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Para algunos una cerca y para otros un muro.
Más allá de las definiciones, lo cierto es que la construcción de la barrera de seguridad en Cisjordania se ha convertido en uno de los temas más polémicos en el marco del conflicto en Medio Oriente.
Pese a la presión internacional para que el proyecto no siga adelante, el gobierno israelí continúa trabajando en la valla, argumentando que es necesaria para evitar atentados suicidas.
BBC Mundo le presenta una serie de testimonios tanto del lado palestino como del israelí, para conocer qué es lo que piensan los más afectados por la pared.
Seleccione los testimonios de su interés:
Maa'rouf Zahran
Alcalde de la ciudad autónoma de Qalquilia
Maa'rouf Zahran.
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La construcción de este muro tiene una dimensión principalmente política, no está vinculado a la seguridad. Pues si así fuera lo construirían a lo largo de la Línea Verde (demarcación fronteriza entre Israel y Cisjordania antes de la Guerra de 1967), que no penetraría hasta 6 kilómetros -en ciertas partes- dentro de nuestro territorio.
Lo que pretenden es anexar unilateralmente este territorio, utilizando la seguridad como pretexto.
Asimismo, quieren incluir los asentamientos judíos de la zona, en la que viven casi el 25% de los colonos de Cisjordania que son alrededor de 54.000. Con todo esto, lo que quieren es hacer posible la contigüidad territorial y la soberanía del futuro Estado de Palestina.
Todos nos vemos afectados. El desempleo ha subido hasta casi el 70%. El 80% recibe en estos momentos paquetes de comida de las instituciones internacionales: la UNRWA, el Comité Internacional de la Cruz Roja, o las organizaciones de caridad islámicas. Esta situación insostenible ha provocado que 3.000 familias se fueran, bien a otras ciudades o a los pueblos de alrededor.
Por cierto, el estar rodeados por los cuatro costados (salvo una puerta de 8 metros de ancho para que entremos y salgamos) hace que las distancias entre la ciudad y los pueblos se haya multiplicado.
Por ejemplo, antes se tardaban 5 minutos en ir de Qalquilia a Habla (pequeña localidad rural situada al suroeste). Ahora es más de media hora de rodeo para llegar hasta el control militar de entrada, donde siempre estamos sujetos a la arbitrariedad del soldado de turno para que nos deje o no pasar. Esto no puede seguir así. ¡Necesitamos tener acceso a los pueblos!
El muro sólo ha venido a exacerbar nuestra crisis económica, que ya había comenzado mucho antes. Desde el inicio de la Intifada hemos tenido pérdidas directas -debido a las operaciones militares y a la destrucción de infraestructuras- de 20 millones de dólares.
Y las pérdidas indirectas -es decir, la destrucción de campos de cultivo y el cierre de fábricas, de comercios y tiendas- podrían alcanzar los 300 millones de dólares. Además, hay otra fuente de pérdidas muy importante, que es la confiscación de nuestros pozos de agua subterránea, ya que la mayoría han quedado en las zonas que nos han quitado.
Nidal Sheikh Ahmed
Administrativo del ayuntamiento de Qalquilia
Nidal Sheikh Ahmed.
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Antes de la Intifada aquí, donde se encuentra este muro de apartheid, como nosotros le llamamos, no había ningún control militar.
Podíamos ir libremente a Kafar Sava o a Tel Aviv. Y los israelíes también podían venir aquí a comprar o a comer, aprovechando que nuestros precios son más bajos. Pero toda esa interacción humana y comercial se ha perdido.
Ahora, para ir a Kafar Sava, que está a 3 kilómetros de aquí, no puedo salir por la puerta que está aquí al lado. Tengo que salir por el control de entrada, que está en dirección opuesta, bajar hacia el sur por carreteras rurales y acceder por una especie de paso fronterizo que están creando, donde sólo pasaré con un permiso especial de la administración civil. Total, que necesitaré dos horas como mínimo para hacer un trayecto que antes hacía en diez minutos.
Los colonos tienen accesos directos que les permiten entrar y salir con rapidez. Y esto es así a nuestra costa. Ahí está el asentamiento de Alfei Menashe, que es uno de los más grandes de Cisjordania.
Para que los colonos tengan acceso, el Ejército ha encerrado a tres pueblos palestinos -Ras Tira, Da'aba y Wadi Rasha- con un sistema de doble verja. Así, nosotros quedamos atrapados en cárceles construidas en nuestro propio territorio, ¡mientras que ellos circulan libremente por el mismo!
Yamal Hasukah
Alcalde del pueblo de Zeita, situado en el distrito de Tulkarem
Yamal Hasukah.
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Aquí somos 3.000 personas y la mayoría se dedica a la agricultura, sobre todo a trabajar dentro de los invernaderos. Dado que nosotros estamos rodeados por dos verjas, no sólo por una, la confiscación de nuestros terrenos se ha multiplicado.
Muchos invernaderos han tenido que ser desmontados, pero luego no nos dan terrenos adicionales para volverlos a levantar. Simplemente nos los quitan. Además, nos quitan nuestras fuentes de agua, con lo cual la economía y la vida del pueblo han quedado completamente paralizadas.
Nosotros hemos aprendido la lección del '48 y la del '67. Es decir, que no nos vamos a ir a ningún lado, a pesar de este traslado voluntario que los israelíes están fomentando con la construcción del muro. Aunque tengamos que seguir viviendo de la caridad internacional, pero no vamos a abandonar nuestras casas.
Yo he solicitado ayuda a la Autoridad Nacional Palestina. Espero que atiendan nuestras peticiones y podamos crear algún tipo de fábrica que pueda dar trabajo a la gente del pueblo.
Otra cuestión que resulta vital para nosotros es que la gente reciba permisos para ir a trabajar a Israel, y que el acceso sea rápido, que no se tarden horas y horas, como ocurre en estos momentos.
Entretanto, como sé que la gente se ha quedado sin dinero les doy más margen de tiempo para que paguen sus recibos de la luz. Pero en algún momento tendré que exigirles, ¡pues yo a su vez tengo que pagar a la empresa israelí que nos la suministra!
Shekrala Akrad Abu Ibrahim
Agricultor de 85 años del pueblo de Zeita
Shekrala Akrad Abu Ibrahim.
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Antes con el carro y el caballo tardaba diez minutos en llegar a Zeita. Ahora tardo más de una hora, utilizando una carretera de tierra llena de baches, que más que una ruta es un camino de cabras. El acceso que tenía antes ha quedado bloqueado. Debido a esto he mandado a mi mujer y a mis cinco hijos a casa de unos familiares a Zeita, y me vienen a ver de vez en cuando. Pero yo no me voy a mover. He nacido en esta tierra y aquí moriré.
¡Me parece bastante con lo que han hecho! Quitarme la tierra de una forma que no hicieron ni los británicos ni los jordanos, que también ocuparon nuestras tierras. Aunque a mí me han quitado sólo una parte de la tierra, también me han roto las tuberías de agua para regar y los cables de conexión a la red eléctrica. Y ahora me dicen que no los puedo pasar ni por arriba ni por abajo. Entonces, ¡quién me paga a mí un generador eléctrico!
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