Los chiítas son el 60% de una población de 26 millones
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"No dudo por un momento que la autoridad final debe estar en manos de los sunitas, pese a su inferioridad numérica, ya que de lo contrario tendremos un estado teocrático, que es el mismo infierno"
(Gertrude Bell, arqueóloga y funcionaria británica en Mesopotamia después de la primera guerra mundial).
En Irak los chiitas son mayoría, son el 60% de una población de 26 millones, completada por sunitas -a los que pertenecía Saddam Hussein- y kurdos, musulmanes también pero no árabes.
Bell fue considerada "la reina sin corona de Irak".
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Son también el centro de peregrinaciones y protestas, en la que expresan su fervor religioso en unas y su rechazo a Hussein y Estados Unidos en otras.
Para Gertrude Bell no se trataba más que de gente "encarnizadamente devota", "violenta e intratable", "extremista", "fanática y conservadora".
Londres siguió al pie de la letra los consejos de esta aventurera victoriana y facilitó la creación de Irak con un gobierno sunnita.
Esto se mantuvo hasta nuestros días, Saddam Hussein y los suyos se aseguraron con mano de hierro de que Irak no terminara dividido en un estado kurdo al norte, uno sunita en el centro y uno chiita en el sur.
Una historia de marginación
Sangre en señal de luto por el patriarca Hussein, asesinado en el siglo VII.
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Si bien los chiitas son mayoría en Irak e Irán, alcanzan apenas el 10% de la población musulmana en el mundo.
Y arrastran además una historia de marginación y represión incluso de parte de sus hermanos árabes.
La última experiencia en ese sentido fue con el imperio turco otomano y luego con Hussein, que los mantuvo bajo su bota durante 24 años.
Esa historia de represión moldeó una fe basada en el sacrificio y la resistencia.
"A los chiitas, como a cualquier otra comunidad perseguida (...) les caracteriza el cerrilismo: un cuidado obsesivo, fanático y ortodoxo por mantener pura su doctrina", dijo el periodista y escritor Ryszard Kapuscinski en su libro "El Sha".
Los chiitas son seguidores de Alí, yerno de Mahoma, considerado la continuación de la familia ya que él sólo tuvo hijas.
Los sunitas, en cambio, reconocen a otros califas que sucedieron al profeta antes de que Alí llegara al califato.
Pero éste fue asesinado, al igual que sus hijos y sucesores, Hassan y Hussein. Desde entonces, siglo VII, el califato estuvo en manos de sunnitas.
La palabra del ulema
"Tenemos nuestros eruditos, y ellos tienen un mensaje de Dios. Dejemos todo en sus manos que ellos se encargarán de nosotros desde el nacimiento hasta la muerte. Haremos lo que ellos digan", sentenció Nasiy Al Yasiri, participante en una manifestación contra EE.UU.
Son palabras que no deberían sorprender en el Irak actual, donde los clérigos chiitas -con su voz poderosa- ocupan el vacío dejado por el régimen de Saddam y el único liderazgo de confianza para la población chiita.
Y ellos fueron quienes convocaron la peregrinación desde sus mezquitas.
Los ayatolá más veteranos gozan de un amplio poder en el Irak post Saddam Hussein.
"Cada chiita elegirá un clérigo al que seguirán en el día a día y al que también pagarán un impuesto religioso, ese es un factor clave. El ayatolá más sabio o carismático recibe más dinero, poder e influencia", dijo a la BBC el experto en Islam, Baqer Moin.
Diferencias de opinión
Jomeini revolucionó Irán y al chiísmo.
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Pero la religión y la política no son un cóctel atractivo para todos los chiitas.
Es un dilema que también se empieza a discutir en Irán, donde los reformadores enfrentan la dura resistencia de los ayatolá más conservadores.
Como dice Jane Little, de la BBC, fue el ayatolá Jomeini, líder de la revolución islámica en Irán, quien también revolucionó el chiísmo.
La fe chiita cree en 12 líderes que guían a la humanidad, el último será uno que se revelará para establecer la justicia en la Tierra.
Pero Jomeini argumentó que en su ausencia son los clérigos quienes tienen que comprometerse políticamente.
Irak es Irak
Y es por eso que los expertos en el tema no creen que los chiitas de Irak sean influenciados por los de Irán, como dejó entrever Estados Unidos, contrario a la creación de un gobierno teocrático.
Tras la guerra, los árabes fueron expulsados de Kirkuk (norte) por los kurdos.
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De momento es cierto que son la autoridad más reconocible y confiable pero "la mayoría de los clérigos no quiere saber nada de política", dijo el prominente chiita Laith Kubba a la BBC.
Little asegura que muchas de las protestas en las calles de Irak reclaman un gobierno islámico pero no queda claro en realidad a qué se refieren.
Por el momento la religión es un poderoso símbolo de protesta y de unión para una población que se quiere hacer oír tras siglos de marginación.
Falta conocer si Estados Unidos les escuchará finalmente o si oirá, por el contrario, la lejana voz de Gertrude Bell.