Es interesante buscar un denominador común al primer ministro de Israel, Ariel Sharon, y al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Yasser Arafat.
Ambos enfrentan oposición en terreno propio.
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Estos días, no parece difícil hallarlo: ambos gobernantes se enfrentan a serias crisis internas, aunque ambos irradian una gran confianza en cuanto a sus probabilidades de sortearlas con éxito.
El escenario político en el que Sharon sintió este miércoles claramente la crisis, es su propio partido Likud, cuya Convención se reunió para tratar la pregunta de si aprobar o no la incorporación del Partido Laborista a la coalición de gobierno.
El premier, más allá de recalcar que "no acepto boicotear a nadie, porque nosotros mismos ya fuimos antes boicoteados", es consciente del apoyo concreto que el laborismo daría a su plan de separación de la Franja de Gaza.
Insurgentes
Sharon: la crisis es en su propio partido, el Likud.
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Pero el líder de los así llamados "insurgentes" dentro del Likud, el ministro Uzi Landau, teme que eso sea el inicio de un proceso en el que "nosotros terminemos poniendo en práctica las políticas de Shimon Peres", en referencia al jefe del laborismo, sinónimo -según los rebeldes del Likud- de una política proclive a concesiones exageradas a los palestinos.
De fondo -cabe recordar- está el hecho de que, independientemente de las discrepancias internas en el Likud, no ha desaparecido la tensión general entre Israel y los palestinos, la recurrencia de la violencia y los numerosos problemas que separan a las partes.
La huelga de hambre de parte de los presos palestinos encarcelados en Israel, es sólo una de sus manifestaciones y, si bien ocupa numerosos titulares, no es por cierto la más compleja.
También los profetas...
Las voces que se oyen en la Convención del Likud, en favor y en contra de la incorporación del laborismo a la coalición gubernamental -lo cual equivale en este caso a decir en favor o en contra del plan de separación de Gaza-, son escuchadas claramente también desde los territorios palestinos.
Arafat: por ahora nadie logra quitarlo de su puesto.
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Allí se convencen cada vez más de que Sharon habla en serio cuando dice que piensa retirarse de la Franja de Gaza. Justamente es esa convicción uno de los elementos que aceleró la crisis interna palestina.
La perspectiva de que Israel no esté y que su retirada cree vacíos que todos quieran ocupar, desató choques en la Franja de Gaza que en realidad tienen raíces más antiguas, en la dinámica inherente al manejo de la Autoridad Nacional Palestina.
Es por eso que Yasser Arafat admitió por primera vez que la Autoridad Nacional Palestina ha cometido errores en todo lo relacionado a la imposición del orden interno, aunque intentó restar importancia al tema diciendo que "todo ser humano se equivoca" y que "también los profetas cometían errores".
De hecho, un grupo de legisladores palestinos que investigó la situación a raíz de los últimos incidentes internos de violencia, llegó a la conclusión de que "la razón principal del fracaso de las fuerzas de seguridad palestinas y su falta de acción en la reinstauración de la ley y el orden, es la total falta de decisión política clara".
"Comienzo del fin"
La falla, pues, está en el liderazgo palestino.
Aún en medio de graves problemas y de que desde hace ya varias semanas se habla del "comienzo del fin" de Arafat, está claro que por ahora nadie logra alejarlo de su cargo.
Pastor palestino frente a un asentamiento israelí: la tensión entre las dos partes no cede.
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En cuanto a Sharon, sólo maniobras democráticas podrán removerlo.
Y de todos modos, en relación con la convención del Likud, inclusive con su derrota, sale ganando.
¿Por qué?
Porque aunque los "rebeldes" obtuvieron la mayoría a su propuesta contra un gobierno que incluya al laborismo y marche más rápido hacia la separación de la Franja de Gaza, Sharon no sólo no está obligado legalmente a aceptarlo, sino que ganará puntos ante el público como quien sigue adelante en camino a la retirada, contra viento y marea.