La calle Karrada de Bagdad presenta una acumulación de neveras, electrodomésticos, antenas parabólicas y aparatos de aire acondicionado que puede sorprender al visitante desprevenido y darle una idea equivocada sobre la evolución económica en la capital.
Los niños son los que ponen la sonrisa a la cruda realidad cotidiana en Irak
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Hombres armados con calculadoras pasean entre montañas de cajas de cartón que parecen que se van a derrumbar sobre los coches modernos y sin matricula que paran en doble fila.
Hay un trasvase continuo de grandes cajas como si, de repente, todo el mundo viviera en una nube de efervescencia capitalista.
Pero la cruda realidad suele imponerse a la fiebre consumista.
Sólo un pequeño sector de la población tiene la capacidad adquisitiva para gastarse 600 dólares en un teléfono satélite.
El resto, que recibe salarios entre 50 y 100 dólares al mes, se conforma con utilizar a los jóvenes situados en todas las esquinas con un teléfono en la mano, a modo de cabina móvil, para hacer sus llamadas internacionales.
Problemas cotidianos
En cualquier esquina los bagdadíes hablan mucho de los problemas diarios y menos de los sucesos políticos.
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Los problemas son muchos, pero preferimos vivir sin electricidad que con Saddam
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Hay dos grandes quejas en la que todos sin excepción, incluidos políticos o imanes, están de acuerdo: "Los servicios de electricidad y agua y la situación de seguridad siguen siendo muy deficientes casi cinco meses después de la caída de Saddam Hussein".
En la mayoría de los barrios hay cortes intermitentes de luz cada tres horas y la calidad del agua deja mucho que desear, según la mayoría de los testimonios.
Otro problema grave es el encarecimiento de la bombona de gas de 10 centavos de dólares antes de la guerra a dos dólares en la actualidad.
Por la gasolina hay que pagar tres veces (12 centavos de dólar) más en el mercado negro que en el oficial para evitar las largas colas en las gasolineras.
Ahora todo está más caro, pero a algunas mujeres no les importa pagar un poco más a cambio de la libertad.
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En los mercados populares de los barrios chiítas racimos de mujeres rodean los puestos de verduras.
"Gasto cada día un dólar en la cesta de la compra, sin incluir la carne que compro dos días a la semana. Ahora es mejor que antes", explica Sawsen Asma.
Hana Mohamed es clara: "Los problemas son muchos, pero preferimos vivir sin electricidad que con Saddam".
Inseguridad
"Hasta la cuatro de la tarde podemos salir a la calle. Hay atracos con armas, tirones en la calle, secuestros de mujeres y niños para pedir rescates", dice Basima Hachim que considera que la actual situación de inseguridad perjudica más a la mujer que al hombre.
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Antes había seguridad pero todo el mundo estaba sometido a una gran presión psicológica. Ahora hay libertad pero no tiene significado sin seguridad
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"Vendo un 25% más de candados que antes", dice Mohamed Al-Garawi, un comerciante del bazar de Shorya.
"Entonces, ¿la inseguridad les beneficia?". La pregunta la responde con una declaración de principios: "La estabilidad es más importante que el negocio".
En Karrada, los hermanos Mohamed y Ayad Al Wahid regentan una tienda de electrodomésticos.
"Los precios han bajado porque no hay ni impuestos ni sobornos pero las ventas no son tan espectaculares", explica el primero.
Los comercios están vigilados por decenas de hombres. "Estamos armados con fusiles automáticos y pistolas y dispuestos a defender lo que es nuestro", continua Mohamed.
¿Prefieren los nuevos o los viejos tiempos? Ayad da una soberbia contestación: "No se puede comparar ambas etapas. Antes había seguridad pero todo el mundo estaba sometido a una gran presión psicológica. Ahora hay libertad pero no tiene significado sin seguridad".