Durante años, el primer ministro israelí, Ariel Sharon, habló sobre "concesiones dolorosas en aras de la paz", sin entrar demasiado en detalles. En los últimos meses comenzó a ser un tanto más específico. Y ahora dio otro paso adelante, al anunciar que ya ha ordenado planear la evacuación de los 17 asentamientos israelíes de la Franja de Gaza.
La decisión de Sharon no ha gustado a los colonos, pero es entendida por la mayoría de israelíes.
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No se trata por cierto de un desmantelamiento que se concretará de inmediato, pero sí de una etapa nueva y más clara en la implementación del plan de separación unilateral de los palestinos que Sharon comenzó a defender hace algo más de dos meses.
Pero hablar únicamente de los asentamientos de Gaza daría una imagen parcial de la situación, ya que ese paso significa evacuar también instalaciones militares israelíes en Gaza, aunque de ello no ha hablado Sharon en la entrevista sobre el tema que concedió al matutino israelí "Haaretz".
Es más: la "reubicación" de los asentamientos de Gaza -como el premier prefiere llamarlo- será al parecer parte de un primer plan más amplio, que incluiría también a colonias aisladas en distintos puntos de Cisjordania.
Por más que el viceministro de Educación, Tzvi Hendel -él mismo residente en la localidad Ganei Tal en la Franja de Gaza-, alegue que mediante el plan de retirada, Sharon quiere desviar la atención de las investigaciones policiales que debe protagonizar por supuesto soborno, es precisamente la tormenta airada desatada en la derecha lo que da la sensación de que, esta vez, Sharon habla en serio.
Si bien las declaraciones aún no significan que mañana las colonias sean desmanteladas, no parecería que Sharon esté jugando. La orden de preparar la evacuación fue dada al general retirado Giora Eiland, que tiene a su cargo el equipo encargado del plan de separación unilateral de los palestinos.
Presiones del exterior
Los palestinos están descontentos con el muro que les separa del resto de Israel.
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Salir de Gaza y de los asentamientos más aislados de Cisjordania -pero de la primera zona en especial- equivale no sólo a reducir presiones políticas exteriores sobre el gobierno de Sharon -ya que mostraría que él mismo comienza a moverse- sino también a bajar el peso que la presencia en dicha zona supone desde el punto de vista de seguridad.
Mientras las reacciones de los colonos y de la derecha en general son airadas, está claro que en el seno de la población israelí la retirada de la Franja de Gaza es prácticamente consenso desde hace mucho.
Es verdad que también sobre ella hay discrepancias acerca de cuándo es mejor hacerlo y todavía existen dudas de si salir de Gaza cuando no hay acuerdo no puede incrementar la violencia en lugar de traer la paz. Pero los israelíes, en general, hace mucho que sienten que no tienen que hacer en Gaza. Y Sharon lo sabe.
Salir de Gaza sería para Israel- a pesar de los choques con la derecha y la posibilidad de que Sharon tenga que buscar un gobierno alternativo al que formó con la derecha- un gran alivio.
Además, no chocaría ni con la necesidad de seguir adelante con un plan unilateral si es que no se reanudan negociaciones con los palestinos, ni con la posibilidad alternativa, de que se vuelva a la "hoja de ruta" y se logre un acuerdo negociado. De todos modos, hace ya tiempo que Sharon está seguro, de que en ningún acuerdo futuro "habrá judíos en la Franja de Gaza".