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Ben Wright
Analista político, BBC
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¿Relación especial o riesgosa ruleta política?
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Desde los años de la Segunda Guerra Mundial, la relación entre Estados Unidos y el Reino Unido ha sido calificada de "especial".
Los valores culturales y la herencia histórica que los dos países angloparlantes comparten han sido vistos como el pilar de la cooperación diplomática y militar anglo-estadounidense.
Desde que el premier británico Winston Churchill acuñara el término de "relación especial" en 1946, y especialmente durante los años de la Guerra Fría, se hizo patente una particular cercanía entre ambos poderes.
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Para algunos analistas la relación entre los dos países, más que especial, ha sido desigual, o marcada por la infidelidad o el desbalance.
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Y esta "proximidad" se manifestaba no sólo en el legado histórico y cultural común a las dos naciones, sino más concretamente en temas como la diplomacia y la defensa y cooperación nuclear.
Pero detrás del calificativo de "relación especial" se esconde un significado mucho más colorido y complejo de lo que la simplicidad de esa frase sugiere.
Para algunos analistas la relación entre los dos países, más que especial, ha sido desigual, o marcada por la infidelidad o el desbalance.
Tiempos de crisis
Históricamente, los tiempos de crisis han hecho que aparentemente la "relación especial" a ambos lados del Atlántico florezca y aparezca como una relación monógama.
Churchill acuñó el término "relación especial".
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El calificativo ha vuelto a aparecer para describir los nexos anglo-estadounidenses luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, e incluso el presidente, George W. Bush, dijo al Congreso en Washington, que su país no contaba con "un amigo más verdadero" que Gran Bretaña.
Y es un hecho que el primer ministro británico, Tony Blair, ha dado todo el apoyo posible a Bush en su real -y retórica- "guerra contra el terrorismo".
A lo largo del tiempo, ambos países han obtenido ganancias de su relación.
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Gran Bretaña ha podido continuar, mediante su relación con Estados Unidos, ejerciendo una influencia en los asuntos internacionales mucho más allá de lo que le permitía su estatus de antigua potencia imperial.
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Además de asegurar protección militar, Gran Bretaña ha podido continuar, mediante su relación con Estados Unidos, ejerciendo una influencia en los asuntos internacionales mucho más allá de lo que le permitía su estatus de antigua potencia imperial.
Washington, por su parte, ha ganado un aliado leal en Europa, que durante los años de la confrontación con la extinta Unión Soviética le proporcionó una base estratégica en el Viejo Continente.
Discrepancias y presiones
A pesar de las ganancias, la relación no ha sido siempre armónica.
Thatcher pidió a Bush, padre, actuar con decisión en el Golfo Pérsico.
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Esto se hizo evidente durante la llamada Crisis del Canal de Suez, y otra vez, durante los días de la Guerra de Vietnam cuando Londres resistió las presiones de Washington para enviar tropas al país asiático.
El premier británico, Harold Wilson, enfadó a Washington en la década de los años 60 al no comprometerse con la política estadounidense en el Lejano Oriente.
E igualmente las objeciones británicas no fueron tomadas en cuenta en ocasiones como cuando la invasión estadounidense a la isla caribeña de Granada en 1983 y cuando Washington utilizó bases británicas para bombardear Libia en 1986.
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Londres ha buscado en ocasiones contener o aminorar las acciones de Washington, o por el contrario, ha sido Gran Bretaña quien con frecuencia ha empujado a la acción a su aliado americano.
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Londres ha buscado en ocasiones contener o aminorar las acciones de Washington, como durante la Guerra de Corea, o por el contrario, más recientemente, en el período posterior a la Guerra Fría ha sido Gran Bretaña quien con frecuencia ha empujado a la acción a su aliado americano.
Fue la primera ministra Margaret Thatcher quien pidió al primer presidente Bush actuar "con decisión" en el Golfo Pérsico, y fue Blair quien comprometió a un reticente Bill Clinton a intervenir en el conflicto de Kosovo.
Ruleta política
La "relación especial" anglo-estadounidense ha tenido a veces un matiz de relaciones personales a pesar de asimetrías ideológicas.
Como ejemplos se pueden citar el entendimiento entre el conservador Harold Macmillan y el demócrata John F. Kennedy, que fue especialmente bueno, y el vínculo entre el republicano Henry Kissinger y el laborista Jim Callaghan.
Bush y Blair reinvidican una "relación especial" tanto en lo político como en lo personal.
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Y aunque en la actualidad el republicano Bush y el laborista Blair reivindican una "relación especial" tanto en lo político como en lo personal, la realidad es mucho más compleja de lo que parece.
En casa, el entusiasmo de Blair por las políticas de Bush le está costando la alienación de su propio partido.
Desde que la Guerra de Irak era sólo una perspectiva alarmante, muchos sectores del laborismo británico comenzaron a preguntarse qué tenía Gran Bretaña por ganar del apoyo a Estados Unidos.
Aunque Blair estima que es mejor tener acceso discreto y directo al presidente de Estados Unidos en vez de vocear sus opiniones a través del Atlántico, de lo que se trata es de una riesgosa ruleta política.
Durante la Guerra Fría, el Reino Unido fue un vehículo clave entre Estados Unidos y Europa, y Washington valoró el papel mediador británico entre los dos continentes.
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Si Tony Blair no es finalmente capaz de tender puentes entre los dos lados del Atlántico su influencia tanto en Washington como en Europa puede comenzar a desvanecerse
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Hoy, sin embargo, todo aparenta que Blair no ha podido reconciliar las diferencias entre Estados Unidos y Europa en temas como el sistema de defensa antimisiles, Irak, Kioto, Medio Oriente y las relaciones comerciales.
Si Tony Blair no es finalmente capaz de tender puentes entre los dos lados del Atlántico su influencia tanto en Washington como en Europa puede comenzar a desvanecerse.