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Julio de la Guardia
Jerusalén Oriental
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La vida cotidiana de muchos palestinos se ha visto revolucionada.
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Para la mayoría de los ciudadanos israelíes se trata de una verja de seguridad, que ha de impedir la infiltración de terroristas suicidas en su territorio, así como de cientos de trabajadores ilegales en un momento de grave crisis económica.
La mayoría de los palestinos piensan en cambio que se trata de un muro que fragmenta sus comunidades y tiene dos funciones principales para Israel: consolidar un sistema discriminatorio y anexionarse unilateralmente la mayor parte posible de la Cisjordania.
La organización de derechos humanos Betselem ha intentado superar la divergencia terminológica -verja de seguridad para los unos, muro del apartheid para los otros- mediante la utilización del término "barrera de separación".
Impacto en Jerusalén
En el último de sus informes, los investigadores de Betselem se han dedicado a analizar como los 20 kilómetros de barrera que han sido ya construidos en Jerusalén (de un total de 150 ya terminados) afectan a la vida cotidiana de los palestinos.
De estos 20, la mitad conecta por el norte el campo de refugiados de Qalandia, adyacente al aeropuerto y al polígono industrial de Atarot, con la base militar de Ofer, que con el transcurso de la Intifada se ha convertido en uno de los principales centros de detención.
Algunos palestinos saltan el muro para ahorrarse tiempo.
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Y aunque los residentes del barrio de Kufer Aqab son portadores del carnet azul (que les identifica como ciudadanos de Jerusalén) van a quedar en el lado este de la barrera, lo que les dificultará en gran medida su acceso a la ciudad, donde trabajan, reciben sus prestaciones médicas y social, y tienen todos los servicios públicos.
La otra mitad, construida en la parte sur, uniendo el asentamiento de Gilo con las estribaciones de Beit Sahur, experimenta paradójicamente el efecto opuesto.
¿A dónde pertenecen?
El caso de la aldea de Nu' aman es tan sui generis que ha sido objeto de otro informe específico por parte de Betselem, cuyo investigador Ezequiel Lein intenta -mediante visitas al terreno- que se comprenda la especificidad del problema.
"Al colocar a Nu´aman dentro de la barrera que va a rodear todo Jerusalén, sus habitantes que tienen el carné de Cisjordania se encuentran residiendo ilegalmente en Jerusalén, por lo que están siendo progresivamente expulsados por las autoridades", explica Ezequiel.
"Les han cortado el acceso a todos los servicios -educativos, sanitarios, sociales- de que disponían, para así expulsarlos de la forma más diplomática posible", añade.
"Pero ellos han reaccionado llevando el caso ante el Tribunal Supremo, al que han solicitado que, o bien la barrera les deja fuera de Jerusalén y mantienen su carnet de Cisjordania, o bien les incluye pero les otorgan el carné azul", concluye Ezequiel, quien no oculta su escepticismo respecto de la próxima decisión del Supremo.
Detenciones e intimidaciones
Yusef Dirawi, 43, es uno de los principales dirigentes locales de Nu' aman. Al igual que la mayoría de los hombres del pueblo, Dirawi asegura que una noche se presentaron en su casa agentes de la Policía de Fronteras israelí y se lo llevaron al control militar de entrada a Belén para interrogarlo.
"Tras obligarnos a permanecer a la intemperie durante horas, con el frío que hacía, y hacernos todo tipo de preguntas, nos presionaron para que firmáramos un papel comprometiéndonos a que no retornaríamos a nuestras casas, pero nos negamos", asegura públicamente Dirawi.
"Pretenden que nos vayamos, que abandonemos el pueblo para así poder expandir el asentamiento de Har Homá (situado a escasos kilómetros, estratégicamente interpuesto entre Jerusalén y Belén), pero no lo van a conseguir", señala el activo vecino.
Para los israelíes, se trata de una forma de protegerse de los atentados suicidas.
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Sin embargo, los precedentes de expulsiones forzosas de poblados beduinos -por ejemplo la del clan de los Yahalin que se hizo para construir la colonia de Ma' ale Adumim, muestran cómo -si la decisión del Supremo es adversa- no tendrán más remedio que irse.
El caso de Abu Dis
Situado al este de Jerusalén, dirección al mar muerto, el barrio de Abu Dis había sido elegido antes de que estallara la Intifada para convertirse en la sede del Parlamento palestino, una vez que se unificaran las sedes de Ramala y Gaza.
Antes uno de los más vivos barrios árabes de la ciudad, sede del campus de la Universidad de Al-Quds, ahora es quizás uno de los más deprimidos, después de haber quedado cortado en dos por otra barrera, formada por bloques de hormigón y alambre de espino.
Si antes un universitario del vecino barrio de Siluán tardaba diez minutos en llegar a clase, ahora puede llegar a tardar una hora si quiere ir en un vehículo a motor. Pues en Abu Dis los automóviles ya no pueden cruzar ningún control militar, dado que éstos han sido sustituidos por el muro.
Por este motivo hay estudiantes como Mahmud al-Yabari, 19, que optan por saltarlo por encima, aún a riesgo de ser arrestados si los ven hacerlo.
"Prefiero esconderme y esperar unos minutos hasta que pase el jeep de la Policía de Fronteras, antes de pasarme una hora en el taxi dando la vuelta", dice, y salta rápidamente junto a un compañero antes de que pase la siguiente patrulla.