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Martes, 31 de agosto de 2004 - 08:27 GMT
Milosevic, el ex hombre fuerte
Slobodan Milosevic, ex presidente de la antigua Yugoslavia.
Para algunos, la paranoia de Milosevic lo alejó del ciudadano común y corriente.
En 1988, cuando ascendía al poder en Serbia, Slobodan Milosevic afirmó ante una manifestación de cientos de miles de entusiastas partidarios que su país ganaría "la batalla por Kosovo".

Milosevic dijo: "Ganaremos a pesar de que los enemigos de Serbia -fuera del país- están conspirando contra nosotros junto a los que están dentro".

En el 2000, su lenguaje era todavía de guerra, de héroes y traidores, pero ya no había grandes multitudes que lo aclamaran, a menos que las llevara en autobuses de las fábricas para participar en concentraciones masivas.

Nadie duda que Milosevic fue a la guerra en Eslovenia, Croacia, Bosnia y Kosovo con el objetivo de ganar. Sin embargo perdió, e hizo de Serbia un estado paria, aislado de la comunidad internacional y en la ruina económica.

Formación comunista

Milosevic, quien nació en Pozarevac, cerca de Belgrado, no tuvo una infancia feliz. Su padre abandonó el hogar después de la guerra y se suicidó en 1962.

Mira Milosevic.
Su esposa Mira predijo que iba a ser presidente.
Su madre fue una maestra de escuela, de filiación comunista, quien también se suicidaría en 1972.

En la escuela, Milosevic conoció a Mira Markovic, el amor de su vida. Markovic procedía de una conocida familia comunista de guerrilleros. Ella aseguraba que un día su Slobodan sería un líder tan glorioso como el propio Camarada Tito, entonces presidente de Yugoslavia.

En 1986, Milosevic fue nombrado jefe del Partido Comunista de Serbia.

La esposa de Milosevic, Mira, predijo que Slobodan sería presidente.

Kosovo y el nacionalismo serbio

El tema de Kosovo transformó la imagen pública de Milosevic. De burócrata poderoso pero aburrido se convirtió en un político carismático.

Milosevic manipuló las quejas de los serbios, una pequeña minoría en la entonces provincia autónoma de Kosovo, de mayoría albanesa, para ascender al poder absoluto.
Milosevic manipuló las quejas de los serbios, una pequeña minoría en la entonces provincia autónoma de Kosovo, de mayoría albanesa, para ascender al poder absoluto. En 1989 fue electo presidente de Serbia.

Sin embargo, el resurgimiento del nacionalismo serbio que alentó Milosevic condujo al resurgimiento de otros nacionalismos latentes en el resto de la antigua Yugoslavia.

Esto conduciría a la sangrienta guerra que desmembró el estado federal yugoslavo entre 1991 y 1995.

Milosevic armó y ayudó a los separatistas serbios en Croacia y Bosnia. Esta política terminó en el desastre cuando en agosto de 1995, Croacia desalojó a los serbios de la autoproclamada República serbia de Krajina.

Para entonces Milosevic había abandonado su retórica nacionalista para hablar de paz.

En las negociaciones de Dayton, en Estados Unidos, en noviembre de 1995, Milosevic logró que Occidente levantara parcialmente las sanciones que habían afectado duramente a la economía serbia desde 1991.

Durante el invierno de 1996-1997, los opositores de Milosevic salieron a las calles para protestar contra su gobierno. Después de las masivas manifestaciones, la coalición de oposición, que dirigió la ola de protestas, se desintegró.

En julio 1997, Milosevic era investido como presidente de Yugoslavia.

La crisis de Kosovo

Para entonces ya se vislumbraba una nueva crisis. En 1989, Milosevic abolió la autonomía de Kosovo. Sin embargo, no pudo alcanzar un arreglo político con los más de un millón y medio de albaneses de la provincia, que exigían la independencia.

Su posición provocó que los nacionalistas kosovares más militantes que abogaban por la lucha armada como modo de obtener la independencia, ganaran más credibilidad entre la población.

El conflicto se agravó en la primavera de 1998. Hacia el verano, cientos de miles de albaneses huían de la policía y el ejército a las colinas.

Por temor a masacres y a que el conflicto traspasara las fronteras de Serbia, los países occidentales y Rusia exigieron que Serbia y los albano-kosovares llegaran a un acuerdo interino de paz en conversaciones en el castillo francés de Rambouillet en febrero de 1999.

Milosevic no estuvo presente en las negociaciones y decidió rechazar las propuestas de paz. Los países de la OTAN que habían amenazado con bombardear a Yugoslavia se vieron ante la disyuntiva de cumplir con su promesa.

Error de cálculo

Milosevic creía que la campaña de bombardeos de la OTAN, de la que su propia residencia fue blanco, dividiría a la alianza y que los rusos lo ayudarían. Los dirigentes de la OTAN pensaban que Milosevic se rendiría en una semana. Todos estos cálculos estaban errados.

Slobodan Milosevic ante el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia, en La Haya.
Milosevic enfrenta 66 cargos de genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad.
La campaña se prolongó por 78 días. Después, el ejército y la policía serbios evacuaron la provincia, que pasó a administración de las Naciones Unidas y a una fuerza de mantenimiento de la paz de la OTAN.

Unos 850.000 albaneses que habían huido durante la guerra volvieron a la provincia mientras que 200.000 serbios y otras minorías étnicas sufrían la represalia de los albaneses.

Una campaña de la oposición para derrocar a Milosevic fracasó en el verano de 1999.

El país se vio cada vez más asolado por la mafia y la violencia política.

Montenegro, el único asociado de Serbia en la Federación Yugoslava, trató de distanciarse de su hermano mayor.

La caída

Milosevic, acusado por el Tribunal de Crímenes de Guerra para la antigua Yugoslavia de La Haya, se le ve cada vez menos en público.

Sus asesores no lo veían durante semanas, y pocas de las personas más informadas de Belgrado sabían su paradero.

Para algunos, Milosevic estaba cada vez más paranoico y había perdido contacto con lo serbios comunes y corrientes, que a pesar del control estatal de los medios de comunicación, ya no confiaban en él.

Pocos creían que cedería el poder a voluntad, debido a que su esposa, la única persona en la que confía, decía que el régimen tenía que ser defendido a toda costa de los "traidores" y "fascistas".

En octubre de 2000, Milosevic fue derrotado en las elecciones contra el líder de la oposición, Vojislav Kostunica.

Milosevic se rehusó a reconocer los resultados de las elecciones y una multitud se manifestó en su contra en las calles de Belgrado.

El ejército apoyó las manifestaciones y el 6 de octubre Milosevic concedió el poder.

Una encuesta realizada en febrero de 2001 concluyó que el 60% de la población quería que se presentara ante el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia, en La Haya.

Sin embargo, el ex hombre fuerte de Yugoslavia no lo hizo de manera voluntaria. A finales de marzo de 2001 fue arrestado en Belgrado.

Un mes después fue deportado a La Haya y en febrero de 2002 se convirtió en el primer ex jefe de Estado en ser juzgado por la justicia internacional, enfrentando 66 cargos de genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad.

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