El domingo 14 de marzo los españoles están llamados a acudir a las urnas. Muchos analistas predicen una tercera victoria consecutiva del conservador Partido Popular ante una oposición de izquierda que no habría sabido articular un mensaje político claro.
El candidato conservador a suceder al presidente Aznar es Mariano Rajoy.
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A dos semanas de las elecciones generales, los candidatos recorren el país entero en la recta final hacia las urnas. Los candidatos pisan el acelerador y se muestran preocupados por captar aquellos votos todavía indecisos que han demostrado ser decisivos en los últimos procesos electorales.
Mariano Rajoy, el candidato del gobernante Partido Popular (PP) y aspirante a continuar el gobierno de centro derecha de José María Aznar, advierte a los votantes que no hagan "experimentos" que alteren el orden social, constitucional y económico en España.
Rajoy presenta a su partido como un "partido de centro, al servicio de todos", respaldado por "ocho años de progreso y bienestar". La economía es uno de los dos pilares del mensaje político con el cual el PP quiere repetir la mayoría absoluta lograda en las últimas elecciones por Aznar. "Nuestra economía está entre las primeras del mundo y cada vez estamos más cerca del nivel de los países más ricos de Europa", afirma Rajoy.
La alternativa socialista
Pero la sostenibilidad económica es precisamente lo que la oposición del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) pone en duda. Su candidato a la presidencia, José Luis Rodríguez Zapatero, denuncia que las cifras de crecimiento españolas se basan "en ladrillo", es decir, que el boom del sector de la construcción no es el sustento para el avance a largo plazo.
Efectivamente, España ocupa, por ejemplo, el penúltimo lugar en número de patentes registradas en la Unión Europea. Zapatero pronuncia lo que muchos españoles dicen sentir: que Aznar ha gobernado con "arrogancia" frente a la opinión pública, como reflejó su apoyo a la invasión de Irak, mientras que un 90% de la población se oponía a este paso.
Rodríguez Zapatero debe demostrar su capacidad de liderazgo en la izquierda en esta elección.
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"Este país no se merece este Gobierno", dice Zapatero, apostando porque ante las urnas los votantes compartan su acusación de una gestión conservadora "intolerante, autoritaria, y de entrega a los poderosos" del PP.
La sombra de ETA
La política antiterrorista es el segundo pilar de la estrategia electoral del Partido Popular. Según los analistas, gran parte de la gestión de gobierno se supeditó con éxito al combate en todos los frentes de la violencia separatista a manos de ETA y de su entorno político en el País Vasco.
Pero esta estrategia ha sido aplicada también contra el PSOE, aprovechando, por ejemplo, sus alianzas políticas que le permiten gobernar en Cataluña apoyados por un partido que dialogó recientemente con ETA. En el calor de la lucha electoral se ha intentado crear la imagen de un PSOE que por "ansias de poder", según el Gobierno, acepta pactos con agrupaciones que "dialogan con los terroristas", como acusa también Mariano Rajoy.
Muchos catalanes mostraron su indignación y solidaridad con el resto de España ante la amenaza de ETA.
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Gaspar Llamazares, líder de Izquierda Unida, la tercera fuerza política nacional, acusa que "para le Partido Popular la política antiterrorista es un patrimonio de partido, para dividir a los demócratas, para confrontar con Euskadi (País Vasco) y con Cataluña", dice el líder de esta agrupación.
¿La tercera del PP?
El PSOE, que ostentó el poder bajo Felipe González durante una década antes de que llegara Aznar, quiere romper con la mayoría absoluta del PP. A dos semanas de los comicios las encuestas están divididas, aunque muchos españoles parecen compartir la sensación de una nueva victoria del PP. Los analistas señalan aquí la dificultad de cualquier oposición ante la "inercia electoral" que dio dos victorias consecutivas al actual Gobierno. Asimismo, el PSOE no habría sabido formular un mensaje político convincente y enfocado en temas concretos.
Pero a pesar de esta clase de previsiones, la prueba real será en el momento de votar. Zapatero apuesta precisamente por esta última fase, le gustan las rectas finales, "soy un hombre del sprint final", dice.