En Afganistán, al menos siete soldados pertenecientes a las tropas del gobierno murieron al ser emboscados por supuestos rebeldes talibanes.
Los militares viajaban a bordo de una camioneta pick-up cuando fueron emboscados en Sangeen, en la provincia de Helmand, a 80 kilómetros al noroeste de la ciudad de Kandahar, en el sur del país.
El control en las carreteras ha ido en aumento.
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El ataque ocurrió una semana después de que dos trabajadores, también afganos, de una organización de ayuda humanitaria fueron asesinados en la misma zona.
Esas dos personas murieron cuando el auto, perteneciente a la Asociación de Voluntarios para la Rehabilitación de Afganistán, fue atacado por personas tambié sospechosas de pertenecer al Talibán.
Según los corresponsales, los asaltos contra dependencias gubernamentales y/o soldados estadounidenses han ido en aumento en los últimos meses.
Se sospecha que quienes están detrás de esta escalada de violencia son miembros del Talibán y la organización al-Qaeda.