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Lunes, 22 de marzo de 2004 - 15:22 GMT
Una espera tensa y compleja, antes de salir
Jana Beris
Jana Beris
BBC Mundo, Jerusalén

Recorrer la parte israelí de la Franja de Gaza, equivale a entrar a un complejo mosaico en el que conviven las expectativas de una solución, la esperanza de un cambio y un profundo escepticismo.

Harel en su clase de batería
"Vivo como siempre, no tengo problemas, no tengo tanto miedo", dice Harel quien estudia batería.

Aquí hay 17 asentamientos que el primer ministro Ariel Sharon promete evacuar, bases militares que algunos consideran al menos en parte dejar en pie, inclusive después de la retirada y muchas preguntas de por medio.

Nada parece tan agudo cuando nos acercamos al centro comunitario de Neve Dkalim, el mayor asentamiento en el bloque de colonias Gush Katif y oímos de fondo la música fuerte, la batería, que un profesor llegado desde afuera de la Franja de Gaza, enseña a niños de los colonos. "Tratan de vivir con normalidad", nos dice el profesor.

Y Harel, de 11 años, uno de sus alumnos, afirma que eso es posible. "Vivo como siempre, no tengo problemas, no tengo tanto miedo", afirma. Pero luego cuenta que en más de una oportunidad, al volver de una actividad, hubo disparos hacia el autobús en el que viajaban él y sus compañeros.

"Pero estaba blindado y a nadie le pasó nada", dice con total tranquilidad como si eso fuera parte lógica de una rutina normal.

"No nos parece lógico"

Los colonos hablan de "milagros" al preguntarse cómo es que los miles de proyectiles que hicieron blanco en sus asentamientos en los últimos años, no mataron a decenas o centenas de personas. Pero cuando no hay disparos ni explosiones, la atmósfera es engañosamente pastoral.

Yehuda Haimenrat
Hay que trabajar con toda la imaginación y ver qué se puede hacer. Pero por ahora, no planeamos cómo reaccionar si vienen a sacarnos, sino cómo luchar para que no se llegue siquiera a ese momento
Yehuda Haimenrat, colono argentino

Yaakov Menashe, un agricultor de cultivos orgánicos, de 30 años, habla sin embargo de los temores de fondo. Conversamos con él en la instalación de empaquetamiento en el asentamiento Gadid, en medio de gran cantidad de cajas con lechugas y perejil prontos para ser exportados.

"Hoy parece desconectado de la realidad esperar que la gente que está aquí hace 20 ó 30 años, se pare y se vaya... No nos parece lógico que alguien pueda tomar todo esto y pasarlo a otro lado, como si fuera una pieza de ajedrez",recalca.

Quien ya se sintió años atrás de esa forma, es Yehuda Haimenrat. Hace varias decenas de años llegó de Argentina a vivir en Israel. Era uno de los habitantes de la localidad de Yamit, en la península del Sinaí, desmantelada en el marco del acuerdo de paz con Egipto.

Hoy, desde su nueva casa en Neve Dkalim, afirma que la evacuación es un serio trauma que no quiere volver a pasar. Y lo ejemplifica con un caso personal, contando que al volver un día de la escuela dos de sus hijas menores le contaron horrorizadas lo que el rabino les había dicho: si no rezan bien, habrá una evacuación.

"Fui al director del colegio y le dije que cambie a su rabino, que dice estupideces", nos cuenta, agregando que el propio director reveló otra advertencia del rabino, que al parecer dijo también que si no rezan como es debido, habría un holocausto.

Yaakov Menashe, agricultor
Hoy parece desconectado de la realidad esperar que la gente que está aquí hace 20 ó 30 años, se pare y se vaya... No nos parece lógico que alguien pueda tomar todo ésto y pasarlo a otro lado, como si fuera una pieza de ajedrez
Yaakov Menashe, agricultor

"Pero mis hijas no pasaron un holocausto, mientras que sí pasaron una evacuación y es eso lo que los presiona mucho", agregó Yehuda con una amarga risa.

Está decidido a combatir lo que el premier Sharon cree será una retirada ineludible. "Hay que trabajar con toda la imaginación y ver qué se puede hacer. Pero por ahora, no planeamos cómo reaccionar si vienen a sacarnos, sino cómo luchar para que no se llegue siquiera a ese momento, a la aprobación y puesta en práctica del plan", sostiene.

Diferencias

Donde no se puede actuar en base a especulaciones políticas, es en el ejército. Nos dirigimos a una base militar en la parte central de la Franja de Gaza, esta vez para entrevistar al Mayor David Ram, vice comandante de un batallón en la unidad de combate Guivati.

Mayor David Ram
Es difícil ser optimista hoy en día, pero espero que podamos ir por otro camino, no el de la fuerza. La fuerza tiene que estar para que del otro lado no piensen en la opción del terror
Mayor Davi Ram

Oriundo de Argentina, llegó aquí muy joven y en medio del combate, analiza la situación. "Es difícil ser optimista hoy en día, pero espero que podamos ir por otro camino, no el de la fuerza. La fuerza tiene que estar para que del otro lado no piensen en la opción del terror. Pero por ahora, eso no existe".

Como militar, no quiere ni puede entrar en política. Y al preguntarle sobre casos en los que palestinos civiles mueren durante operativos israelíes en los que los buscados eran jefes armados, es terminante.

"La diferencia entre mandar a una persona a explotar en un restaurante, o en un bar, una discoteca, un autobús -lo que está sucediendo aquí hace años- y perseguir a un terrorista y que en un tiroteo con él, que un tiro llegue a un inocente, algo que es terrible pero puede pasar, es una diferencia muy grande".

"Si no me voy, me llevarán"

No todos tienen ya claro cómo van a reaccionar en el momento de la verdad. Yehuda Haimenrat dice que por ahora, lo que cuenta es tratar de impedir el plan. Él, en lo personal, trata de evitar una respuesta directa cuando preguntamos si estaría dispuesto, por ejemplo, a morir con tal de no irse de Gush Katif.

Ornit y Adi
Ya estamos acostumbradas a la situación actual y a decir verdad, ya no pienso si los palestinos sufren, porque ellos lo buscan
Ornit y Adi

"No sé, me imagino que si no me voy, me llevarán. Si me dicen que me quedo acá con los árabes y que si me quedo ellos me matan, puede ser una pregunta interesante. Me imagino que me quedaré acá".

Horas antes, cuando estábamos en camino a la base de David Ram, aguardábamos el vehículo anti balas del ejército, en el puesto de Kisufim. Dos amigas, Ornit y Adi, venden allí café, golosinas, bebida y sandwiches a los soldados de la base cercana.

Recordando nostálgicas épocas de menos roce constante, afirman que "ya estamos acostumbradas a la situación actual" y que "a decir verdad, ya no pienso si los palestinos sufren, porque ellos lo buscan".

Aún así, combinan el pesar por la situación de conflicto, con resignación y una convicción de que la paz, no llegará "tan rápido como para que la veamos".

Resulta espeluznante oírlo, al saber que tienen sólo 25 años.



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