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Viernes, 5 de diciembre de 2003 - 18:20 GMT
Rusia: apatía del electorado
Steve Rosenberg
Steve Rosenberg
BBC, Moscú

Ante la mirada de 5.000 fanáticos del hockey de hielo en Siberia, el partido más importante del año es entre los Halcones de Omsk y el Dínamo de Moscú. Pero en el ambiente preelectoral a pocos días de los comicios parlamentarios, este juego es mucho más que deporte. Hay un ingrediente político también.

Gente en la calle en Omsk, Rusia
Se espera que se presenten pocos a votar el 7 de diciembre.

Antes del inicio del partido se escuchan a las tribunas cantar la canción pop que habla de "Rusia Unida", el partido político favorecido por el presidente Vladimir Putin.

Luego, como parte del espectáculo, la bandera tricolor vuela por los aires y aterriza sobre el logo de "Rusia Unida".

Cuando se pertenece al partido de gobierno, uno se puede dar el lujo de hacer este tipo de cosas.

Lo que no puede un hacer es, al menos en una democracia, obligar a la gente a votar y a emitir un voto a su favor. Y lograr que el electorado ruso se entusiasme ante las elecciones del 7 de diciembre no ha sido cosa fácil.

(Los rusos) no están acostumbrados a tomar decisiones; ellos sólo quieren que el gobierno decida lo mejor para ellos
Vika Litvintseva, Halcones de Omsk

Vika Litvintseva, quien trabaja con el equipo los Halcones de Omsk, cree que los rusos han perdido la fe en el Parlamento y han puesto toda su confianza en el presidente Putin.

"Ellos no quieren votar, no creen poder cambiar nada", dijo.

"Es por lo que pasó en nuestra historia. La gente en Rusia, desde el inicio de los siglos cuando sólo teníamos un gobernante, un zar, está acostumbrada a ser gobernada por una sola persona", añadió Litvintseva.

"Ellos no están acostumbrados a tomar decisiones; ellos sólo quieren que el gobierno decida lo mejor para ellos", concluyó.

Régimen estricto

LUCHA POR SOBREVIVIR
Mujer rusa
A ellos no les importamos. La democracia no me trajo nada más que la ruina
Babushka Tanya

Al recorrer las calles de Omsk no nos sorprendió que la única evidencia de la realización de las elecciones fuese la presencia de cinco solitarias figuras, vestidas como promotores políticos, portando una bandera.

Aún un tipo como Dmitry, vestido con delantal amarillo, no demostró estar muy emocionado por las elecciones.

"Creo que si un solo partido gobierna el país, es mejor. Ese partido da órdenes y esas órdenes se obedecen", expresó.

Sobre los partidos políticos Dmitry añadió: "Cuando hay muchos partidos, nadie asume ninguna responsabilidad. En Rusia tenemos un dicho, que dice que 'cuando un niño tiene siete niñeras, acaba perdiendo un ojo".

Me dirigí a la Universidad de Omsk en busca de las opiniones de estudiantes y de algún tipo de entusiasmo por la democracia. Pero me equivoqué.

Olga me confesó que eran pocas las personas que creían que su voto sería de alguna importancia en esta elección.

"Mucha gente aún está acostumbrada a un solo partido y no se sienten cómodas con la pluralidad", dijo.

Alexandra, otra estudiante, dijo preferir un régimen más estricto: "La democracia no es para nosotros", afirmó.

Por supuesto que en las democracias de Occidente también es posible encontrar este tipo de indiferencia hacia los procesos electorales, pero las expresiones que recogí demuestran que más que una simple apatía, aquí hay una profunda desilusión.

Pueblo fantasma

Imprenta en Omsk
En los últimos meses la policía ha visitado la imprenta varias veces.

Sin embargo, no todos en Omsk han perdido el interés en las elecciones. En una imprenta local, activistas del Partido Comunista de Omsk estaban ocupados imprimiendo volantes como parte de su campaña, la cual denunciaron que estaba siendo "saboteada por las autoridades".

Pero los problemas de la democracia en Rusia son más profundos y tienen más que ver con el fracaso económico.

En los suburbios de Omsk visité la granja colectiva de Baikal. En los tiempos en los que Rusia era gobernada por un solo partido, la granja era próspera, tenía una planta procesadora de leche, un frigorífico para la carne y sus campos estaban llenos de trigo.

Hoy, el lugar parece un pueblo fantasma. Lo que queda de la maquinaria se oxida bajo un manto de nieve. Lo que antes eran establos llenos de actividad, hoy no son más que nichos vacíos.

Babushka Tanya ha vivido aquí durante 35 años. Ella nunca fue rica, pero al menos, según cuenta, en tiempos soviéticos el estado le aseguraba un suministro estable de comida y suficiente dinero para comprar ropa.

A cambio, cuando había una elección, ella aceptaba que sólo hubiera un partido por el cual votar.

Desilusión

En la Rusia democrática de hoy, ella tiene más de 20 partidos para elegir , pero no está contenta.

La vida de Tanya es una batalla diaria por sobrevivir. "En el pasado sólo había un partido. Pero la vida era mejor", dijo.

"Hoy la gente en el parlamento sólo está para llenar sus propios bolsillos", añadió.

Los áridos campos de la granja Baikal ilustran a la Rusia de hoy, donde la democracia no ha alcanzado a toda esta vasta tierra.

Lo que la gente quiere, luego de años de reforma caótica, es una dirección. Pero pocos creen que lo lograrán al elegir a un nuevo parlamento.



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