llamar la atención internacional, presionar a Moscú o incluso para obtener valiosos rescates.
La primera "operación de ataque" con toma de rehenes tuvo lugar seis meses después de la primera invasión rusa a Chechenia, en 1994, para impedir su secesión.
Un grupo de hombres armados liderados por Shamil "el perro" Basayev detuvieron cientos de civiles en un hospital de la localidad rusa de Budyonnovsk.
Unas 100 personas murieron durante el asalto y tras un fallido intento de liberación por parte de fuerzas especiales rusas.
Al final se acordó negociar la paz en Chechenia y los rebeldes lograron huir.
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El hecho que dejó en evidencia la osadía de los insurgentes y las pocas ganas de negociar de parte de Moscú fue la toma de un teatro en la capital rusa en octubre de 2002
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Las conversaciones de paz fracasaron y el entonces presidente Boris Yeltsin fue muy criticado por dejar en libertad a los asaltantes.
En cadena
En enero de 1996 se produjo otro ataque similar, esta vez en un hospital en la ciudad de Kizlyar, en Daguestán.
Allí el líder rebelde Salman Raduyev retuvo a unas 3.000 personas, liberó a la mayoría y huyó a la frontera con Chechenia.
Poco antes de llegar fue atacado por fuerzas rusas que terminaron la crisis a fuerza de balas. Cayeron rebeldes y víctimas.
Desde entonces hasta la actualidad se han producido hechos parecidos en barcos, aviones y hoteles de lujo, aunque la mayoría finalizaron con la liberación de los rehenes.
No así los numerosos secuestros de extranjeros, notoriamente la toma y ejecución por degüelle de cuatro ingenieros en 1998.
Teatro infernal
Pero el hecho que dejó en evidencia la osadía de los insurgentes y las pocas ganas de negociar de parte de Moscú fue la toma de un teatro en la capital rusa en octubre de 2002.
Setecientas personas fueron retenidas por un grupo de rebeldes a punta de pistola y explosivos adheridas a sus cuerpos.
En total murieron 129 rehenes y 41 insurgentes cuando las tropas rusas atacaron el teatro con un gas, ideado originalmente para que los atacantes perdieran el conocimiento.